sábado, 25 de marzo de 2017

Un sentido homenaje a Ray Harryhausen.


      Una de las pocas películas que vi de niño en el cine, fue nada menos que la clásica Furia de Titanes de 1981, cuando tenía si no 6 años, 7.  Fue el primer filme de carácter fantástico y de “imagen real” que vi en grande, siendo que más encima el cine al que asistí pertenecía a la popular modalidad de aquel entonces llamada como Cinerama y que consistía en una pantalla curva que creaba sin dudas una sensación mucho más impactante que en el caso de las planas.  Aquella vez salí con mi hermana menor, nuestra única sobrina por aquel entonces (quien tenía un año más que Jenny y uno menos que yo) y mis dos hermanas gemelas ya adultas (cercanas a los veinte).  Ante tanto monstruo mitológico, en especial Medusa y el Kraken (que mucho tiempo después supe en realidad, había sido tomado prestado de otras historias, para nada griegas y con respecto al mito de Perseo que el resto de la cinta adaptaba) siendo tan sugestionable a tan temprana edad me fue imposible no aterrarme; recuerdo haberme tapado los ojos y puesto a llorar en más de una ocasión, en especial cuando la criatura marina se veía tan gigantesca al salir de las aguas.   Por un largo periodo recordé aun así con mucho cariño este largometraje, que no pude repetírmelo hasta que ya era un adolescente, una tarde dominguera y con mucha dicha.  Luego la magia del DVD (¡Y pirata más encima gracias a un amigo!) la volví a gozar como adulto.  Ahora, cuando escribo estas líneas, es el momento de reencontrarme con ella junto a mi sobrinito Amilcar (de 7 años y mucho más acostumbrado que yo, a esa misma edad en el siglo pasado, a estos espectáculos de monstruosidades).
       Ya era un hombre hecho y derecho cuando supe que el responsable de esos efectos especiales y hermoso diseños, de tantas bestias fabulosas, era un hombre llamado Ray Harryhausen (1920-2013).  A este durante toda mi vida hasta entonces, le debía algunos de los recuerdos más valiosos de mi cercanía con el cine fantástico y de ciencia ficción.  Hoy en día este maestro, hombre digno de los mayores elogios como todo un artesano de la magia del séptimo arte, es sinónimo del llamado stop motion (técnica de la cual se convirtió en su máximo exponente y que en la actualidad aún sigue inspirando a gente como Tim Burton, pese a los actuales adelantos técnicos, que han desplazado a la añoranza a esta otra manera de jugar con el ensueño de las imágenes).  En pocas palabras, esta manera de hacer efectos especiales consiste en crear pequeñas figuras y filmarlas de tal manera, que moviéndolas de forma manual frente a la cámara, tras correr rápido la cinta dan la ilusión de movimiento como si estuviesen vivas.
        Justamente Furia de Titanes fue el último gran título hecho en este formato y la despedida de su gestor, tras su larga carrera fílmica desde que era muy joven, haciendo estas obras.  Debe saberse que si bien primero trabajaba de asalariado para otros, una vez que alcanzó la suficiente notoriedad y consiguió cierta independencia económica, tras hacer los borradores de sus propias historias, pudo producirlas y hasta escoger a los directores que llevaran a cabo sus fantasías, a la par de encargarse él mismo de diseñar a los monstruos, como darles “vida”.


Trailer "vintage" de Furia de Titanes.

        Aparte de la película mencionada, recuerdo de pequeño haber visto en la tele junto a mi familia y muy entusiasmado Jason y los Argonautas (1963), que desde que tengo memoria siempre me ha fascinado la mitología grecolatina; el recuerdo de la batalla contra los esqueletos y la aparición de Hércules (desde chico, junto con el Rey Arturo uno de mis dos héroes de épocas pretéritas favoritos), hizo huella en mí.  Años después, en los últimos semestres de mi época universitaria, mi querida amiga Cecilia Navia, quien me grababa en VHS todas las joyitas que dieran en el cable y que bien sabía eran del gusto de nuestro grupo Acronía, me la regaló en una de esas cintas que tanto atesorábamos en aquellos años. No obstante es  El Valle de Gwangi (1969), el recuerdo al cual tengo más afecto de estos dos, pues al tratarse de una mezcla de western y ciencia ficción, que disfruté junto a mi papá y quien me traspasó su amor por el Lejano Oeste, la he relacionado en todo momento con él, como una de las oportunidades en que ambos compartimos el deleite del séptimo arte.
