domingo, 15 de abril de 2018

Robert Howard es mucho más que Conan (tercera parte).



¿Más de Solomon Kane?

      Existe otro cuento escrito por Robert Howard que tiene como protagonista a Solomon Kane, titulado originalmente como La llama azul de la venganza y que luego fue renombrado como Aceros de la hermandad.  No obstante esta historia no se encuentra en el tomo de Valdemar que poseo, pues no solo fue publicado póstumamente a la muerte de su autor, sino que según el responsable de la edición que poseo se trata de una obra de escaso valor literario y que más encima no posee elementos sobrenaturales, si bien con posterioridad otro escritor (ignoro quién) le introdujo un monstruo lovecrafniano.  Gracias a los milagros de Internet, me encontré con un compilado de todos los escritos que tienen al puritano como protagonista, incluyendo esta historia de piratas y 3 más cuyo verdadero origen desconozco; sin embargo, como sospecho acerca de su procedencia, salvo la obra mencionada, no me he entusiasmado aún por leerlas.  Agradecería si alguna alma gentil me instruyera al respecto, a ver si a futuro escribo un nuevo post dedicado a Solomon Kane.

Sonya la Roja.

    Y ahora, por fin, es el momento de revisar el cuento “de regalo” que mi preciado tomo de la saga de Solomon Kane trae para regocijo de los fanáticos de Robert Howard: el cuento histórico La Sombra del Buitre, en el que aparece nada menos que Sonya la Roja de Rogatino, guerrera de temer y que fue supuestamente el único relato original de su creador en el que esta aparece; no obstante mi amigo y colega bloguero Tomás Rivera, me dijo en un comentario suyo que “(…) aparecería también en un relato de Bran Mak Morn. Se ve que Howard no tenía muy claro en qué época histórica ubicarla”.  Ojalá tenga la oportunidad de conseguirme todas las historias de este otro, para comprobar por mi cuenta las palabras del experto Tomás (que para nada las pongo en duda).
     Desde niño, más o menos, que conozco a la colorina espadachina, siendo una de las primeras heroínas que a tan temprana edad se ganaron mi completa devoción (lo admito sin tapujos una y otra vez: los personajes femeninos aguerridos son mi debilidad).  Sin embargo la versión que conocía de esta era una bastante libre respecto a su identidad literaria, ya que tenía la imagen de la película ochentera (y de la que les hablaré dentro de poco), como de la adaptación de los cómics Marvel, que la trasladaron a la Era Hiboria, la misma de Conan, para darle mayor espectacularidad y aprovechar el éxito de las historietas del cimerio.
     Pero mejor vamos por parte.


     La Sombra del Buitre es un impresionante cuento ambientado en pleno siglo XVI, durante el llamado sitio de Viena, en el cual el entonces poderoso imperio turco-otomano aparece arrasando con todo a Europa y que estuvo en la práctica bajo sus pies.  La descripción detallada de la contienda, utilizando personajes históricos y otros de propia invención de Robert Howard, para llevar a cabo una muy entretenida narración, dejan claro más que nunca su enorme talento, versatilidad para incursionar en distintos géneros literarios con soltura y enormes conocimientos como autodidacta.  Los enormes detalles que le dan verosimilitud al argumento, se conjugan con la introducción de personajes salidos de la enorme imaginación del texano, quien nos demuestra con esta joyita que en la vida real (y en el pasado más encima) también podemos encontrar a sujetos admirables por su valentía en el campo de batalla, como también otros rastreros que sin dudas vienen a ser la inspiración para sus propias fantasías épicas.
      En medio de esta contienda se encuentra el caballero Gottfried von Kalmbach, quien tras las últimas derrotas del ejército en el que ha servido como mercenario, decide abandonar la lucha antes de la devastación final y como consecuencia de ello pierda la vida.  Sin embargo el destino lo lleva a  retractarse y volver con más pasión que nunca a la lucha contra el enemigo.  Justamente en este cambio de actitud, se encuentra la presencia de la amazónica Sonya la Roja, una mujer como nunca antes había conocido y quien pelea en la contienda con tal ferocidad que muy pocos hombres lo poseen.  La atracción sexual entre estos dos es inevitable, otorgando al relato cierto grado de erotismo, que junto a su violencia gráfica, no dejan de llamar la atención teniendo en cuenta la época en la que fue escrito (1934).

     “Se trataba de una mujer, vestida de una forma que von Kalmbach no había visto siquiera entre los petrimetres de Francia.  Era alta, de formas espléndidas, aunque ágil.  Bajo el caso de acero, se le escapaban bucles rebeldes que formaban rizos de un color rojo dorado al resplandor del sol y que caían sobre sus hombros fuertes.  Altas botas de cordabán le cubrían hasta medio muslo, envuelto en bombachos.  Vestía una fina cota de malla turca, metida en esos calzones.  El fino talle ceñido por una fina faja de seda verde, de muchas vueltas, dentro de la que portaba un par de pistolas y una daga, y de la que colgaba un largo sable húngaro.  Y por encima de todo ello llevaba, al descuido, una capa escarlata.
     Aquella figura sorprendente estaba apuntando el cañón, con una soltura que denotaba algo más que un conocimiento superficial, a un grupo de turcos que se aplicaban a una cureña, justo a tiro.”

     Esta no fue la única mujer de armas de tomar que apareció en los escritos de Robert Howard, que también es famosa dentro de sus creaciones la pirata Belit, para quien trabajó el mismísimo Conan y fue su amante.
     El contraste entre el melancólico (hasta cierto punto) germano y la más colérica Sonja, pese a sus diferencias provoca una interesante dupla, que tal vez si su autor hubiese vivido más u otros continuasen las andanzas de la pareja con nuevas aventuras suyas, podría dar otras perlas de la narrativa de aventuras.
     De forma paralela a las hazañas de nuestros héroes y la descripción de la desolación (y desesperación) en la que se encuentra Viena, el relato se centra en la propia corte de Suleimán el Magnífico, detallando un mundo que no solo viene a parecernos exótico, sino que nos recuerda aquellas culturas ficticias propias de los relatos del mencionado Conan.  Dentro de las páginas dedicadas al bando de los turcos, se encuentra la figura del siniestro Mikhal Oglu, líder de la fuerza de elite emperador, temido por su crueldad y quien viene a ser el principal antagonista de Gottfried y Sonja, siendo este el buitre que menciona el título del cuento.

Los cómics.

La Sonja la Roja comiquera clásica de Marvel y otra más moderna de Dynamite.

