sábado, 19 de mayo de 2018

Por el amor a Shirley Jackson y a Richard Matheson (primera parte).


1- Inspiraciones.

      En su famoso ensayo sobre el impacto mediático de las historias de terror dentro de la cultura popular, conocido como Danza Macabra, Stephen King dedica varias páginas al análisis y a sus comentarios personales a la novela La maldición de Hill House de Shirley Jackson.  Esta ficción vendría a ser para el autor, si no la mejor obra sobre “casas encantadas”, sin dudas una de las más logradas.  Es así que en repetidas ocasiones el llamado Rey del Terror, ha manifestado su admiración por este libro, como también por su realizadora; luego, queda claro que su novela clásica El Resplandor, viene a ser su homenaje (hasta cierto punto) de la obra cumbre de la escritora.
     De igual manera nos encontramos con su amor por un autor de terror aún mucho más popular y prolífico que el caso anterior, Richard Matheson.  Se trata de otro maestro para King, a quien también le dedicó un apartado dentro de los libros que analizó en su citado ensayo (en este caso, El Hombre Menguante).  Debe saberse que entre la vasta creación de Matheson, se encuentra una novela bastante ligada a La maldición de Hill House: Casa Infernal
      En los citados libros de la escritora y de su colega, se encuentra presente un tema bastante caro al género: Las casas encantadas, o sea, construcciones que bien tienen fantasmas o que poseen algún otro tipo de carga negativa (la que a veces tiene relación con actos violentos cometidos en ella en tiempos pasados, tales como asesinatos y ritos satánicos), que las han convertido en un lugar donde el mal ya es algo sobrenatural y toma forma corpórea contaminando a quienes pisan su terreno.

2- El tributo televisivo de Stephen King a la Jackson y a Matheson.

      A comienzos del 2002 se estrenó la miniserie titulada como Rose Red, una producción televisiva bastante elogiada y multipremiada, de más de 4 horas de duración, que dividida en 3 episodios viene a ser otro homenaje del llamado Rey del Terror a las novelas mencionadas y a sus autores…De hecho, esta última obra escrita originalmente por King para la pantalla chica (puesto que no se trata de adaptación alguna de algún texto previo suyo), guarda unos cuantos detalles mayores en común con la novela de Matheson;  pero esto será explicado en profundidad, cuando se analice la miniserie en sí, en una segunda parte de este post.
     Tal como las edificaciones literarias mencionadas, Rose Red es un inmenso edificio que alberga dentro de sus paredes un inmenso poder sobrenatural y nocivo.  En su interior viven los Rimbauer, una rica familia que junto su gran número de empleados y a quienes entran en sus dominios, se ven sometidos a los horrores de este lugar.  La trama principal de esta historia sucede en el presente en el cual fue emitida por primera vez Rose Red, o sea en los primeros años de este siglo. Sin embargo, nos es posible conocer los antecedentes previos a todo esto, por medio de la publicación de El Diario de Ellen Rimbauer, una novela escrita a manera del diario de vida de uno de los personajes secundarios y que es posible disfrutar sin antes haber visto la miniserie que la inspiró.

3- El libro.

3.1- Orígenes.

Ridley Pearson.
     Publicada en 2001, meses antes del estreno de Rose Red, el libro titulado como El diario de Ellen Rimbauer: Mi vida en Rose Red corresponde, sin dudas, a un enganche literario y comercial para acaparar la atención de público ante la miniserie que lo inspiró.  Tal tipo de productos artísticos hechos a “pedido” es habitual en países como Estados Unidos, en los que la oferta y la demanda por manifestaciones populares como esta abundan…No obstante no hay que mirar en menos por ello dicho trabajo, que bien posee sus propias virtudes que le dan cierta independencia respecto a la producción televisiva mencionada, ya que posee varios elementos valiosos que hacen de su lectura algo satisfactorio para muchos; asimismo, no deja de merecer un análisis de estos aspectos, que convierten este título en un texto recomendable, ya sea para quienes vieron Rose Red, como para aquellos que aún no lo han hecho y deseen enganchar con una buena historia de terror, que tal vez luego los lleve a contemplar la miniserie.
     Durante un buen tiempo se tenía la idea de que era nada menos que el mismísimo Stephen King quien había escrito la novela, hasta que luego se declaró de manera pública que el responsable de ella era el “casi desconocido” Ridley Pearson, un novelista de relatos policiales e infantiles, miembro de los Rock Bottom Remainders, la banda de música compuesta por escritores y otros artistas mediáticos en la que participaba Stephen King; de este modo al ser amigos, el creador de Salem´s Lot y Joyland no cejó en invitarlo a realizar esta labor (que como ya lo ha hecho en otras ocasiones, ha impulsado más de una vez la carrera de sus colegas).

3.2- De qué trata.

     Escrita a manera de diario de vida, fue publicada usando nada menos que el nombre de uno de los personajes ficticios principales de Rose Red (la doctora en Psicología infantil y especialista en fenómenos paranormales Joyce Reardon).  Es así que en una primera instancia podría engañar al lector incauto, al hacerlo creer de que en realidad se trata de un documento histórico, que trata acerca de fenómenos tales como las casas encantadas y los fantasmas (más encima todo del puño y letra de una mujer a la que le toca vivir en carne propia estas terribles experiencias).  De hecho, el libro posee una carta introductoria de la Reardon, la supuesta editora del diario de la infortunada Ellen Rimbauer, que incluyen unas cuantas notas suyas y además un epílogo de Steven Rimbauer, otro personaje de Rose Red y quien sería el último descendiente vivo de los fundadores de la inmensa mansión en la que transcurre el argumento. Sin embargo, el tomo está tan bien escrito, todo resulta tan increíble y aun así dramático, que lo hace más que verosímil, que luego al entrar en conocimiento de la miniserie con la que está relacionado, el cuadro de la saga maldita de los Rimbauer se completa.
    Ambientada entre 1907 y 1928, que corresponde al periodo en el que la autora del supuesto diario de vida y protagonista de la historia, llevó el registro de sus vivencias e impresiones, trata en pocas palabras acerca del origen de Rose Red (que como muchas casas antiguas se le da un nombre a esta…Uno más encima femenino, hasta cierto punto, bastante significativo con lo que a posterioridad llega a ser esta construcción) y lo que le pasa a la gente ligada a tal lugar.  Su esposo, John Rimbauer, sus dos hijos, su mejor amiga (y luego amante) Sukeena, sus empleados y amistades pasan por una serie de experiencias traumáticas debido a la verdadera naturaleza de esta construcción, la que nunca para de crecer tal cual un monstruo (hermoso, pero mortal), que en la práctica viene a ser una entidad viva e inteligente a su manera, deteriorando la vida de todos estos.


     A través del diario llegamos a conocer a la entonces joven, inocente y aún virginal dama de 19 años que era Ellen, quien conoce al exitoso, guapo y enigmático John Rimbauer, de quien cae prendida de inmediato.  Ambos se casan pronto, creyendo la nueva esposa de que todo será un cuento de hadas, pues no sabe que en realidad su vida ahora se transformará en una verdadera pesadilla (y no solo por su sometimiento a Rose Red misma, sino que también por el mismo mal que anida en el corazón de su marido, un hombre egoísta, manipulador e infiel que la hace sufrir tanto o más como aquello que ambos llaman su hogar).
     El origen de las cualidades siniestras de Rose Red queda hasta cierto punto en el terreno de la incertidumbre, que en un principio se presentan varias tesis de por qué la casa está “encantada”, aunque luego a medida que se va transcurriendo todo, queda la idea de que la edificación no tiene par alguno (o de que su identidad supera cualquier noción de maldición, hechicería o magia típicas).  En un principio la protagonista ve a esta entidad como a una aliada vengadora, de todas las penurias que le toca pasar debido a la indolencia de John; no obstante, termina por darse cuenta de que es otra víctima de este ser con características femeninas, que la ha usado a ella y a los demás para perpetuar su extraña existencia.  
      El diario comienza desde antes de que se ponga la primera piedra de lo que va a ser Rose Red, que viene a ser sin dudas el proyecto del futuro promisorio de este matrimonio.  Sin embargo, sus dimensiones ciclópeas, laberínticas y el mismo mal sobrenatural que es esta criatura, puede ser vista como una proyección de los apetitos desmedidos de John Rimbauer, que tal como la casa fagocitan a quienes tiene a su lado, en su afán de querer más y controlarlo todo y a todos.  De este modo, por medio de esta ficción de horror podemos encontrarnos con una interesante reflexión sobre el poder nocivo del maldad humana, que con el fruto de sus empresas (como lo vendría siendo Rose Red, hecha para satisfacer los deseos de sus dueños), trae la condenación de sus artífices.