        Aún en la segunda década del siglo XXI y cuando los efectos especiales han llegado a tal nivel de realismo, gracias al uso de las técnicas computacionales más sofisticadas, el trabajo más artesanal de gente como Harryhausen sigue despertando el interés de los fanáticos que en su infancia o juventud, creían que lo visto en estos títulos era verdad; no obstante lo mismo sucede con las nuevas generaciones de cinéfilos y artistas, a quienes los inspira para mantener viva tan rancia tradición.  Ello bien se puede comprobar con tan bellas producciones actuales como El Extraño Mundo de Jack (1993), Jim y el Durazno Gigante (1996),  El Cadáver de la Novia (2006), Coraline (2009), Boxtrolls (2014) y Kubo y las dos cuerdas (2016), por mencionar algunas.
        Pues ante el poder de la figura de Ray Harryhausen en el imaginario colectivo (imposible olvidar el tributo hecho por la gente de Pixar en Monsters Inc de 2001, cuando sus protagonistas, que por supuesto son monstruos, van al “exclusivo” restorán llamado nada menos que  Harryhausen’s; mientras que en Frankenweenie de 2012, también de Burton, uno de los personajes toca música en un piano de marca  Harryhausen), no podían faltar libros dedicados a su trabajo y es así que en nuestra lengua en el año 2010, salió un hermoso estudio hecho por Carlos Díaz Maroto e imprescindible para todo fan suyo: Ray Harryhausen, Mago del stop-motion.
        Publicado por Calamar Ediciones, se trata de un hermoso tomo de lujo, en tapa dura y que en la portada lleva a todo color un collage con imágenes de las películas de Harryhausen.  La contratapa muestra a Ray con una de sus criaturas más célebres.  Incluye además la clásica cinta roja para marcar dónde quedó la lectura, mientras que en su interior destacan las imágenes de gran calidad, entre escenas de los distintos filmes en los que trabajó, afiches (que incluso hay unos cuantos exóticos como de países tan dispares, tal cual la desaparecida nación de Checoslovaquia y Japón), imágenes publicitarias e incluso ilustraciones hechas por nada menos que Harryhausen, para usar de referencia en sus futuras obras.  Todo ello en abundancia para regocijo del fanático.  El autor contó nada menos que con el apoyo de la fundación encargada de mantener el legado del artista, creada por el mismo Harryhausen y su señora, quienes le prestaron más de algún dato exclusivo y material de primera.  De igual modo Díaz Maroto se documentó con un montón de otros textos especializados, entre libros, revistas y entrevistas para realizar este valioso libro, que no deja de exudar tanto amor y admiración por este genio de los efectos especiales.
Esta célebre foto de Ray Harryhausen aparece en la contratapa del libro.
         En casi 300 páginas, el autor ahonda en la filmografía de este ídolo y lo hace primero, como era de suponer con un breve y emotivo texto a manera de Presentación (una introducción en otras palabras), que deja más que claro su enamoramiento con el cine de antaño y con lo hecho por figuras como Ray Harryhausen (ya que nombra a otros en su listado).  El estupendo boceto a color de la Mujer Serpiente de Simbad y la Princesa (1958), de la mano del maestro, encabeza este primer apartado.