      En 1973 renació para las viñetas la colorina guerrera dentro de la primera colección de Conan, como complemento y contrapartida femenina de este; no obstante luego ganó notoriedad entre los lectores, en especial por su sensual imagen con un pequeño bikini metálico, que deja apreciar bastante su atractiva figura, a la par de su bravura y atractiva personalidad.  Se cambió la grafía de su nombre de Sonya a Sonja y se le otorgó como patria al pueblo de Hirkania.  En el guión el responsable de esta nueva identidad suya, se encuentra nada menos que un guionista veterano como Roy Thomas (quien para entonces no solo llevaba el precioso trabajo de adaptar a Conan y a buena parte de los escritos de Robert Howard a la historieta, sino que había sido nada menos que el sucesor de nada menos que Stan Lee, tras dejar este la escritura de los cómics de Los Vengadores, así como también con los X-Men) y al dibujante Barry Windsor-Smith (quien con posterioridad en 1993, sería el autor de una de las novelas gráficas más celebradas y emotivas de Wolverine: Arma-X).

La película.


     1985 fue el año en el que se estrenó como una más de las tantas producciones del legendario Dino de Laurentis, la versión cinematográfica sobre los cómics de Sonja la Roja.  Pues aprovechando el éxito de los dos filmes realizados sobre Conan, teniendo de estrella a Arnold Schwarzenegger, se quiso probar suerte con este otro personaje.  Para este proyecto se contó con la entonces debutante Brigitte Nielsen, a quien lamentablemente su belleza no logró opacar sus escasas virtudes histriónicas.  Esta fue acompañada por la estrella Schwarzenegger, cuyo papel no podía tener menos peso dramático, al aparecer dos veces en escena como casi por arte de magia (sin mayor razón), que no sea ayudar a la protagonista y luego transformarse en su pareja romántica.  Además encontramos acá a la sí talentosa Sandahl Bergman, como la villana de la historia, una reina obsesionada con la magia y el poder, así como despechada con la pelirroja guerrera… ¡Tras no aceptar esta sus intenciones lésbicas! (tema que igual es sugerido en esta obra medianamente de carácter familiar, si bien un espectador con “criterio formado”, con facilidad se puede dar cuenta de ello). Es así que el desempeño de la Bergam, quien hizo de Valeria, la compañera amorosa del cimerio en Conan el Bárbaro, brilló sin dudas en la actuación por sobre sus dos coprotagonistas.
      Siendo que esta película está centrada en la hirkaniana, los productores se aprovecharon de la fama de Schwarzenegger, poniendo su nombre al principio de los créditos, por sobre la Nielsen.  De hecho en Latinoamérica (o al menos en Chile), como también en España, fue estrenada como El Guerrero Rojo, tal si fuese Kalidor el protagonista y no Sonja.
      Dirigida por Richard Fleisher, quien hizo ese mismo año Conan el Destructor y ya tenía una inmensa carrera a cuestas tras las cámaras, en exitosas cintas de muchos géneros, contó con la preciosa banda sonora de Ennio Morricone (casi tan épica como la llevada a cabo por Basil Poledouris, para Conan el Bárbaro).  No obstante posee una trama simplona, pero aun así puede ser encantadora, si se detiene uno a valorar otros aspectos suyos.  Pues aparte de la mencionada banda sonora de Morricone (¿Tal vez uno de sus mejores trabajos?), se debe destacar la presencia de dos personajes, que en un principio aportan una cuota de humor a la trama (un niño príncipe y su fiel guardián, únicos sobrevivientes de una antigua y orgullosa civilización, devastada por la mala de la película), quienes igual poseen más de un momento de cierta sublimidad en el argumento.  A ello también se deben agregar preciosos paisajes y en especial escenarios artificiales, que mezclados con la naturaleza en la que fueron insertados, dan la idea de una antigüedad y de un gigantismo tan habitual en la narrativa de Robert Howard, que el espectador no deja de admirar la belleza de sus diseños.
    Como serie B de los ochenta, el largometraje de Sonya la Roja se deja disfrutar como un ejercicio de la nostalgia, pese a que haya envejecido hasta cierto punto.


                                               Tráiler (lo siento, no pillé ninguno en HD).


Solomon Kane en el cine.


     En 2009 se estrenó la que hasta el momento ha sido la última adaptación al cine de la obra de Robert Howard, quien lamentablemente ha sido relegado a producciones no muy afortunadas (tras Kull el Conquistador en 1997 y el reboot de Conan de 2011).  Dirigida por Michael Bassett, tiene como protagonista al guapo (y al parecer siempre juvenil) James Purefoy, quien se ve irreconocible en su caracterización (que en todo caso la  personificación respecto al personaje literario, está muy bien hecha).  Acompañando al anterior, se encuentran verdaderos veteranos del cine fantástico y el séptimo arte en general, como lo son Max von Sydow y Pete Postlethwaite (sin embargo, la presencia de estos dos no ayudó mucho a que la cinta fuese un éxito, puesto que igual su guión tampoco fue muy sofisticado que digamos).  
     Su trama puede ser considerada como una precuela a los cuentos escritos por Robert Howard, ya que trata acerca de los orígenes del héroe y el comienzo de su cruzada enfrentándose a las fuerzas del mal sobrenaturales.  Tras ser presentado como un hombre sometido a la violencia de su corazón, alejado de sus congéneres debido a ello, pese a su supuesto servicio en beneficio del bien, llega hasta el límite y termina casi por caer en la propia condenación de su alma.  Es así que luego lo vemos más centrado, tras pasar un tiempo haciendo penitencia, amparado por nada menos que la Iglesia Católica (he aquí un importante cambio en su aspecto religioso, tras ser un puritano y protestante en los cuentos, a convertirse en un “papista” en la versión para el cine).  A ello le sigue el resto de su camino a la redención, encontrando con una afectuosa familia que lo acoge y luego verse envuelto en un enfrentamiento contra fuerzas oscuras relacionadas con su pasado y, más encima, con su propia familia maldita.
     El largometraje es violento y posee su dosis de terror, con varios demonios, unas especies de zombis y hasta una bruja entre medio.  La primera vez que la vi me gustó mucho; lamentablemente, tras haber leído los cuentos originales con Kane de protagonista, uno se pregunta por qué no fueron más inteligentes y tomaron estos mejor como base de la película (tal como lo que ha pasado con los filmes de Conan y otras adaptaciones de Robert Howard, que desperdiciaron el material original).
    La banda sonora fue hecha por Klaus Badelt, pero esta pareciera más un trabajo tenido en cuenta como un mero encargo para el músico, pues no llega al nivel de esas composiciones suyas más hermosas y sublimes.


                                                                           Tráiler.

jueves, 12 de abril de 2018

¿Lo menos «bueno» del Arrowverse?