3.3- Algunas impresiones personales.

      Al ser una narración de “época”, nos es posible apreciar varios detalles acerca de un curioso mundo no tan lejano en el tiempo, pero que aun así tienen varios aspectos llamativos para nosotros.  Entre estos destaca el de la figura de la mujer, que tal como está perfilado el personaje de Ellen a través de sus páginas, puede verse como una feminista hasta cierto punto; pues pese a que cumple como muchas de su tiempo y sociedad, con un rol preestablecido para su género (el de esposa sumisa y madre devota dependiente de su esposo), posee un grado de voluntad propia y que le permite escapar de la obnubilación en la que antes cayó por John.  Es dentro de todo esto que nos encontramos con el tema de la relación lésbica entre Ellen y Sukeena, la que solo nace tras años de compartir juntas una vida de tantas desgracias; se trata además de un amor liberador entre las dos, el que contrasta con el de la homosexualidad de uno de los personajes masculinos secundarios, que en un mundo de apariencias y de rígidos comportamientos sociales como el detallado en esta obra, viene a ser más que problemático. 
     La sexualidad de los personajes en sí es un aspecto bastante atractivo, por cuanto permite reconocer los patrones morales a los que estaban sometidos públicamente los individuos antiguamente.  Como ya se ha hablado de la atracción homoerótica entre los personajes, en el caso de la protagonista y su empleada africana, resulta valioso como la Rimbauer primero ve su interés sexual como algo pecaminoso, propio de una mentalidad cristiana estrecha; con posterioridad, a medida que va cambiando con todo lo que le pasa, de manera espontánea en sus escritos nos encontramos con una mujer que ha aceptado esta faceta suya,  ya con cierta plenitud.  En cambio, por el lado de John vemos la sexualidad como algo meramente carnal, salvaje y en el que no hay verdadera compenetración con la otra persona (solo preocupación por la satisfacción personal).  Junto a los intereses eróticos de este, también nos enteramos de una espantosa violación, lo que se opone al amor que hay entre Ellen y Sukeena.  Como si en verdad fuese una obra feminista, los hombres no quedan muy bien frente a un ojo crítico, mientras que las mujeres son las únicas (en su mayoría) que son presentadas como personajes más o menos íntegros. 
     La figura de Sukeena, una mujer “de color”, permite introducir el tema del racismo, que aún en una época en la que ya se había abolido la esclavitud en Estados Unidos, todavía provoca actitudes xenófobas entre la mayoría blanca. La presencia de los chinos en el texto, de igual manera sirve para reconocer este conflicto, más al transcurrir varios episodios del diario en pleno Barrio Chino.
     Como muestrario del periodo histórico en la que transcurre esta obra, a la hora de señalar las costumbres de su gente, hayamos también el interés por el espiritismo.  De este modo, en sus páginas varios son los momentos dedicados a ello, destacando una muy significativa sesión con una médium (desarrollada a partir de lo visto en Rose Red) y la presencia de un personaje secundario femenino de procedencia oriental, bastante llamativo para el lector.  El papel de esta disciplina del ocultismo ayuda, sin dudas, a crear el ambiente adecuado para que la novela posee su atmósfera de misterio y horror, apoyando lo que la misma casa maldita provoca con sus atrocidades.
     Entre medio de este horror, ya sea del proveniente de la misma violencia del ser humano, como del salido de la mansión en la que (mal) viven los personajes, también hay momentos de sublimidad, en los que el amor incondicional de una madre (Ellen Rimbauer) por sus hijos resalta; de igual manera la narración en primera persona, de las cuitas que van degradando a Ellen mientras pasan los años en Rose Red, hacen que la lectura de este “falso diario de vida” no solo sea un ejercicio para pasar un buen rato inmerso en él, sino que también sea un grato descubrimiento, como un título que merece ser comentado y recomendado.

Feliz como una lombriz tras haber conseguido este preciado libro
de manera fortuita, tan solo el mes pasado.

lunes, 14 de mayo de 2018

¡Y sigámosle dando no más con Robert Howard! (segunda parte)


5- El pueblo de la oscuridad.

     Primero de los dos cuentos relacionados con el concepto de la memoria racial  y/o reencarnación contenidos en este libro, en los que el protagonista recuerda una existencia previa, en un pasado remoto de connotaciones propias de la fantasía de Brujería y Espadas.
     En este caso quien por “accidente” o tal vez por una razón de peso (lo más probable corresponda a esta última posibilidad) logra conectarse con su yo anterior, es un hombre celópata que está a punto de matar a traición al tipo que, según él, le ha quitado a la mujer que ama (o más bien desea).  El aspirante a asesino sigue a la pareja hasta una cueva aislada, para llevar a cabo sus propósitos y una vez dentro de ella, se activan sus recuerdos que corresponden a la parte central del cuento.  
     El protagonista fue en su vida pasada un guerrero que también se encontraba sometido a su pasión por una mujer, la que era cortejada por otro hombre, a quien este consideraba su enemigo y que era de igual manera el objeto de las atenciones de la fémina en cuestión.  El paralelismo entre una época y otra, presenta además de una persecución de los enamorados por parte del despechado (tanto el hombre “primitivo”, como el supuestamente civilizado, se dejan llevar por sus impulsos más egoístas), la introducción de una raza involucionada de humanoides caníbales y de siniestros ritos, que ven al trío como a su presa (interesante cómo el perseguidor en ambas líneas temporales, se transforma para las criaturas en una víctima potencial de sus apetitos mortales).  
     Si antes había discordia entre los dos varones, ahora al entrar en juego el verdadero enemigo, recién es posible que los antiguos contrincantes sea capaces de reconocer en la otredad de su contendiente a un igual, al que más encima puedan llegar a respetar.
    El enfrentamiento con las criaturas es intenso, encontrando el lector además otra pieza de sublimidad por parte de Robert Howard, cuando se describen los intentos de salvarse por parte de los enamorados y cómo el antiguo acosador ve, ahora con otros ojos, a quienes antes solo quería hacerles el mal.
     Detrás del drama presente en el triángulo amoroso que aquí presenciamos en dos líneas temporales, es posible identificar el tema acerca de lo que en realidad significa amar ¿Es el deseo o la pasión por una persona, lo mismo que la entrega incondicional hacia ella? De esta manera, además, podemos hayar las nociones del perdón y la redención, en las que un sujeto que tan detestable nos pudo parecer al principio, ahora es capaz de demostrarnos de que la gente puede cambiar para bien; asimismo, que el amor puede transformarnos (¿Cierto que este es un Howard bastante romántico, para el que conocemos hasta el momento?). 
    Por cierto, interesante viene a ser también que el personaje principal en su vida pasada, sea conocido como Conan el Saqueador.  Lo anterior bien puede significar que esta historia, fue escrita antes de la creación del personaje más famoso de su autor; de modo, que este otro Conan corresponde a un “borrador” del cimerio, ya que comparte con este no solo el nombre, sino que ciertos rasgos de su personalidad, tales como su talante agresivo.

     “El Pequeño Pueblo... me pregunte si esos antropólogos estaban en lo correcto en su teoría sobre una achaparrada raza aborigen mongoloide, tan baja en la escala de la evolución como para ser a duras penas humana, poseyendo con todo una diferenciada, aunque repulsiva, cultura propia. Se habían desvanecido ante las razas invasoras, decía la teoría, formando la base de todas las leyendas arias de los trolls, elfos, enanos y brujas. Viviendo en cuevas desde el principio, tales aborígenes se habían retirado más y más hacia el interior de las cavernas de las colinas, ante los conquistadores, desvaneciéndose al fin por entero, aunque el folklore fantasea aún sobre sus descendientes, morando todavía en los abismos perdidos bajo las colinas, aborrecibles supervivientes de una era gastada.”