         Luego el capítulo I hace referencia a los antecedentes del cine antes de la carrera de  Harryhausen, mostrándonos el nacimiento del cine y su evolución, en especial en lo que se refiere a los efectos especiales.  No podía faltar el homenaje al hombre que inspiró a Ray y quien luego se transformó en su maestro, Willis O`Brian, responsable de verdaderas obras maestras del cine fantástico y de ciencia ficción en sus comienzos como  El Mundo Perdido (1925) y King Kong (1933).
       Posteriormente el capítulo II corresponde a una biografía de Harryhausen, que en unas pocas páginas no deja de maravillar por la interesante información que recoge; destaca en especial el relato sobre su infancia, ya como alguien que desde tan tierna edad estaba fascinado por los monstruos y que tuvo la bendición de contar con el apoyo de sus padres, quienes desde pequeño lo incentivaron a continuar con su pasión; más encima luego sus progenitores, cuando este ya era todo un profesional, participaban activamente en sus proyectos.
        El capítulo III nos hace referencia a un muy interesante momento en la existencia de Ray como “mago del stop-motion”, al señalarnos los varios cortometrajes que realizó antes de trabajar en el mundo más glamoroso del cine.  Estamos hablando de historias de carácter infantil, basadas en cuentos de hadas clásicos y otras narraciones más antiguas, que hizo con un fin didáctico, para ofrecerlas a los colegios y a la televisión (de hecho, estoy casi seguro que de pequeño, vi algunas de ellas en la clase y proyectadas con esas antiguas máquinas, parecidas a las que antes se usaban en el cine, con grandes cintas redondas).
        A partir del capítulo IV hasta el XIX, el escritor repasa película por película en la que participó Harryhausen, llevando de la mano al lector por este paseo por la nostalgia y a través de 16 cintas, que hoy en día están consideradas muchas de ellas entre lo más granado de su estilo.  Al leer esta parte del libro, una vez que comienza la enumeración de las producciones realizadas, ya al amparo de la independencia económica, llama la atención que muchas fueron rodadas en España, tal cual varios spaguetti westerns; ello sin dudas deja claro la impronta de la Madre Patria para el cine y en la belleza de sus paisajes.  Imposible resulta aburrirse con la pluma de Díaz Maroto, quien nos descubre todo un mundo de gratas sorpresas, al amparo de lo hecho por Ray Harryhausen.
        En cuanto al capítulo XX, en este se aborda la época en la que Harryhausen ya alejado del séptimo arte, contribuyó para proyectos de sus seguidores, entre ellos el darle término a uno de sus antiguos cortometrajes y que habían quedado inconclusos.
         Los dos últimos capítulos sinceramente son para agradecer.  El XXI trata sobre todas aquellos largometrajes que tuvo la intención de rodar, para los que hasta hizo bocetos, modelos, guiones y hasta filmó unas cuantas pruebas; corresponde a un enorme listado que no puede ser más atractivo y que hace a uno fantasear con lo genial que le habrían salido.  Entre estos proyectos no llevados a cabo, se cuentan una versión de La Guerra de los Mundos (era un apasionado por la literatura de H.G. Wells, de ahí a que haya realizado una adaptación de Los Primeros Hombres en la Luna), El Alimento de los Dioses, también de Wells y para mayor sorpresa, quiso hasta hacer adaptaciones de El Hobbit y de Conan.  Su interés por la literatura fantástica y de ciencia ficción, además de la mitología, sin dudas que dejan de manifiesto que Ray Harryhausen era un hombre muy culto, alguien que muchos querríamos haber conocido.
         Con respecto al capítulo XXII, es otro obsequio para los más ñoños de la casa, pues trata acerca de las adaptaciones al cómic de los filmes clásicos de Ray, como de posteriores versiones más actuales a este medio y que no pueden ser más curiosas.  En el caso de las versiones en historietas del siglo pasado, estuvo involucrado nada menos que Marvel Comics, encontrándose algunos de sus más renombrados artistas como Len Wein y John Buscema en tales trabajos.