     Hace unos dos años atrás más o menos se estrenó, tal como decimos en Chile, la serie de televisión DC` Leyends of Tomorrow y que con un nombre tan ostentoso (que además por primera vez en la historia en materia de programas basados en cómics deceístas, incorporaba en su título el nombre de la compañía de la que sacaron muchos de sus personajes) prometía bastante.  La verdad que, tratando de ser objetivos y sinceros, el show entretiene... ¡Pero sin dudas que sus responsables no se han esmerado mucho en mantener un nivel lo más óptimo posible!
       Vamos por parte:
       Tras el final de una igualmente irregular primera temporada, en el que se incorpora el potente concepto de la Sociedad de la Justicia (en relación al grupo de superhéroes de la Edad de Oro de los cómics, o sea, de la década de los cuarenta), a principios de esta segunda temporada logramos conocer a sus miembros.  Es así que aparecen personajes como Star Girl, Doctor Medianoche, Obsidian y el Comandante Acero, entre otros.  La verdad es que esta elección de sus miembros corresponde a una mezcla de justicieros estos cómics, que para nada vemos a los personajes originales de su reparto (a diferencia de lo más emotivo que se hizo hace algunos años atrás en Smalville, donde sí se fue más acertado al recrear a este importante equipo). 
        Más encima, salvo el último de los mencionados en la lista de arriba, estos no resultan ser muy carismáticos que digamos; incluso se podría decir que les falta misticismo.  Luego, ya avanzada la segunda temporada, se trata de darles cierta relevancia por separado, a razón de un episodio por cada uno; no obstante solo el llamado Comandante Acero logra echar raíces en el corazón de los espectadores.
       Un caso aparte a la hora de evaluar a estos descafeinados paladines, viene a ser el aquí misterioso Obsidian, que luego nos damos el gusto de enterarnos que está interpretado nada menos que por el veterano Lance Henricksen (sí, el mismo protagonista de esa verdadera serie de culto que es Millenium).  Pues, aunque solo mencionado de pasada, pero nunca presentado visualmente, se hace referencia casi de manera indirecta a la homosexualidad de este (algo proveniente de las mismas historietas de las que proviene).  Aunque solo sea algo anecdótico en el guión, no deja de verse como un detalle más a favor de la comunidad LGTB, que en el Arrowverse tiene bastante más presencia que otras franquicias de la TV.
    No hay que olvidar que estamos esperando un espectáculo de superhéroes, que de tal concepto nacen producciones como esta.  Es así que un punto importante al respecto, vienen a ser los mismos trajes de sus protagonistas.  

En esta decepcionante Sociedad de la Justicia, Star Girl pareciera que usa un pijama de verano, encontramos a un
aburrido Doctor Medianoche Negro, un Obsidian y Comandante Acero con los peores trajes y un Hourman, que ni parece Hourman (solo Vixen se salva).

     Desde el estreno de Batman Inicia de Christopher Nolan, que viene esa idea de quitarle el supuesto aire ridículo a héroes y villanos con sus trajes coloridos y ajustados, algo que lamentablemente elimina un detalle importante dentro del subgénero.  La verdad es que este supuesto realismo de muchas de las adaptaciones que encontramos hoy en día, viene desde antes del comienzo de la famosa trilogía sobre el Murciélago; pues lo encontramos en la primera entrega de la saga cinematográfica de los X-Men.  No obstante en DC` Legends of Tomorrow, pareciera que quisieron olvidarse (casi) por completo del asunto de los trajes, pues acá los únicos que se ve con algo de este estilo, vienen a ser Atom (y que en su caso particular corresponde a una armadura) y Firestorm;  en cuanto a Rip Hunter, este otro también posee algo parecido a un atuendo propio de las historietas, pero es tan desabrido en su diseño, que parece un traje que uno pudiese comprar en cualquier parte.  Un caso singular viene a ser el de Acero, quien luego de adquirir sus poderes obtiene también un ropaje bastante atractivo… ¡Y que solo se lo pone unas dos veces no más! ¿Cuál es la idea de todo esto? ¿Hacer más “serio” el programa? ¡Por favor, de qué estamos hablando! Vixen solo usa el suyo (una variación del visto en la cuarta temporada de Arrow, en su descendiente) y Canario Blanco, como también Mick Rory (ya nunca más le vuelven a llamar Onda de Calor…Si es que alguna vez usó ese nombre dentro del Arrowverse) andan por ahí como cualquier hijo de vecino.
     En cuanto a lo usado por Comandante Acero, pues no puede ser más feo, que en cualquier convención podemos encontrarnos con cosplays lejos muchos mejor diseñados que este.
     En cuanto a los villanos, Flash Reverso varias veces sale en pantalla con su vestimenta ya conocida, pero por lo general aparece con la típica tenida de cuero que en el Arrowverse han usado, reusado y abusado en sus títulos; más encima, en aquellas ocasiones lo muestran a rostro descubierto, siguiendo esa tendencia que pareciera ser sacada de los bloockbusters marvelitas hechos por Disney y que en realidad data del filme sobre Daredevil, que se hizo la década pasada cuando mostraron al asesino Bullseye. 
      Mucho de lo afirmado más arriba, quizás se deba a la orientación de ciencia ficción que se le ha querido dar a esta serie, puesto que a la larga se ha transformado en una trama sobre viajes en el tiempo y ello gracias a la tecnología futurista de sus protagonistas.  Es así que estos se las pasan viajando de una época a otra entre un capítulo y otro, tratando de corregir lo que ellos llaman aberraciones, correspondientes a errores de la continuidad temporal que a menos que se arreglen, cambiarían por completo la realidad.  No obstante en vez de aprovechar la riqueza del panteón deceísta, utilizando a muchos de sus clásicos personajes, por mucho que tengan un trío de villanos (y luego un cuarteto), se desperdicia.  Solo la reaparición del vaquero cazarecompensas Jonah Hex, responde a lo que muchos seguidores de DC esperaríamos de un programa como este.  
      La cantidad de episodios menor a la del resto de las series del Arrowverse (16, 17 y 18 capítulos respectivamente a lo largo de sus 3 temporadas ya emitidas), podría dar la impresión de que ello se debiera a lo caro de su producción (quizás, en parte, por la inversión para ambientar una distinta era y/o cultura entre un viaje y otro).  Sin embargo, al tener en cuenta los efectos especiales, más de una vez estos resultan lo suficientemente defectuosos como para poner en duda, otra vez, la preocupación que le han puesto los productores al show para otorgarle calidad.
      Incluso hay quienes sostienen que muchas de sus actuaciones son deficientes, aunque por mi parte no las encuentro malas; no obstante debo reconocer que en otros títulos de la saga, quizás debido al mayor dramatismo de sus guiones, he visto mejores desempeños histriónicos (que si lo comparo con algunos de los trabajos hechos para las producciones de Netflix sobre Marvel o en Gotham, sin dudas que el título que hoy nos reúne sale perdiendo más todavía).
       En todo caso hay cosas interesantes en DC` Legends of Tomorrow, como la incorporación de la abuela de la heredera del medallón místico africano y usado por la primera Vixen que conocimos en Arrow, así como la del superhéroe principiante Acero.  De la versión que sale acá de la Sociedad de la Justicia no hablaré más, que la verdad me esperaba más al respecto y lo mejor que tuvo fue que de sus filas salió la mencionada Vixen del pasado.  Sí más interesante viene a ser el uso dentro de la trama, de la llamada Lanza del Destino, objeto mágico relacionado con leyendas cristianas que en los mismos cómics de la Sociedad de la Justicia posee importancia (igual no deja de ser atractivo, que al tratarse del arma que supuestamente se enterró en el costado de Jesús durante su crucifixión y que luego los personajes busquen un recipiente con sangre de Cristo, apareciera más o menos un inesperado transfondo religioso en la serie).
     Los viajes en el tiempo también nos dan algunos momentos medianamente gloriosos para esta decepcionante segunda temporada, como lo son el uso de algunos personajes históricos, tales como J. R. R. Tolkien, un Albert Einstein bastante mujeriego y un joven George Lucas (todavía con nosotros, je).
      El episodio dedicado a la trilogía crossover de Invasión dentro del Arrowverse no está mal, aunque en lo que concierne a las subtramas de esta segunda temporada, lo mejor viene a ser todo lo concerniente a la desaparición de Rip Hunter durante varios capítulos y su posterior regreso con varias consecuencias inesperadas; de igual manera el retorno de Leonart Snart/Capitán Frío, que no como personaje principal, sino que como recurrente y esta vez como “malo” otra vez, también resulta gratificante y en especial hacia el final de la temporada, con una increíble revelación sobre su propia redención.
     Hay mucho humor en el programa, si bien este carece del ingenio que podemos ver en The Flash. Como ya dije más arriba, uno puede pasarla bien con la serie, pero le falta mayor elaboración, que a veces aburre y cansa… ¿Le daré una nueva oportunidad en su tercera temporada?  