6- El hombre del suelo.


     Otro cuento con nombre ominoso de este escritor, el que más encima viene a ser una historia de terror sobrenatural, aunque con una fuerte carga psicológica y moral. 
    En esta ocasión estamos frente a un relato con características del western, género en el cual Howard también fue un destacado cultor, puesto que la trama gira en torno a uno de esos tantos pistoleros propios de estas obras, quien al tener asuntos pendientes con uno de sus paisanos, llega al típico duelo de pistolas tan caro a estas ficciones.  La narración previa al enfrentamiento y a este mismo acto, demuestra sin dudas la facilidad por parte del escritor para contarnos de la manera más dinámica y creíble, escenas de acción, que tanto al ser de vaqueros, como de guerreros salvajes, le salen igualmente de magníficas.
      Esta vez nos encontramos con un protagonista por absoluto detestable, pues no solo se trata de alguien que se complace en la violencia y que está lleno de odio.  Ahora bien, la incapacidad del protagonista para evolucionar, se puede deber tanto a la pequeña extensión de esta pieza (unas 10 páginas en su versión traducida a nuestra lengua), como al mensaje que nos quiere dejar este título y que recuerda a la sentencia cristiana de “Quien a hierro mata, a hierro muere”; puesto que, sin dudas, estamos frente a un texto sobre la condenación que uno mismo se trae y como consecuencia de sus actos más negativos.

      “Cal Reynolds trasladó la mascada de tabaco al otro lado de la boca mientras miraba bizqueando el cañón azul mate de su Winchester.  Sus mandíbulas trabajaban metódicamente, sus movimientos cesaron al encontrar la mirilla. Se quedó rígidamente inmóvil; entonces su dedo se cerró sobre el gatillo.  El estampido del disparo envió ecos reverberando por las colinas y, como un eco más fuerte, llegó otro disparo en respuesta.  Reynolds se encogió, aplastando su cuerpo alto y delgado contra el suelo, y jurando en voz baja.  Una escama gris saltó de una de las piedras cerca de su cabeza, y la bala rebotada silbó hasta perderse en el espacio.  Reynolds se estremeció involuntariamente.  El sonido era tan mortífero como el canto de una cascabel escondida.”

7- El valle del gusano.


     El cuento que le da el nombre al tomo (y al de la vieja edición de Martínez Roca que leí en los noventa, gracias a mi amigo Miguel Acevedo, así como a otras compilaciones en diferentes idiomas), es una obra de connotaciones épicas, con elementos lovecrafnianos y, sin duda, se encuentra entre lo mejor de Robert Howard.
      Tal como debería suceder con toda narración, de inmediato se nos engancha a esta a través de las palabras de su narrador y protagonista, James Allison, un hombre ya anciano al final de sus días como tal, quien tiene la capacidad de rememorar sus existencias pasadas y que en esta ocasión trae a la memoria toda una odisea en la que participó, como el principal héroe enfrentado a un mal espantoso y antiquísimo.  La conexión entre mitos (la llamada “mitología comparada”) manejada por el escritor, una vez más deja en evidencia la enorme cultura que poseía el autodidacta Howard, al manejar tanta información, como para luego recrear con sus ficciones temas tan caros a nuestra humanidad.

     “Os hablaré de Niord y el Gusano.  Habéis oído la historia bajo varias formas distintas antes.  En ellas el héroe se llamaba Tyr, o Perseo, o Sygfrido, o Beowulf, o San Jorge. Pero fue Niord quien se encontró con la abominable cosa demoniaca que salió arrastrándose repugnantemente del infierno, y de cuyo encuentro surgió el ciclo de relatos heroicos que ha ido girando por todas las eras hasta que la misma esencia de la verdad se ha perdido y ha pasado al limbo de las leyendas olvidadas.  Sé de lo que hablo, pues yo fui Nyord.” 

     La saga de Nyord se remonta a uno de esos pasados de una era olvidada, en la cual este pertenecía a una raza de características arias, salvaje, pero de la que nos queda clara vendría a ser compuesta por los antepasados de la orgullosa civilización “blanca europea”.  Bárbaros pese a su sofisticación en algunos elementos, tienen como enemigos a los más primitivos pictos (pueblo que una vez más usa Howard dentro de sus ficciones, aunque esta vez los describe más bien simiescos), hasta que la piedad de Nyord o más bien respeto de este por uno de sus guerreros, consigue abrir un tipo de comunicación amistosa entre ambos pueblos.  La vida del protagonista y la de su gente cambia, cuando el verdadero horror llega hasta estos, bajo la figura de la criatura que da nombre al cuento, un ser tan monstruoso y que recuerda demasiado al de las narraciones de los Mitos de Cthulhu, a los que Robert Howard ayudó a dar forma.
     En sí el entorno que rodea al Gusano, con ruinas a su alrededor y la presencia de un lacayo suyo igual de esperpéntico y que además realiza todo un rito para invocar a su señor, hacen de este relato un texto bastante terrorífico.  A ello se suma el elemento gore, que en sus páginas nos encontramos con al menos dos masacres en sus páginas y la misma contienda entre el héroe y la bestia, resulta ser bien cruenta. Asimismo, hacia el final de esta una cuota de emotividad impregna la historia, que aunque a ratos encontremos al protagonista un racista y demasiado violento para nuestro gusto, sus valerosos esfuerzos no son poca cosa.

8- Los muertos recuerdan.

    ¡Qué nombre más genial se le ocurrió a Robert Howard para darle a este cuento de terror y que tan sugerente nos puede llegar a ser!
    Nuevamente estamos acá frente a un excelente ejemplo de un cuento de terror sobrenatural, que pese a su atmósfera macabra, no deje de mantener una lectura moralizante, heredada de las viejas historias orales propias de la mitología y las leyendas, que nutren a estos autores.  De este modo, la moraleja está más que presente hacia el final, que incluye el castigo al malvado personaje principal, a manos de un poder lejos por encima de las capacidades del humano común, puesto que se nos deja claro una vez más que “todo se devuelve en esta vida”.
     Contado de una manera muy singular, considerando la época en la que fue escrito este cuento, a través de cartas y declaraciones a la policía, por parte de los testigos que presenciaron los sucesos de la trama, también posee una ambientación propia del western, que le da a este relato otro interesante carácter.  Es así que volvemos a reconocer el viejo tema de la venganza, que tal como queda manifestado en esta ocasión, está justificado (hasta cierto punto).  Por otro lado, el racismo que a veces encontramos en la literatura howardiana, da acá un interesante vuelco, al no solo abordar la otredad de los “negros” y que gente como Robert Howard tanto abordó en sus trabajos, sino que volviendo a darles una sabiduría superior a la de los blancos, incluyendo un sentido de la justicia que deja a los “blancos” como idiotas (y ello para nada lejos de la verdad).

     “-Has matado a Joel y me has matado a mí, pero por Dios que no vivirás para jactarte.  Te maldigo por la gran serpiente y por el pantano negro y el gallo blanco.  Antes de que vuelva a amanecer este día, estarás marcando las vacas del diablo en el infierno.  Ya verás, vendré a buscarte cuando sea el momento justo.”

9- No me cabéis una tumba.


     Vuelvo a expresar mi admiración por la genialidad de Robert Howard, para darle tan buenos títulos a sus cuentos, que no solo resumen muy bien de qué trata su argumento, si no que más llamativos no pueden ser, invitándonos a saber qué misterios y horrores se esconden en sus páginas.  
    El tema de la magia negra y sus consecuencias para quienes la usan con propósitos egoístas, está otra vez presente en este igualmente recomendable cuento.  Acá nos encontramos con un brujo, de esos detestables y de aspecto espantoso, tan habitual en este tipo de narraciones.  El nigromante para conseguir el poder que anhela ha hecho un pacto con las tinieblas…y ahora que le ha llegado la hora de pagar su deuda, trata de evadir su parte del contrato.  
     Dos hombres “comunes y corrientes” que ubican desde hace tiempo al brujo, son testigos de los siniestros sucesos que envuelven todo esto, puesto que su conocido les ha pedido que realicen un ritual para ayudarlo a salirse con la suya.  Estos otros dos ignoran las circunstancias del favor que les han solicitado, si bien sospechaban acerca de las actividades de su compañero.  De este modo, atractivo viene a ser cómo la gente sencilla presencia actos anormales y sin ser ellos las víctimas esta vez, comprobando que el mal posee diferentes tipos de manifestaciones y las que van incluso más allá de nuestra propia humanidad.