domingo, 8 de abril de 2018

El mundo del anime está de luto.


     En el transcurso de esta semana que ya se acaba, el jueves 5 de abril, falleció a la longeva edad de 82 años el director y productor de animación japonesa Isao Takahata.  Tras su muerte muchos no podemos dejar de recordar esas obras, entre series de televisión y películas, que hace rato ya forman parte de algunos de los mejores recuerdos de nuestra vida.  Es así que en mi caso particular (y de mucha gente que conozco), desde mi más tierna infancia Takahata consiguió en más de una ocasión emocionarme con la belleza de sus creaciones, siendo una de las personas que logró encantarme para siempre con las historias y con el tipo de arte del cual sin dudas este fue uno de sus maestros.
     Más de una vez me han preguntado de dónde viene mi amor hacia la literatura o cómo fue que me interesé por la lectura, siendo que además provengo de una familia en la que generalmente salvo mi abuelito Daniel y mi tía Elsa maternos, no tenía quienes estimularan mi atracción al respecto…Aunque suene paradójico, fue la llamada “cajita tonta” la que me llevó a acercarme a los grandes narradores y sus obras, gracias a las producciones que vi desde muy pequeño en su pantalla y luego enterarme de que estaban basadas en libros.  Dos de esas ficciones en particular me impactaron demasiado, tanto por la belleza de su puesta en escena, como por el dramatismo que poseían y que para una mente sensible como la que tenía en aquel tiempo, se quedaron para siempre en mi memoria y corazón: las versiones en anime de dos clásicos infantiles de la literatura europea, Heidi (de 1974) sobre la novela homónima de Juana Spyri y Marco (de 1975) sobre el cuento De los Apeninos a los Andes contenido en el libro Corazón de Edmondo de Amecis.  Estas fueron los dos grandes shows que dirigidos en un principio al público menor edad, consiguieron demostrarme el verdadero poder de una historia potente, para llevarnos a través de la imaginación a otras realidades y, de paso, enseñarnos a conocer la vastedad de nuestra propia humanidad.
Me quedo con estas dos
grandes obras suyas.
     Ambos programas de más de 50 episodios cada uno fueron realizados por Isao Takahata, quien  los dirigió, participando junto a su amigo Hayao Miyasaki y luego socio con quien con posterioridad fundó el famoso estudio Ghibli en 1985.  Mis coetáneos o que ya tienen más de tres décadas (o cuatro)  en este mundo, bien saben de qué tratan Heidi y Marco.  La primera de ellas nos cuenta las vivencias de una dulce niña huérfana, cuya tutora, su única tía consanguínea, la deja junto al otro familiar vivo que le queda, su abuelo, viviendo en los Alpes suizos.  La mujer que no tiene mayor apego por la pequeña ha tomado esta decisión, porque es la única manera que tiene para acceder a una buena oportunidad de trabajo; sin dudarlo en la práctica abandona a la chiquilla, con un hombre que ni siquiera la conocía, pues este era famoso por ser un cascarrabias y casi un ermitaño, habiendo perdido relación con su hijo, el padre muerto de Heidi.  El viejo no tiene elección y la acepta a regañadientes, siendo que en contra de su voluntad el amor de la niña comienza a convertirlo en una mejor persona, volviéndose ambos una verdadera familia feliz.  No obstante el drama llega hasta ellos, cuando la tía Dette regresa para llevarse consigo a Heidi, ya que según ella ahora  puede darle una buena educación y comodidades en la ciudad; pero la verdad de todo es que quiere que su parienta acompañe a Clara, una niña inválida de una familia pudiente para la que esta trabaje.  Pese a todo Clara posee de igual manera un corazón noble y las muchachas se hacen amigas, aunque viven bajo la sombra de la amargada y estricta institutriz señorita Rottenmeier, quien les hace pasar varias penurias.  Mucho pasa en esta historia llena de personajes inolvidables y que a más de un niño y adulto en su momento (como en el presente), les partió el corazón hasta las lágrimas.
     Marco es la historia de otro chico, esta vez de un italiano nacido en el seno de una familia cariñosa, aunque con serios problemas económicos; es así que sus padres toman la determinación de que la madre acepte un trabajo, puertas adentro, nada menos que en Argentina, viajando hasta tan lejano lugar para ellos.  Los que se han quedado sin la matriarca aprenden a vivir sin ella, quien al menos les envía cartas de manera regular, hasta que un día estas dejan de llegar y entonces el temor de haberla perdido para siempre se cierne sobre ellos; es así que el voluntarioso Marco decide emprender un peligroso viaje para ir en pos de su madre, en la práctica sin dinero y nada más que su valor y el enorme amor que siente hacia su progenitora.  En el camino se encuentra con un montón de personajes increíbles, entre nuevos amigos que le ayudan en su odisea y otros para nada de fiar.
      De niño me gustaba cantar (y dicen que lo hacía bien), habiéndome aprendido la hermosa canción de los créditos de apertura de Marco, que realizó la compañía encargada del doblaje al español para Latinoamérica.  Formaba parte de mi repertorio junto con los temas de Candy, Candy y las canciones del grupo de música infantil Mazapán, que interpretaba para las visitas que venían a casa, así como cuando participé en un concurso de canto en uno de los colegios en que estudié en la enseñanza básica (¿Les conté esa historia ya?). Aún me la sé y a veces la canto (ya no con la voz angelical de ille tempore) cuando me llega la nostalgia.


                                                    La inolvidable intro latina de Marco.

     Otras series que realizó Takahata fueron Lupin III (1971) que nunca vi, pero que sí tuve el agrado de conocer a su protagonista gracias al filme de Hayao Miysaki El Castillo de Cagliostro (1979).  De igual manera suyo es otra adaptación a este formato de Ana de las tejas verdes, también sobre una obra literaria infantil europea, aunque lamentablemente todavía pendiente para mí.
      Amparado por el legendario estudio de animación nipón de Toei, en 1969 estuvo al mando de su primera película, Las aventuras de Hols: Príncipe del Sol.  Su argumento gira en torno a un chico cercano a la preadolescencia, que consigue una espada mágica, tras quitársela a un gigante de piedra que la tenía clavada como si se tratara de una espina en su tremendo cuerpo.  Esta arma de carácter místico le permite enfrentarse a los enemigos de su pueblo aislado de la civilización, en un mundo propio de la fantasía épica de ambientación más o menos europea.  El filme lo vi hace años, en el cual más encima también participó Miyasaki, y me gustó mucho por su tono clásico, con esa animación de antaño que aún en aquellos tiempos era tan cuidada.  Ya es tiempo de que la vuelva a ver y ahora la disfrute junto a mi sobrinito Amilcar.
      Las aventuras de Panda y sus amigos (1972) y Goshu, el violoncelista (1982) aún no las he visto, siendo que la segunda de ellas hace rato que la tengo.  Como ambas son de carácter familiar, supongo son ideales para seguir mostrándole a mi regalón buen cine de este tipo, que no todo son superhéroes ¿Cierto?
      5 en total fueron las cintas que hizo Takahata para Ghibli, siendo lejos la más famosa (que no sé si la mejor), la primera de ellas: La tumba de las luciérnagas (1988).  Basada en la novela de un compatriota suyo, pese a tener de protagonista a dos hermanitos, un niño (el mayor) y una niña (la menor), para nada es una obra como para ver con los más pequeños ¿Por qué razón? Pues debido a que pese a lo hermoso de su factura y el tremendo guión que posee, es un terrible drama sobre estos, en medio de un Japón devastado por la Segunda Guerra Mundial.  Desde un principio sabemos al comenzar este largometraje, que lo contado en ella nos estremecerá, ya que tras encontrarnos con uno de sus dos protagonistas sumido en la miseria y la soledad, la narración se remonta a su pasado y que primero se presenta como una efímera Edad Dorada para este y su familia.  Los horrores del conflicto bélico, en el que los niños son las víctimas de los errores de los grandes, los convierten en unos de los tantos huérfanos de la guerra.  Sin embargo se tienen a ambos para superar todo y pareciera que el amor entre ellos puede derrotar la desgracia del medio en que viven; no obstante, como se trata de una obra que pretende retratar de manera descarnada este momento del orgulloso Japón, pese a toda su poesía visual y a cierto elemento sobrenatural, no basta con ello y los niños poco a poco van cayendo en el pozo que los adultos han ido construyendo con sus egoísmos.  Bajo estos hermanitos se haya presente el símbolo de la esperanza de las nuevas generaciones de su país que, tal como la de otros pueblos que han sufrido la guerra, estuvo a punto de perderse.  Sin dudas que cicatrices así quedan para siempre en la piel de un pueblo y su gente.  Creo que es imposible no sobrecogerse con esta película, que está considera entre lo más sublime del séptimo arte japonés.  Por otro lado, todo es más doloroso, porque los niños que protagonizan esta historia están caracterizados de tal manera, que en efecto uno haya en ellos la delicadeza, inocencia, felicidad y desamparo que solo en ellos podemos hallar. Por último, su música es igualmente de conmovedora.


                                                   Tráiler de La tumba de las luciérnagas.

     En 1991 se lanzó Recuerdos del Ayer, que aborda el viaje físico y espiritual, este último a través de la memoria, por parte de una veinteañera, a su pueblo natal para tomarse unas vacaciones.  El contraste entre el Japón de la ciudad y moderno, con el del lugar que vio nacer a la protagonista, aún anclado a muchas de las tradiciones del país, presenta un tema caro a las películas de Isao Takahata en sus trabajos para Ghibli: la valorización de la vida sencilla, bucólica o de fuertes lazos familiares entre sus personajes, que ya en La tumba de las luciérnagas encontramos.
     Mucho más conocida y valorada entre sus seguidores y cinéfilos amantes del anime, viene a ser Pompoko (1994), filme que en sus elementos panteístas y/o sintoístas (o ecologistas, si queremos usar un término más sencillo y conocido por todo el mundo), recuerda bastante al de su compañero Miyasaki.  Es así que tomando conceptos propios de la mitología japonesa y su folclor, tiene como protagonistas a un clan de mapaches, que para sobrevivir a los avances del mundo de los humanos, que están arrasando con su ecosistema, deben hacerse pasar por hombres e involucrarse en una guerra contra estos, con el propósito de defender su tierra.  Entremedio se encuentros los más astutos zorros, con poderes parecidos a ellos, pero que han optado por vivir con la humanidad camuflados (hasta cierto punto renegando de su naturaleza animal).  No puede ignorarse el discurso de defensa de aldea y menosprecio de ciudad, que además haya su reflejo en tantos casos parecidos, donde pueblos autóctonos y culturas nativas, han sufrido por los adelantos de la modernidad.
     De 1999 data Mis vecinos los Yamada, una obra que se supone en un principio una comedia acerca de una familia tradicional moderna japonesa, realizada en base a pequeños gags y que tienen a distintos de sus miembros como protagonistas, así como usando una animación más básica y caricaturesca que otros trabajos del estudio.  Bien puede ser considerada como el título menos logrado de su director, como también de Ghibli, aunque no por ello deja de provocar más de una risa y llevarnos a una que otra reflexión; por otro lado, no es despreciable su carácter satírico sobre cómo era la sociedad nipona en aquellos tiempos y que pese a su carácter costumbrista, puede reflejar lo que pasa incluso en familias de otras culturas.
      Alrededor de una hora no más me terminé de ver El cuento de la princesa Kaguya (2013), la despedida de nuestro sensei cuando ya sobrepasaba los setenta años de edad.  Basada en una historia tradicional de su nación, es una cinta en verdad preciosa y de más de dos horas de duración, que regresa a Takahata a las temáticas fantásticas, aunque sin dejar de lado su interés por el apego al costumbrismo japonés.  Tuve el gusto de verla con Amilcar, que me la descargué en HD en un excelente doblaje hecho en México, para que mi niño la pudiese apreciar sin problemas y pese a que en determinados momentos su ritmo pausado a ratos lo sobrepasó, no dejó de acaparar su atención (así como la de este mismo servidor).