    “- Sé que la gente de la región siempre afirmó que en su juventud había vendido el alma al Diablo, y que sus repentinos ataques epilépticos solo eran un signo visible del poder del Enemigo sobre él; pero esas habladurías son absurdas, por supuesto y propias de la Edad Media.  Todos sabemos que la vida de John Grimlan fue especialmente malvada y depravada, incluso hasta sus últimos días.  Con razón era detestado y temido por todo el mundo, pues nunca oí decir que realizara un solo acto bueno.  Tú eras su único amigo.”

10- Los palomos de infierno.


    Una colección de cuentos como esta que ahora ya estamos acabando por repasar, en la que más encima tenemos el gusto de leer no solo algunos de los mejores relatos de su autor, si no que conocerlo de manera más variada a través de distintos géneros y sagas, debía terminar con «broche de oro».  Y efectivamente ha sido así, que por algo esta historia es tan alabada por gente como Stephen King.
     En pocas palabras, trata sobre dos viajeros que para descansar y pasar la noche, se aventuran dentro de una casa abandonada.  Pero lo que no saben estos dos es que el lugar está maldito, pues en su interior se han llevado a cabo actos innombrables de magia negra, así que mejor hubiesen pasado de largo.
       La muerte le llega a uno de los dos peregrinos de manera espantosa y el que le sobrevive no solo debe presenciar una verdadera escena de horror gráfico que, de seguro, en la época en que se publicó esta obra más de un tipo de resquemor debió provocar (la escalera, la escalera), sino que además debe cargar con ser el sospechoso número 1 (y el único) del fallecimiento de su compañero.
     Es entonces que entra en la narración un tipo de personaje habitual en las historias de terror, aunque hasta el momento no habíamos visto ser usado por Howard: el representante de la ley y el orden bajo la figura de un oficial de policía, agente del FBI, sheriff u otro.  Pues el hombre que aquí toma este papel aparece no solo como una figura benigna y salvadora, sino que destaca por su actitud gallarda; no obstante, lo que más brilla en él, viene a ser su talante admirable que lo aleja de todo prejuicio y le permite ver y evaluar los extraordinarios sucesos con una amplitud (que uno bien quisiese que poseyeran aquellos dedicados a tal labor, que nos encontramos en la vida real).
      Teniendo en cuenta el lugar en el que transcurre buena parte del argumento, podemos identificar la presencia de un tema caro al subgénero: El de las casas encantadas y el que visita Robert Howard creando en verdad un sitio pavoroso, donde justamente los animales que le dan su título al texto, cumplen un rol significativo:

     “—He conocido a hombres que juraron haber visto una bandada de palomos posados en el porche de la casa, a la puesta del sol —dijo Buckner lentamente—. Todos eran negros, excepto uno. Un trampero. Estaba encendiendo una fogata en el patio, dispuesto a pasar allí aquella noche. Le vi al atardecer y me habló de los palomos. A la mañana siguiente volví a la casa. Las cenizas de su fogata estaban allí, y su vaso de estaño, y la sartén en la cual frió su tocino, y sus mantas, extendidas como si hubiera dormido en ellas. Nadie volvió a verle. Eso ocurrió hace doce años. Los negros dicen que ellos pueden ver a los palomos, pero ningún negro se atreve a pasar por este camino después de la puesta del sol. Dicen que los palomos son las almas de los Blassenville, que salen del infierno cuando se pone el sol. Los negros dicen que el resplandor rojizo que se ve hacia el oeste es la claridad del infierno, porque a aquella hora las puertas del infierno están abiertas para dar paso a los Blassenville.”

     Este cuento fue adaptado a la televisión en uno de los primeros programas antológicos, allá por los años sesenta (uno del cual ni sabía de su existencia, hasta que el ya mencionado Stephen King se refirió a ello en su ensayo Danza Macabra).  Sin embargo, teniendo en cuenta el grado de violencia dentro de sus páginas, dudo del efecto total de dicha versión para la pantalla chica.  Sería formidable que algún inteligente productor actual, hiciese una versión actualizada, tal como ahora es posible, de tan magna obra.

domingo, 6 de mayo de 2018

La película ñoña más esperada del año ¿Y del siglo hasta la fecha?


    La gente detrás de Marvel Studios ha sido no solo inteligente a la hora de orquestar su llamado Universo Cinemático Marvel, sino que además ha dado muestras de poseer una paciencia ejemplar a la hora de ir armándolo año a año, con cada una de sus películas.  Este enorme proyecto ha tenido su máximo punto en la orquestación de todo ello, con el estreno de la tercera cinta dedicada a los llamados “Héroes más poderosos del planeta”, más conocidos como Los Vengadores y que en esta ocasión los une por primera vez a los también justicieros Guardianes de la Galaxia.  El resultado no solo viene a ser un filme entretenidísimo y bien hecho en todos los detalles (técnicos, artísticos, de guión, diseño de personajes y de escenarios, actuaciones…), además de ser todo un éxito de crítica, sino que logra convertirse en todo lo que los chicos de DC quisiesen conseguir a la rápida, luego de su decepcionante Liga de la Justicia y que aunque tenía menos personajes que la primera cinta de Los Vengadores, se les disolvió entre las manos, al no ser capaces de organizar mejor su obra (¿ o producto?). Definitivamente, Marvel “la lleva” (en otras palabras “lidera”) y eso lo han conseguido ya desde hace rato.
     Los eventos detrás del filme en cuestión, en el que los superhéroes terrestres y el otro grupo conformado en general por alienígenas, deben unirse para luchar contra la amenaza del titán megalomaniaco Thanos, llevaba desde la primera entrega de Los Vengadores preparándose, para luego pasar por el debut cinematográfico de los mencionados Guardianes de la Galaxia y terminar con Thor: Ragnarok… ¿Se me escapa algún detalle? Es así que el poder maligno al que se enfrentan los protagonistas es tan grande, que como nunca toma ribetes apocalípticos, ya que esta vez no se trata solo de salvar a la Tierra, Asgard o alguna civilización extraterrestre, sino que estamos hablando a escala cósmica, pues es todo el universo y las realidades son lo que está en peligro.
     La trama de esta cinta es la siguiente, sin querer detenerme en detalles de su argumento, de modo que quien no la haya visto, descubra por su cuenta de qué va todo (si bien a las alturas del tiempo en que escribo este post, hasta los que no van al cine a ver pelis como estas ya saben de qué se trata, je).  Thanos sigue obsesionado con conseguir las cinco Gemas del Infinito, las que al tener reunidas en su Guantelete, le permitirán hacer y deshacer a su antojo, convirtiéndolo en la práctica en un verdadero dios (que los asgardianos quedan como “meros” tipos con superpoderes a su lado).  De este modo, la confrontación con este y sus esbirros se da tanto en el espacio exterior, como en la Tierra, puesto que en nuestro propio mundo se encuentran nada menos que dos Gemas del Infinito (¿Recuerdan quiénes las tienen?).
      Los llamados “Hijos de Thanos”, los cuatro extraterrestres que acompañan al conquistador resultan ser bastante llamativos, ya sea en su aspecto, como en sus poderes y personalidad, si bien solo uno de ellos llega a desarrollar en verdad esto último.  Estos son los personajes nuevos de la cinta, que el resto ya son bastante conocidos (y queridos) por el público, aun cuando se echan de menos Ant-Man y Hawk Eye, pero al menos a principios de julio (y justo para mi cumpleaños, je) nos reencontraremos con Scott Lang y Hank Pym en su segunda cinta, ahora acompañados nada menos que por la Avispa.  Igual para el fanático marvelita, las breves, aunque inolvidables intervenciones de dos igualmente famosos personajes de estos largometrajes, son otro detalle para degustar esta bloockbuster (tampoco diré quiénes son para no caer en spoilers, además de que uno de ellos solo puede ser reconocido por los ñoños más acérrimos, pues nunca se dice quién es realmente).

Contento por tener por fin mis entradas para ver esta gran película. 

     Teniendo en cuenta el nivel de amenazo que aquí está presente y de que estas entregas cinematográficas han querido mantener el grado de dramatismo propio de los cómics en los que están basadas, tenía que morir al menos alguien ¿No? Esa es en la práctica una “ley de la vida” (o más bien de las buenas historias ficticias que quieren ser verosímiles).  Mis alumnos que vieron (se supone) el filme antes que yo, me bromeaban queriendo hacerme spoilers y a los que yo (medio en serio, medio en broma) les respondía que al que se atreviera a hacerlo, le pondría de inmediato nota mínima en el Libro de Clases; luego, riéndose, me decían que fallecía…Batman (o Superman). La verdad es que antes de ver esta película, ya había asumido de que en la lista de caídos estaría a la cabeza…, que le encontraba cierta lógica en ello, pero (y estén preparados) casi como si se tratara de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte o de cualquier gran saga anual de DC o Marvel, los que vemos partir son demasiados.  Afortunadamente hay harto humor en medio de toda esta tragedia y cabe recordar que en los cómics del género el único que permanece muerto de verdad es el tío Ben Parker (de Spiderman, claro), que hasta Bucky (el fiel compañero juvenil del Capitán América en la Segunda Guerra Mundial…y que ahora conocemos como Soldado de Invierno), Jason Tood (el segundo Robin de las historias de Batman) y Hal Jordan (el más famoso de los Linterna Verde) han regresado desde el Más Allá para continuar con nuevas aventuras…Por lo tanto, es seguro que el año que viene, en la última parte de esta tetralogía vuelvan con nosotros.
     Por increíble que parezca, aunque en todo caso no olvidemos de que estamos hablando de la Casa de las Ideas, el villano Thanos, que hasta el momento había sido caracterizado como un ser incapaz de todo rastro de amor en su “negro corazón”, esta vez se nos humaniza de tal manera, que el descubrimiento de esta faceta suya da a la audiencia varias sorpresas.  Sin dudas que algo así enriquece bastante el argumento, que no es poca cosa conseguir unir a toda esa rica gama de personajes, al más puro estilo de las grandes sagas comiqueras marvelitas.  Al mostrarnos al “malo de la película”, alejado de un punto de vista maniqueo, es posible reconocer también en él un tema que nos define bastante: La búsqueda de la felicidad, que varía según cada uno de nosotros y que puede llevarnos a comulgar con otros o a separarnos del resto.  En este último caso, tal como pasa con Thanos, esa misma búsqueda se vuelve algo egoísta y que nos lleva a la soledad misma, al no considerar al otro como un igual, dentro de esta misma exploración.
      En la dirección estuvieron una vez más los Hermanos Anthony y Joe Russo, quienes destronaron al mismísimo Josh Whedon luego de hacer este último Los Vengadores: La Era de Ultrón, considerada algo soporífera por algunos y, sin dudas, la menos buena de la saga de Los Vengadores hollywoodense.  Y es que tras sus divertidísimas y elogiadas Capitán América y el Soldado de Invierno y Capitán América: Guerra Civil, parecían ser los adecuados para tomar la antorcha dejada (o quitada a) por Whedon.  Los exitosos resultados han confirmado esto y serán estos mismos quienes nos volverán a deleitar con su maestría tras las cámaras. 
      En el apartado musical también regresó el veterano Alan Silvestri, siendo esta su tercera banda sonora para el UCM, luego de Capitán América: El Primer Vengador y la primera entrega de esta saga de Los Vengadores.  Su trabajo sigue siendo más que aceptable, aunque tampoco llega esta vez a los niveles épicos de otras bandas sonoras de estos filmes, como sucede con las dos primeras cintas de Thor, de Patrick Doyle y Brian Tyler respectivamente.
     Para terminar, una vez más el adorado Stan Lee nos regala uno de sus graciosos cameos…Y, por supuesto, no abandonen la sala una vez comiencen los créditos, que viene una importante escena adicional, que por un lado nos trae de regreso a dos personajes que echábamos de menos desde hace rato y, por otro, abre el camino para la entrada de un clásico personaje marvelita en la pantalla grande.


                                   Tráiler 2 subtitulado en esperanto...y hablado en klingon. 

martes, 1 de mayo de 2018

¿Tendremos “Expedientes-X” para rato? (Ojalá). SEGUNDA PARTE.



6- Kitten (Gatito): Luego de unos cuantos episodios memorables, parece que pedir mucho en cuanto a mantener .una calidad más o menos igual, era mucho…Y es que en esta ocasión estamos frente a lo más débil de la temporada e incluso del llamado regreso de la serie desde el 2016.
     Centrado en Walter Skinner, aborda su desconocido pasado, entregando unos cuantos datos que podrían ser interesantes si se hubiese elaborado mejor el argumento.  Pese a lo poco atractivo de cómo fue armada la historia, el Skinner que aquí llegamos a conocer no deja de estar en concordancia con la personalidad del hombre serio y comprometido. que hace rato ya se ha ganado el corazón de muchos de nosotros.  
     En el guión el antiguo jefe de Dana y Fox desaparece (lo que en todo caso no es la primera vez que sucede en el programa) y les toca a nuestros agentes descubrir qué ha pasado con este, lo que por supuesto significa salvarle la vida (otra vez).  Lo mejor de todo esto, viene a ser que estas circunstancias les permite mejorar las relaciones entre los tres, quienes desde el principio de esta (breve) temporada tenían bastante resentida su amistad.
     Tras lo dicho, queda claro de que con este capítulo estamos frente a una obra de relleno y sin dudas de  lo más olvidable y peorcito de Los Expedientes-X.

7- Rm9sbG93ZXJz: El comienzo de este episodio es bastante original, ya que en muchos aspectos difiere de otras introducciones y que podemos encontrar en sus más de 200 capítulos.  Una voz en off de la cual nunca llegamos a saber su origen, nos cuenta la historia del nacimiento, auge y caída de una inteligencia artificial.  Sin embargo, lo que ocurre luego con esta y su encuentro con Dana y Fox, nos depara más de una sorpresa por la manera en que todo transcurre.
       Lo primero que llama la atención tras la inusual (y llamativa) introducción, vienen a ser varios aspectos de la primera escena en la que aparecen los protagonistas: un restaurante supuestamente automatizado, el que solo funciona por medio de tecnología «touch» y de manera computacional, ya que no hay meseros, ni menos cajeros humanos. El ambiente es pulcro llevado a su máxima expresión, incluso minimalista en su decoración...
     Pasan minutos antes de que los personajes hablen, mientras tanto la comunicación es sólo escrita, gestual y por medio de los recursos tecnológicos, propios del uso actual que hoy le damos a celulares, pantallas inteligentes, etc. (en la credibilidad de todo esto, una vez más brillan los talentos histriónicos de la Anderson y de Duchovny).  Cuando todo comienza a torcerse, los protagonistas se dan cuenta de que se encuentran a merced de las mismas máquinas, de las que dependen en la vida cotidiana.  Persecución y escape son planteados con mucho humor, en lo que podría haber sido algo más aterrador y dramático, hasta su inesperado desenlace.  Ninguno de los dos agentes sabe en realidad que está pasando, pues solo el público (hasta cierto punto) tiene una idea de cómo es posible que se haya gestionado tal locura.
¿A quién pertenece la sombra vista en este afiche
promocional de la onceava temporada?
      A menos que me equivoque, no aparece ninguna otra persona en el capítulo, que en lo que va de Los Expedientes-X, esta es la segunda ocasión en la que aparece una IA y es esta la absoluta coprotagonista (¿o antagonista?) del argumento.
      El raro y complicado título que nombra a este episodio, puede que nada signifique, aunque hasta cierto punto puede hacer referencia a la supuesta falla en el sistema que controla.  Asimismo, la tecnología que hoy en día damos por sentado, que hace más cómodas nuestras vidas y que al no funcionar tal como estamos acostumbrados, pone nuestra existencia de cabeza, puede recordarnos a clásicos como Westworld, que a lo mejor quiso homenajear este antológico capítulo.  Por otro lado, la tecnología que aquí aparece, deja claro cómo ha pasado el tiempo desde que se estrenó la serie, pues en la práctica estos adelantos ya no son ciencia ficción (salvo la IA ¿No?) y por eso mismo, el episodio se puede apreciar como una reflexión acerca de cómo los límites de la fantasía científica y la realidad, se han estrechado. 