                                              Tráiler de El cuento de la princesa Kaguya.

     Es la historia de una niña encontrada por un anciano campesino de las montañas, en medio de una caña de bambú.  La muchachita vestida como una princesa tradicional cabe en las palmas de sus manos, pero luego se convierte en un bebé de tamaño normal y rápidamente comienza a crecer hasta llegar a la adolescencia.  En la montaña su vida es feliz junto a sus padres adoptivos (que no dejaron de acordarme hasta cierto punto a Pa y Ma Kent, de los cómics de Superman), llegando a formar parte de un grupo de amigos en el cual ella es la única chica y donde el líder es un chico mayor, lo que a todos nos hace creer que entre los dos habrá un romance.  Sin embargo, todo cambia cuando la introducción de nuevas maravillas provenientes del mismo bosque de bambú, de donde la niña apareció, hacen que ambos padres se vayan con ella a la ciudad para darle una vida de lujos y convertirla en la princesa que pensaban estaba destinada a ser.  Allí varios hombres poderosos pretenden su mano, aunque la protagonista nunca vuelve a ser dichosa como antes, con lo que comienza el drama.  Con posterioridad se revela el origen de Kaguya, que trae más penas que nunca.
     Ambientada en el Japón feudal más o menos, esta obra trae a colación varios temas interesantes a tener en cuenta, muchos de ellos ya trabajados por su autor como las nociones de la familia, el respeto hacia la naturaleza y el apego a la vida sencilla.  Pero también es grato encontrar en ella la noción acerca de la búsqueda de la felicidad, que en algunos personajes se encuentran en la libertad para ser uno mismo sin trabas (como bien sucede con la protagonista) o los bienes materiales (el padre adoptivo de Kaguya).  
      Asimismo, la recreación de las tradiciones y costumbres de un Japón antiguo tan exótico y atractivo a muchos ojos gaijin (extranjeros en lengua nipona), viene a ser otra de sus virtudes, tal como resulta ser valioso el acompañamiento musical, que esta vez estuvo a cargo del connotado compositor Jao Hisaishi (habitual colaborador de Hayao Miysaki); respecto a la banda sonora, acá encontramos además varias canciones tradicionales de su país, que ayudan a conocer mejor la enorme riqueza cultural del País del Son Naciente.
       Por último, el desenlace de este largometraje es sin dudas inesperado, bello y hecho con tal delicadeza, que junto a La tumba de las luciérnagas, cierra el círculo con lo mejor de Isao Takahata para su paso por Ghibli.

Precioso homenaje en cómic a Isao Takahata.

jueves, 5 de abril de 2018

El otro Gaiman de Vertigo (segunda parte): La Cruzada de los Niños.


   El nombre de esta novela gráfica hace referencia a un oscuro episodio de la Edad Media, que pese a su carácter de leyenda, en realidad en toda su crudeza corresponde a un verdadero hecho que ocurrió durante el siglo XIII.  En pocas palabras, se trata de un intento más de rescatar la llamada Ciudad Santa de Jerusalén (por ser en ella donde nació, vivió, murió y resucitó Jesús para la cristiandad) a manos de los musulmanes; no obstante, en esta ocasión un gran número de menores realizaron un gran viaje desde Alemania y otras zonas de Europa, navegando por el mar con la intención de lograr lo que las armas no pudieron, que según uno o más supuestos niños “santos” afirmaron que el mismísimo Cristo les había revelado que ese era el medio para lograr la rendición.  Sin embargo, la mayor parte de los chicos murió en el camino y los que sobrevivieron el viaje por mar fueron vendidos como esclavos.  Así de triste.
     Era el año de 1993, cuando el ya prestigioso sello para adultos de DC, Vertigo, llevaba cosechando varios éxitos de crítica y público.  Dirigido por una dama con altura de miras, Karen Berger, se les ocurrió a sus responsables realizar algo nunca antes llevado a cabo en sus oficinas y siguiendo el ejemplo de las colecciones más clásicas de la editorial: anuales en las cuales sus series se unieran a través de una historia en común, de modo que sus personajes pudiesen interactuar entre sí.  Fue la única vez en que se hizo tal hazaña en todo Vertigo, encomendándose la tarea a Neil Gaiman, quien orquestó otra obra inolvidable, que no deja de plasmar muchas de las características de su prosa: una rica cultura general e ingenio para usar sus conocimientos al respecto como materia prima de sus ficciones, herederas de la más rancia fantasía inglesa y tradicional en general, un emotivo lirismo, humor, uno que otro agregado macabro y personajes memorables. 
     Este proyectó se orquestó hasta cierto punto para hacerlo colaborativo, no solo por el hecho de que, como era de suponer, el apartado gráfico estaría a cargo de un dibujante que fuese lo suficientemente capaz como para plasmar en imágenes los sueños y pesadillas del inglés, siendo en este caso Chris Bachalo, sino porque se invitó a otros dos guionistas, Alisa Kwitney (hija de nada menos que del famoso escritor de ciencia ficción Robert Sheckley y que posteriormente también fue editora de Vertigo), el connotado guionista Jamie Delano (que por entonces llevaba la cabecera de Hellblazer, uno de los mayores éxitos de la empresa) y el dibujante Peter Snejbjerg.  Los tres últimos participaron en la segunda parte de la saga y/o novela gráfica conocida como, justamente, La Cruzada de los Niños, ya que Gaiman solo se encargó de llevar a cabo la primera parte y escribió unos cuantos momentos de la segunda.

    
       No faltan quienes sostienen que esta es una obra irregular, debido justamente al cambio entre la primera y la segunda parte de sus escritores.  No obstante, para este humilde servidor la pérdida de calidad en la obra, más se debió al cambio de dibujante entre una parte y otra; y es que si bien considero que al arte de Bachalo no es muy de mi agrado, por los extraños rostros que dibuja, entre otros detalles que a veces pareciera lo hiciera todo muy rápido, su sucesor sí que tiene un trazo que cae en lo verdaderamente feo en muchas viñetas y que no es lo que uno esperaría para obra como esta.  Sin embargo, frente a la idea masiva de que La Cruzada de los Niños está incompleta por faltarle cierta cohesión, no hace mucho, en 2015 (hartos años después de que saliera publicada esta novela gráfica por primera vez), se le agregó nuevo material para llenar los supuestos vacíos en su argumento.   Esta versión “mejorada” tuvo el aporte de los guionistas Toby Litt, y Rachel Pollack, quienes contaron con los dibujos de Al Davison.  Para esta ocasión se realizó un tercer capítulo intermedio, de modo de hacer de nexo entre las partes originales y se redondeó el final.  Esta reedición del cómic que hoy nos reúne se llama El País Libre: un relato de la cruzada de los niños.
     El argumento de la obra que hoy nos reúne, que corresponde además a la segunda novela gráfica contenida en el primer volumen de Leyendas del Abismo, dedicada en su conjunto a algunos títulos escritos por Neil Gaiman para Vertigo, fuera de su trabajo en la serie de The Sandman, trata de lo siguiente: En un pequeño pueblo inglés han desaparecido todos los niños, quedando tan solo una muchachita que por fortuna cuando sucedió esto se encontraba de visita en otro lugar.  La niña con esa inocencia dulce que caracteriza a los de su edad (sí, Gaiman sin dudas también es capaz de construir personajes infantiles de gran verosimilitud), llega hasta lo que parece una casa abandonada, donde otros dos menores tienen su supuesta oficina de detectives privados para pedirle que encuentren a su hermano menor.  Los chicos a los que acude resultan ser mucho más que dos simples infantes, que juegan a ser como Sherlock Holmes (la historia ocurre en Inglaterra y el famoso detective creado por Sir Arthur Conan Doyle, no es el único de los investigadores literarios famosos en ser mencionados por el curioso par de amigos), quienes en efecto logran dar con el paradero del chiquillo y, como no, de los demás.  Es entonces que se descubre de una manera muy especial lo que en verdad pasó, llegando nuestros héroes a un mundo fronterizo entre nuestra realidad y otras, llamado el País Libre.