8- Familiar: Primero de los dos episodios de verdadero terror, que conforman parte de esta temporada, siendo el único en esta ocasión concerniente a elementos sobrenaturales, sobre magia negra y demoniacos más encima.
     Scully y Mulder deben resolver un supuesto crimen de pedofilia e infanticidio, no obstante como estamos hablando de Los Expedientes-X, no es algo tan “sencillo”, sino que Fox descubre que en realidad hay fuerzas del Más Allá implicadas.
     Este y los dos siguientes capítulos que le siguen resultan ser bastante violentos y muy sangrientos; no obstante, el que ahora revisamos debe resultar ser bastante duro e impactante para mucho espectadores (tal como pasó con este servidor), al por un lado abordar la muerte de inocentes de una manera muy escabrosa y gráfica (pues incluso se muestra el cadáver de uno de los pequeños en más de una ocasión, que si bien no le vemos el rostro, sí es posible ver parte del cuerpo).  En una época en la que mi propio país está sufriendo por espantosos casos de niñas violadas y asesinadas por desquiciados mentales, una historia como esta no es gratuita y que permite reflexionar acerca de cómo el flagelo de la violencia ha provocado tantos pesares entre nosotros.
     La dosis de horror no solo corre por parte del lado humano en el drama que acá se exhibe, sino que también aparecen en pantalla dos criaturas bastante espantosas, sin dudas entre los más aterradoras jamás vistos en la serie (los que más encima tienen relación con los mismos miedos infantiles y que tantos traumas nos provocan).

9- Nothing Lasts Forever (Nada dura para siempre): Esta obra de terror enmarcada, más o menos, dentro de los límites de la ciencia ficción, viene a ser una muy inteligente metáfora sobre el paso del tiempo y cómo llegamos a aceptar o no nuestro propio envejecimiento (así como la certeza de nuestra propia mortalidad).
     Lo anterior es posible reconocerlo en los mismos protagonistas, quienes llevan alrededor de dos décadas trabajando en el programa, madurando con más que dignidad, pero que obviamente ya no son unos jóvenes en el sentido estricto de la palabra (lo mismo sucede con muchos de los que comenzamos a ver el show, je, que en todo caso como Scully y Mulder mantenemos la actitud positiva frente a la vida y que pese a una que otra cuita, seguimos adelante jóvenes de corazón, para nada amargados, ni envejecidos)…Pues la trama tiene que ver de manera indirecta y directa con estos dos, quienes se observa en el guión han asumido esta ley de la vida sin dudas, adaptándose como la gente inteligente que son y, por otro, al enfrentarse a una secta en la cual sus líderes para mantenerse lozanos, recurren a prácticas espeluznantes.  
     El potente prólogo de este episodio recuerda en cierta medida a vigilantes vengadores de cómics de superhéroes, como Batman, Flecha Verde y Daredevil, quizás hecho a propósito.  Luego de ello, comienza a desmadejarse todo para que los culpables detrás las muertes que se están sucediendo, paguen sus crímenes como es debido.  Es así que frente a la acción punitiva de Dana y Fox, como representantes de una ley civilizada que regula el comportamiento social para beneficio de toda la comunidad, se contrasta un punto de vista religioso y/o más antiguo, tan caro a este tipo de historias en la que estamos frente a la búsqueda del castigo por los “pecados” cometidos.  Por todo esto, el elemento religioso (y católico) vuelve a tener una importancia tremenda en el show, sin olvidar que Scully es una fiel creyente, de modo que acá una vez más tenemos diálogos referidos a su fe y la manera de cómo esta compatibiliza los dogmas con su actitud más racional (por no mencionar sus diferencias con Fox, quien cree en lo paranormal, pero no en Dios).
    Este capítulo que además posee una inusual carga erótica no vista en la serie, tiene también un lado morboso que igual puede resultar chocante a un espectador demasiado impresionable.  Los villanos y sus víctimas (o más bien fieles) tienen prácticas en las cuales se han deshecho de la mayoría de las inhibiciones, que se supone todo lo que hacen es para ser felices y como eso es lo único que les importa, no están preocupados por limitar su singular sistema de vida.
    Por cierto… ¿Es posible que otra de sus escabrosas escenas sea un homenaje a La Noche de los Muertos Vivientes de George Romero? ¡Yo creo que sí!


                                     Recordemos con regocijo la clásica intro de la serie.


10- My Struggle IV (Mi Lucha IV): Y llegamos al final de la temporada, en la que se resuelven varios detalles pendientes, pero quedan nuevas interrogantes a responder, que al parecer sí tendremos (al menos) una nueva temporada (y ojalá si no este año, sí el que viene).
     La búsqueda del hijo de nuestros héroes llega a un punto determinante para el futuro de la serie, lo que tiene que ver además con la amenaza de corte mundial que desde la temporada 10, pendía sobre las cabezas de uno.  Por otro lado, el enfrentamiento con los enemigos (entre viejos y otros más recientes) se vuelve más crítico, poniéndole una mayor dosis de adrenalina a la acción.
     La manera en la que han caracterizado a William, el hijo adolescente de Scully y Mulder, va más allá de lo visto hasta el momento en el programa y aunque pareciera ser propio de otro tipo de historias, resulta interesante y lo convierte en un buen personaje.  Es de esperar que a futuro aparezca más en otro ansiado regreso de la serie, quizás hasta con su propio spin-off.
     Por cierto, un semi-spoiler (si es que existe el término): Bastante lamentable el deceso de clásico y querido personaje en este capítulo final, je.

-------------------- X -------------------- 

      Tras haber visto, por fin, la onceava temporada, haberla gozado y revisado, queda claro que el programa podría tener vida para rato; todos quisiéramos que Scully y Mulder estuvieran con nosotros por muchos años más, no obstante ante la declaración oficial de que Gillian Anderson ya no seguirá (por opción propia) en Los Expedientes-X, todo se pone incierto.  Quizás si hiciesen  algo como lo que pasó cuando David Duchovny renunció al show a medias, con unas cuantas intervenciones suyas especiales en pantalla, no tendríamos que decirle adiós para siempre a Dana Scully.  Igual nos quedan los dos agentes jóvenes presentados de la décima temporada, claramente caracterizados como sucesores de Scully y Fox, que en todo caso se echaron de menos en el resto de este 2018.
      Y es de esperar que esta vez Skinner salga más en pantalla, que aunque estaba como protagónico en la onceava temporada (incluso inserto en los créditos), contó con una participación bastante pobre.



                                                         Tráiler del final de temporada.

domingo, 29 de abril de 2018

¡Y sigámosle dando no más con Robert Howard! (primera parte)


      Luego de haber gozado tanto con el volumen Las extrañas aventuras de Solomon Kane de Valdemar, sobre el serio justiciero puritano creado por Robert Howard, no me aguanté las ganas y tras un breve paréntesis de solo leer cómics, me dispuse a disfrutar con otro tomo de cuentos del texano.  Esta vez me decidí por El Valle del Gusano y otros relatos de terror sobrenatural, también de la prestigiosa editorial (que aún me queda otro volumen del artista realizado por la misma empresa, de los 3 libros que adquirí de él en mi pasada visita a la FILSA, en noviembre del año pasado).   Opté por este título debido a dos razones en concreto: primero a que varios de sus cuentos ya los conocía de primera mano, desde mis primeros años de universidad, gracias a mi querido amigo Miguel Acevedo, quien con su gentileza habitual me prestó ille tempore su bella versión de Martínez Roca con portada de Richard Corben (caricaturista, sin dudas otro ídolo para los ñoños).  A menos que me equivoque, estos fueron los primeros textos originales del escritor que tuve el gusto de leer, que antes solo adaptaciones al cómic no más, así que era hora de revisitarlos para poder apreciarlos en todo su esplendor (y ahora convertido en alguien menos ignorante respecto a su autor).  Por otro lado, en el tomo de Valdemar, que lleva más material que la edición noventera de Martínez Roca y entre ello nada menos que Los palomos del infierno, cuento de terror que Stephen King ensalza tanto en su ensayo Danza Macabra…Y cómo soy fácil, no me resistí a escoger esta selección y la otra será para una ocasión ahora incierta (ya sabrán cuál es el otro libro aún en espera de ser devorado, je).
     Publicado originalmente por la mencionada editorial (tristemente desaparecida) Martínez Roca, en su añorada colección Fantasy, solo como El Valle del Gusano, en su primera versión a nuestra lengua se trata de una selección distinta a la que posteriormente sacó Valdemar.  Y es que el tomo que tuve el honor de tener en mi manos hace rato ya, posee en total solo 6 relatos; mientras que la selección de Valdemar cuenta con 10 textos en total y aparte de la narración que le da título a ambos tomos, solo hay otra historia que comparten entre sí (El pueblo de la oscuridad).  Pero como mi memoria es frágil y harta agua ha pasado bajo el puente, solo gracias a una pequeña investigación previa navegando por la red, me he podido dar cuenta de que nunca antes  había disfrutado aquellos escritos que hoy quiero compartir con ustedes (bueno, y para ser sinceros, los otras dos fue como si nunca antes las hubiese leído, je).
      Eso sí, el subtítulo elegido por Valdemar es bastante engañoso (y otros relatos de horror sobrenatural) puesto que de los escritos contenidos en sus páginas, solo 5 son de este género; mientras que el resto, que si bien poseen uno que otro elemento terrorífico, más bien corresponden a la fantasía épica o al llamado subgénero de espadas y brujería.  Sin embargo, pese a este desliz, el tomo completo se deja gozar bastante.
      Otra pequeña crítica para esta colección de relatos, es que salvo la interesante presentación del libro en la contratapa, no se incluye ninguna introducción previa en su interior al autor y a los cuentos mismos, que sin dudas servirían bastante para apreciar en mejor medida la perla que tiene uno en sus manos (y, bueno, la “minimalista” pintura usada para ilustrar la tapa, tampoco resulta ser tan atractiva que digamos).
      Dentro de estas páginas nos encontraremos con otros personajes habituales de la narrativa de Robert Howard, entre ellos con James Allison, personaje con el cual hizo uso del concepto de la memoria racial y de las reencarnaciones, ya que se trata de un hombre que ha tenido muchas vidas y es capaz de recordar sus antiguas identidades, siempre como un héroe enfrentado a grandes peligros sobrenaturales.  Al menos 8 son los cuentos en total que escribió sobre este (encontrándose 2 más de ellos en la edición de Martínez Roca: Los caminantes del Valhalla y El jardín del miedo).  De igual manera tenemos el gusto de hallar acá una narración con el protagonismo del picto Bran Mak Morn, perteneciente al pueblo de este nombre que en la realidad sí existió y que apareció como raza y cultura en varias de las creaciones de su autor.  Por otra parte, 2 cuentos giran en torno a Turlogh Dubh O'Brien, guerrero irlandés, que puede recordarnos en parte a Conan, gracias a rasgos de su personalidad voluntariosa.
     En cuanto a los textos de terror, abordan en su mayoría el tema de la magia negra y sus consecuencias nefastas.  Asimismo, poseen una fuerte carga moral, al asumir que toda mala acción (grave) trae su castigo y en parte, porque quienes la usan han renunciado a la humanidad, ante su deseo enfermizo de poder que termina por aniquilarlos.
     Los cuentos que comprenden la edición de Valdemar corresponden a:

1- En el bosque de Villefère.

      Un relato bastante corto que en su traducción al castellano no alcanza a tener 7 páginas completas y que para ser sinceros, viene a ser lejos lo más débil del tomo, razón por la cual mejore no hubiese encabezado tan excelente selección de los cuentos de Robert Howard (en otras palabras, la historia en sí es olvidable).
      La trama se enmarca (más o menos) dentro de las historias de terror, abarcando a su manera el tema de la licantropía. Todo en sí es bastante sencillo en apariencia, aunque al mirarlo de manera más crítica, se pueden encontrar unos cuantos detalles interesantes: Un hombre que pareciera ser autóctono de una zona más o menos rural, en las profundidades de un bosque se cruza con un viajero, un verdadero extraño y con el cual entabla una conversación.  La descripción del lugar y del mismo visitante auguran la atmósfera enrarecida de todo, en lo que la propia vida del protagonista (quien se encarga de contarnos de primera mano su experiencia) corre peligro.  La idea de la intrusión de un elemento foráneo dentro de la vida cotidiana, algo que claramente contamina aquello que damos por sentado como normal, que remece la seguridad de uno y nos pone en alerta como ingredientes para sentir temor, forman parte de esta pieza que solo es un tentempié para las perlas que más adelante le seguirán en esta colección, de uno de los grandes autores de fantasía del siglo pasado.
    Por cierto, no es el único cuento de Robert Howard que trata sobre hombres lobo, que al menos hay dos más salidos de su pluma: Cabeza de lobo y Estiércol de lobo.

     “El sendero era tan estrecho que tuvimos que caminar uno tras otro, él precediéndome. Lo examiné con cuidado. Era alto, mucho más alto que yo, delgado y filiforme. Vestía ropas que procedían, evidentemente, de España. Una larga espada colgaba a su cintura. Caminaba con largas y ágiles zancadas, sin hacer ruido.
     No tardó en ponerse a hablar de viajes y aventuras. Habló de numerosos países y mares que había visto, y discutió de muchos temas extraños. Y así, mientras conversábamos, nos fuimos hundiendo cada vez más en el bosque.
    Imaginé que sería francés. Sin embargo, tenía un acento muy raro que no era ni francés, ni español, ni inglés, y que ni siquiera evocaba ninguna lengua que yo hubiera oído antes. Extrañamente se equivocaba en algunas palabras y, en otras, era incapaz de pronunciarlas.”

2- La voz de El-Lil.

     Una visita más al África misteriosa y sobrenatural de las ficciones howardianas y de tantos escritores de su generación, esta vez a través de las experiencias de dos expedicionarios que en un viaje al llamado Continente Negro, se encuentran con uno de los tópicos más caros a este tipo de literatura: una civilización perdida.  Pero uno de los aspectos más atractivos de esta obra, viene a ser que el autor no se limita a solo inventar una cultura desconocida y antiquísima, sino que la relaciona con la existencia de un pueblo que en verdad pisó este planeta: Sumeria.  Es así que bajo el transfondo histórico que le da nuestro artista a su narración, evidenciamos una vez más su enorme cultura general como autodidacta y más encima en una época en la que no existían los medios como ahora, para acceder de manera tan fácil a un montón de datos (léase internet).
      Lo que parece una mera excursión con propósitos aventureros, se transforma en una odisea en la que la vida de la pareja de amigos protagonistas está en juego, al ser considerados como víctimas para el culto a uno de esos tantos dioses sedientos de sangre.  No solo violencia encuentran los héroes en su peregrinaje, sino que además les toca conocer un horror muy particular, que esta vez se aleja de las monstruosidades típicas de la autoría de Howard y aun así siniestra.
      Por otro lado, el elemento más o menos romántico y en el que entra dentro de la trama la presencia de una hermosa nativa, le otorga a la historia un cariz habitual propio de la literatura pulp, que hace de estos textos algo tan divertido para el lector ávido de la más sana evasión.

     “Al principio fue un susurro bajo y suave que fluía desde debajo del firme mazo del negro.  Pero rápidamente creció en intensidad.  El sonido sostenido y creciente se volvió crispante, se hizo insoportable.  Era más que un simple sonido.  El mudo había provocado una cualidad vibratoria que se introducía en todos los nervios y los hacía pedazos.  Se hizo más y más alta hasta que sentí que la cosa más deseable del mundo era la sordera absoluta, ser como aquel mudo de ojos vacíos que ni oía ni sentía el horror hecho de sonido que estaba creando.  Aun así, vi que el sudor perlaba su frente de simio.  Seguramente algún rumor de aquel cataclismo devastador reverberaba en su propia alma.  El-Lil nos hablaba y la muerte estaba en su voz (…).”