Algunas de las viñetas (de entre las bellas) de Chris Bachalo.

     Gaiman recrea de una manera muy especial el clásico cuento del Flautista de Hamelín, otorgándole a su origen un tono tétrico e incluso terrorífico, en una historia que para nada está dirigida a los más pequeños, puesto que como se trata de un cómic de Vertigo, hay violencia y muertes espantosas (sí, de niños, como no).  También el mismo País Libre nos recuerda bastante al País de Nunca Jamás, que aparece en las historias de Peter Pan, ya que se trata de un lugar habitado en exclusiva por menores de edad y donde estos viven sin la supervisión de adultos, libres de las preocupaciones de la vida “normal”.  En este sentido, una vez que se instala en la trama el conflicto entre volver a no a donde los adultos, donde sin duda muchos de los chicos sufrieron las injusticias cometidas por los mayores, resulta difícil que un lector crítico no vea detrás de esto un llamado a valorar la infancia y la negación a crecer (esta misma idea, hasta cierto punto, la veremos en su novela de terror infantil-esta vez sí escrita pensando en lectores pequeños- Coraline).
     La mencionada Cruzada de los Niños entra en escena, debido a que muchos de los chicos que en estas páginas aparecen estuvieron involucradas en ella.  Es así que en pequeños agregados se cuentan por separados las vicisitudes de varios de ellos, con una crudeza y también belleza que no dejan de impactar.
     En esta obra intervienen varios personajes infantiles de las colecciones Vertigo, que en esos momentos se estaban editando, partiendo por Charles Rowland y Edwin Paine (¡Casi tocayo mío!), los dos jóvenes detectives a quienes el propio Gaiman creó para uno de los arcos argumentales de The Sandman.  Asimismo, aparece Suzy, el retoño más pequeño de Orquidea Negra, junto a Timothy Hunter, protagonista de la igualmente famosa serie de Los Libros de la Magia (de quien se dice es una copia y/o inspiración el Harry Potter de J. K. Rowling), todos ellos salidos de la imaginación de nuestro querido escritor.  De igual manera. podemos encontrarnos con otros dos personajes infantiles más o menos famosos de las series Vertigo: Maxine Baker, nada menos que la hija del superhéroe Animal Man, Dorothy Spinner, miembro de La Patrulla Condenada y Tefé de La Cosa del Pantano.

domingo, 1 de abril de 2018

Spielberg regresa a la ciencia ficción…y nos trae a Ernest Cline con él.