    El fragmento anterior no deja de ejemplificar el racismo propio de la supuesta supremacía del hombre blanco civilizador, del que se le acusa a Robert Howard, y sin embargo la personalidad de la belleza negra que aparece en las páginas de este cuento, así como la descripción del mundo de maravillas en el que sucede todo, contrastan con la imagen de un Howard despreciativo sobre la otredad africana.


3- Los dioses de Bal-Sagoth.


     Si el relato anterior se encuentra lleno de emociones y respecto al primero que abre este libro es una clara demostración de su talento, este otro resulta aún superior y eso que todavía no estamos hablando de lo mejor de este tomo.  La dosis de aventuras, heroísmo,  suspenso, criaturas fabulosas y violencia gráfica que caracterizan muchos de los textos de su autor, logra en su conjunto contentar al seguidor de Robert Howard hambriento de sus narraciones fantásticas.  Por otro lado, el protagonista de esta obra y aquellos otros que encontramos en su desarrollo, demuestran su habilidad para crear personajes que aunque comparten muchos aspectos con otros de su autoría, resultan extraordinarios como representantes de los aspectos más magníficos y crueles de nuestra humanidad; es así que lo mejor y lo peor de aquello que nos hace ser seres humanos, una vez más está presente en una ficción howardiana que se disfruta en demasía.
     Se trata de uno de los cuentos sobre uno de los dos relatos contenidos en esta selección, que tienen como figura destacada al guerrero celta Turlogh Dubh O'Brien, quien en este título y el que le sigue, vive algunas de las experiencias más increíbles, primero al ser prisionero de vikingos, quienes quedan descritos como verdaderos vándalos tal como la historia real en muchas ocasiones los han marcado.  Luego, un viaje forzado en el mar tormentoso lo lleva a ser el único sobreviviente de un naufragio, en el cual solo un viejo conocido también ha logrado salir con vida; es así que ambos hombres de enorme coraje, se encuentran con otro de esos pueblos desconocidos, en medio de una isla, en la cual una vez más son puestas a prueba sus espíritus luchadores.  La antigua monarca del lugar ha sido destituida por medio de una violenta rebelión y tras lograr salvar a esta de un destino aún más cruel, acceden a ayudarla para recuperar su trono, lo que como es de suponer logran conseguir no muy fácilmente, que una vez más la sangre debe correr a raudales para conseguir su objetivo.
     Los personajes que se unen al personaje principal no pueden ser más atractivos.  Primero nos encontramos con el forzado compañero de aventuras de este, el gigante gaélico Athelstane, un hombre sin patria que ha optado por ser un mercenario y que según se cuenta en esta historia, ya antes se había encontrado con O´Brien; pese a trabajar junto a salteadores y asesinos criminales, este demuestra poseer un código de honor que hace que el irlandés le tenga respeto.  
      Luego tenemos a una verdadera femme fatale, la hermosa, artificiosa y peligrosa Brunilda, quien comparte con muchas creaciones femeninas de Robert Howard la personalidad perseverante de otras salidas de su imaginación, convirtiéndola en uno de los mejores agregados a la trama.  Manipuladora como ella sola, puede ser detestable para muchos lectores, pues usa a los hombres como peones en su deseo de conseguir poder…Y sin embargo, sus intervenciones en la trama se paladean bastante.  La falta de nobleza de esta verdadera “perra” (me recuerda en parte a esa gran  villana que es Cersei de GOT), contrasta sin dudas con la de sus dos hombres.
     Por último tenemos al brujo de este cuento, Gothan, un personaje típico en la narrativa howardiana, como hombre ducho en conocimientos arcanos que usa con malevolencia y que siendo brujo viene a ser esa oscuridad que el héroe de turno debe derrotar en representación de la luz y que puede manifestarse por la moralidad propia de la nobleza espontánea (como sucede con Conan), los valores cristianos (Solomon Kane) u otros héroes salidos de la imaginación de Robert Howard.
     El argumento transcurre en un periodo histórico claramente definido, pese a sus elementos propios de la fantasía épica, pues abarca parte del siglo XI, de modo que hacia el final de esta obra aparecen nada menos que los igualmente grandes navegantes españoles.  
     Como muchos otros ejemplos de la literatura de nuestro escritor, encontramos mucha violencia gráfica y monstruosidades memorables:

     “La espantosa batalla se libró en silencio, excepto por el siseo de la respiración jadeante.  El antebrazo izquierdo de Turlogh se apretó contra el mentón simiesco, apartando las espeluznantes fauces de su garganta, alrededor de la cual los dedos del monstruo se habían apretado.  Athelstane todavía dormía en su silla, con la cabeza caída hacia adelante.  Turlogh intentó llamarle, pero las manos estranguladoras lo habían privado de la voz y estaban ahogando rápidamente su vida.  La habitación se sumergía en una bruma roja ante sus ojos dilatados.  Su mano derecha, apretada hasta convertirse en un mazo de hierro, machacó desesperadamente la espantosa cara que se inclinaba hacia la suya; los dientes bestiales se hicieron añicos bajo sus golpes y la sangre saltó salpicándole, pero los ojos siguieron sonriendo y los de dedos afilados se hundieron cada vez más hondos hasta que un campanilleo en los oídos de Turlogh tocó a rebato por la partida de su alma.”

4- El hombre oscuro.

      El segundo y último cuento del volumen que hoy nos reúne, donde disfrutamos de las andanzas del valeroso Turlogh O´Brien, viene a ser para este servidor, sin dudas el que más satisfacciones me ha dado, encontrándolo además bastante emotivo, incluso pese a su atmósfera sangrienta y ominosa habitual de estos relatos.
     En esta ocasión el héroe irlandés emprende una travesía por su propia cuenta, con el objetivo de rescatar a una doncella de su tribu, raptada por un grupo de maliciosos, mandados por una especie de señor de la guerra que quiere desposarla.  En su camino el protagonista tiene una muy interesante charla con un pescador, que pone frente a nuestros ojos la nobleza del protagonista y luego ya llegado a su destino, no solo se enfrenta a los malhechores de turno, sino que se cruza en medio de un poder sobrenatural tan sobrecogedor, que sin dudas supera al mismo O´Brien.  Por otro lado, no solo nos encontramos acá con la presencia de un dios pagano, que en sus designios es capaz de sorprender al guerrero, como no solo la enorme maldad de algunos hombres aparece como un tema recurrente en este tipo de narraciones, sino que también hayamos en estas páginas otros actos admirables por parte del personaje femenino al que fue a salvar el irlandés y… ¡De un sacerdote cristiano!
     A la vileza del antagonista Thorfel el Bello y sus hombres, los actos heroicos de Turlogh, la dama en apuros y el sacerdote, el agregado del llamado Hombre Oscuro hacen de este relato, quizás, uno de los mejores trabajos de Robert Howard, que las maravillas abundan en su desarrollo.
     Por cierto…Nos volvemos a encontrar también acá con el singular mercenario Athelstane, quien hace una de las mejores duplas junto a O´Brien, en la literatura howardiana.
     Asimismo, no se puede obviar el detalle de que una vez más el escritor conecta uno de sus textos a otros de su haber, al hacer que lo transcurrido acá tenga relación nada menos que con su también famoso ciclos narrativo del del picto Bran Mak Morn (detalle que en todo caso, solo podría ser revelado para los seguidores incondicionales del texano…Como uno, je).

     “Era la figura de un hombre que se parecía mucho a los hombrecillos morenos que yacían a su alrededor. Pero dife-ría sutilmente. Turlogh sintió de algún modo que se trataba de la imagen de un hombre que había vivido tiempo ha, pues con seguridad el desconocido escultor había tenido un modelo vivo. Y había conseguido dar a su obra un toque de vida. Allí estaba la anchura de los hombros, los brazos poderosamente moldeados; la fuerza de los rasgos era evidente. La mandíbula firme, la nariz regular, la frente alta, todo indicaba una inteligencia poderosa, un elevado valor, una volun-tad inflexible. Con seguridad, pensó Turlogh aquel hombre era un rey... o un dios. Pero no llevaba corona, su única vestimenta era una especie de taparrabos, trabajado tan hábilmente que cada pliegue y arruga estaba esculpido como si fuera real. Tenía el mismo aspecto que si hubiera sido tallada el día anterior pero, pese a todo, era obviamente un símbolo de la antigüedad.”

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