      Quien adora los grandes clásicos de la ciencia ficción y la fantasía  hollywoodenses, desde las décadas de los setenta hasta comienzos del presente siglo, no puede obviar en su propia lista de imprescindibles la contribución de Steven Spielberg, ya sea como director, guionista o productor.  Tan solo con mencionar cintas suyas como Encuentros del Tercer Tipo, E.T.E.,  la tetralogía de Indiana Jones, las dos primeras cintas de Jurassic Park o su hermosa versión de un cuento de Brian Aldiss con Inteligencia Artificial, nos faltan varios títulos suyos más (y eso que estamos dejando de lado su cine más emotivo y de carácter realista).  Pues durante años este veterano cineasta que ya supera los setentena (y que aún mantiene esa alma de niño que tanto adoramos), se había alejado de los géneros que le dieron fama entre los más ñoños, hasta que en 2016 regresó a las obras de carácter infantil, a través de la adaptación de una de las novelas de Roald Dahl con El Buen Amigo Gigante.  No obstante solo este año y a pocos días de haberse estrenado mundialmente, su versión de la novela Ready Player One de Ernest Cline, viene a ser sin dudas su verdadera vuelta al tipo de cine que más echábamos de menos de él.
      El libro que hoy en día hemos visto llevado a la pantalla en una multimillonaria producción, cuyos responsables bien han sabido sacarle el provecho suficiente, mucho le debe justamente a lo realizado por Spielberg en aquel tiempo…Especialmente en los nostálgicos años ochenta, razón por la cual este era uno de los candidatos ideales  para llevarla al formato audiovisual.  Y es que esta obra de ciencia ficción, que toma además muchos elementos del ciberpunk, se trata de un increíble homenaje a la cultura popular de aquellos años, como igual al de otras épocas, a través de títulos y figuras icónicas salidos del cine, las series de televisión, los cómics, los viejojuegos y la música popular.  
     La trama de esta obra gira en torno al adolescente Wade Watts, quien bajo su avatar cibernético de Parzival anda detrás del llamado Huevo de Pascua, que le permitirá ser el dueño de la empresa más poderosa en su casi devastado mundo: OASIS, una industria que ha desarrollado una tecnología de realidad virtual tal, que en ella todo es posible y en la práctica toda la gente depende de ella como usuario.  Es así que dentro de la red, que implica un montón de mundos temáticos de todo tipo, debe superar junto a otros millones de participantes las pruebas para conseguir su objetivo, las que implican conocer y dominar las obsesiones del mismo creador de OASIS.  Entre medio se encuentran sus amigos, jugadores expertos como él y más o menos de su misma edad, además de una chica de la que termina por enamorarse y quien también le corresponde.  El cuadro no podría completarse sin la presencia de villanos, en este caso liderados por Nolan Sorrento, el mandamás de una organización tecnológica que busca conseguir el control de todo, a través OASIS misma.
     Ya en su momento me referí más o menos en profundidad al libro, que disfruté como pocos y cuyo post fue nada menos que mi entrada número 400; así que no ahondaré más en detalles acerca de esta tremenda historia y las virtudes de sus personajes.  Pero sí haré mis observaciones de rigor a esta adaptación, que me gustó bastante y que ahora me mueve a escribir estas líneas.
      En casi dos horas y media se nos presenta lo que hace unos años atrás Cline imaginó, como fanático de esos cientos o miles de referencias que son tan caras a muchos de nosotros.  Pues su opera prima no solo es una novela de ciencia ficción, que logra acaparar la atención de los amantes del género en su variante literaria, sino que es mucho más disfrutada por aquellos que adoramos estas mencionadas manifestaciones populares.  En el guión adaptado estuvo el propio autor, quien junto a dos compañeros en dicha labor, ayudó a mantener varios de los mejores elementos de su libro.  Redacto esta crítica como admirador de la novela en sí, quien como ya dije más arriba quedó muy contento con el largometraje a cargo de Spielberg, razón por la cual me es casi imposible no tener en cuenta las similitudes y diferencias entre texto y filme…Pero démosle mejor.
      En esta ocasión se redujo la edad de varios de los protagonistas del libro, esto es desde su protagonista hasta sus compañeros jugadores, quizás con ellos queriendo abarcar mayor cantidad de espectadores, al querer provocar la típica identificación con los personajes en cuanto a intereses.  De igual manera se suavizaron varios elementos del libro, entre ellos el del lesbianismo de uno de los personajes secundarios, optándose por darle una imagen andrógina.  No obstante a través de todo esto se convierte, sin dudas, a los más jóvenes en los héroes absolutos de la trama, quienes vienen a ser la esperanza como una generación llena de ideales, en medio de un mundo donde los adultos son los responsables de llevar al planeta casi a la perdición.  De este modo muchos de los mayores o bien son presentados como amenazantes o como personas preocupadas solo de su propio placer, mientras que son los menores quienes logran en realidad entender al siempre niño James Halliday, al darse cuenta de que hay un enemigo en común y que la lucha por conseguir el preciado Huevo de Pascua, en realidad consiste en obtener un mundo mejor para todos.
      Siguiendo con esta nueva oportunidad que representan los jóvenes, que no liderados, pero sí que acompañan a Wade en sus hazañas, esta adaptación hace hincapié en  la necesidad de trabajar unidos para conseguir un bien común.  Es así que Samantha Cook/Art3mis acá, a diferencia del libro, comanda todo un equipo que con ella busca derrotar a los malvados de IOI, quien luego decide aunar fuerzas con Wade y otros más para lograr todo esto.  En cambio los de la nombrada organización, ni con todos sus millones y empleados, pueden tener triunfos de peso, porque es solo considerando al otro como a un par que las victorias valen la pena.  De este modo, la cinta, mucho más que el libro, dentro de las virtudes que ensalza se encuentra la amistad, que junto a la solidaridad, el honor y la lealtad son los pilares para conseguir una vida plena, en medio de una sociedad corrompida por la apatía y la desesperanza.
      Fui a ver esta película junta a tres queridos amigos, Marlo, Luciano y Moncho.  Los dos últimos leyeron y gozaron la novela como yo y si bien nos dimos cuenta de los cambios que hicieron en el traslado a la pantalla grande de sus páginas, quedamos más que satisfechos; puesto que había mucho de ellas y entre los nuevos agregados, todo iba en consonancia con el sentido del texto mismo.  Aparecen un montón de personajes ficticios y obras tributadas por Ernest Cline.  No obstante prefiero darle la oportunidad a cada uno de descubrir cuáles aparecen en el filme, siendo que de seguro habrá que volver a verla y repetírsela, para encontrar otros caracteres que en un principio se le escaparon a uno.



                                         Reconozcan los afiches famosos que tributan estos otros.

     Hace rato que dejé de ser un fan de los videojuegos, pero reconocí varios dentro de los que salen en Ready Player One, que hasta mis primeros años de universidad ocupé muchas horas obsesionado, hasta altas horas de la noche frente a una consola...Eso sí, sigo amando al séptimo arte y por esa misma razón cuando los protagonistas entraron a la reproducción de una de mis cintas favoritas, fue cuando creí volverme loco de alegría ¿De qué título estamos hablando? Pues de nada menos que de El Resplandor, la adaptación de la novela homónima de Stephen King, que Stanley Kubrick hizo a principios de los ochenta y que tanto ha dado para hablar entre sus incondicionales, ya sea de esta obra misma, como de los de Kubrick, los de King y los cinéfilos en general.  En el libro esto sucede con otra película de esa época, aunque la elección en el cambio fue más que ingeniosa, gracias a toda la adrenalina que implicó la recreación de los horrores del malogrado Hotel Overlook.  Asimismo, hay una carga de terror entre medio, mezclada con el humor bastante presente en Ready Player One, que por mi parte me ha llevado a preguntarme si llevo al cine o no a mi sobrinito Amilcar a verla o espero un tiempo más (cuando le salga pelo en el pecho como bien me gusta decirle).
     Ver el largometraje que hoy nos reúne es toda una delicia para los sentidos, en especial con sus cuidados diseños, entre los avatares que usan sus protagonistas y que sin dudas representan cómo son en la vida real; también por el uso de “marcas registradas” y los distintos mundos y escenarios que aparecen.  Las escenas de persecución en la realidad virtual y en el mundo real, también ayudan harto a sumirse dentro de todo esto, que las pruebas por las que deben pasar los personajes son dignas de las grandes historias, que encontramos en los clásicos antiguos y modernos. Y con todo esto en el menú para degustar sin culpa, como todo un ñoño de corazón, se encuentra la importante presencia de un acompañamiento musical adecuado.  Es cierto que acá hay varias canciones ochenteras y de otros periodos, bastante famosas, pero un filme como este no puede dejar de tener una banda sonora incidental adecuada.  Al respecto, quienes manejamos el cine de Steven Spielberg, sabemos desde hace rato que en materia de “música para películas”, este ha trabajado en más del 90% de su filmografía con John Williams y sin embargo Ready Player One es una de las excepciones en la carrera de ambos.  La verdad es que considero que haya sido Alan Silvestri el encargado de llevar a cabo esta labor y no su colega, algo mucho más aceptable para este caso, ya que no solo está el destacado detalle de que fue este quien realizó el soundtrack de la recordada trilogía de Volver al Futuro, homenajeada por el auto que usa Wade como Parzival en OASIS, el mismísimo DeLorean, así como la escena del llamado “Cubo Zemeckis” y el uso de parte de la misma banda sonora de Silvestri para la primera de estas cintas; pues el músico también fue el responsable de muchas de las películas, que forman parte del ideario pop del cine ochentero.
     Esta película puede ser disfrutada por toda la familia y posee un público diverso, que como ya habrá quedado claro, llega a la gente teniendo en cuenta sus diversos intereses.  Es digna de verla más de una vez, que de seguro más de un detalle se nos escapa en una primera impresión; así que con tanta repetición y recomendaciones ya es todo un éxito, como también un futuro clásico del cine de ciencia ficción, que no deja de abordar los grandes temas de la vida.

                                                        
                                                                 Uno de los trailers.
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