         Tras este repaso por un libro, que lejos recomiendo a todos aquellos que alguna vez disfrutaron de estas cintas, como también de todo el que se considere tanto cinéfilo como amante de los géneros de la ciencia ficción y la fantasía, solo me queda agradecer a mi amigo Marcelo López y quien si no fuera porque me avisó de que se había topado con tal perla, no habría sabido de su existencia y tampoco lo habría gozado (mucho menos estaría escribiendo y publicando este post, je).

Una foto de antología.  De izquierda a derecha: Ray Harryhausen., Forrest J. Ackerman y Ray Bradbury.
Tres pesos pesados de la ciencia ficción, el terror y la fantasía.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Mi vida con Berni Wrightson.



     A medida que el tiempo corre (y nos vamos haciendo viejos), mientras permanecemos en esta tierra, vemos con pena cómo aquellos que fueron importante para nosotros nos dejan.   No siempre se trata de gente a la que hemos podido conocer en persona y con la cual hemos compartido nuestra intimidad, que en aquellos casos resulta más que dolorosa la despedida; pues si somos de aquella gente que a lo largo de su vida, ha llegado a admirar a alguien famoso, un artista digamos, la pérdida tras su partida sin dudas que puede ser penosa. 
     En los casi 6 años en que llevo escribiendo para este blog, me ha tocado manifestar mi pesar por la muerte de varias personalidades, que para mí se han convertido en personas valiosas, pese a que nuestros destinos solo se cruzaron de una manera más bien “espiritual” o estética por llamarlo de una forma.  Se trata de hombres (que hasta el momento no me ha tocado llorar por algunas de las damas que aprecio), que no solo para mí han sido una verdadera inspiración, sino que son responsables de horas de gozo al disfrutar de sus trabajos, ya sea como actores algunos, escritores otros y uno que otro caso ligado a ese mundo del espectáculo como Felipe Camiroaga (animador) y James Horner (compositor de bandas sonoras para cine).
     Y en lo que va del año, que aún no terminamos el tercer mes de este 2017, ya van tres los fallecidos entre las “estrellas” y a las que con pesar tributo en el Cubil del Cíclope.  En esta ocasión me toca rendirle homenaje póstumo a quien considero uno de mis dibujantes de cómics favoritos, Berni Wrightson, al cual sin saber aún su nombre, desde adolescente le debí tantas satisfacciones “horrorosas”.  No obstante el que lejos considero su mayor legado, de seguro por estar entre mis personajes favoritos del cómic (y al que hace rato le debo un post), viene a ser la Cosa del Pantano: un personaje de los cómics de horror de DC, que luego tanta relevancia ha llegado a tener dentro del universo deceísta.  Pero ya me referiré en otro momento y con mayor atención a esta cocreación suya, la cual comparte con otro de los grandes, Len Wein.
     Como he ido haciendo con estos post y a los que puesto el nombre genérico de Elegía dentro de las etiquetas, más que dedicarme a realizar una biografía sobre los responsables de estas líneas, prefiero compartir con ustedes un paseo por mi memoria personal, junto a mis acercamientos con quien motiva la entrada respectiva.  Y en el caso de Wrightson tengo mucho que decir, así que mejor démosle paso a la añoranza.
     Tan solo este recién pasado 19 de marzo, dejó este mundo Berni Wrightson, quien murió a los 68 años de edad víctima de un cáncer cerebral.  Debido al deterioro de su salud, a principios de este año hizo un comunicado público, en el cual anunciaba que se retiraba de las pistas; algo que por supuesto muchos lamentamos en ese momento, puesto que siempre uno espera que sus ídolos vivan eternamente y nos sigan deleitando con sus obras.  Y para quien no sepa lo que es una elegía, pues es un poema fúnebre, o sea, una obra lírica de lamento por la persona muerta.
     Creo que mi primer acercamiento a su obra, con respecto a que me haya quedado rondando en la cabeza y cuando era mucho más ignorante que ahora, fue con Creepshow (1982); quizás una de las mejores películas de George Romero y quien contó con el guión de Stephen King para la realización de esta cinta, que festeja los viejos cómics de terror de la desaparecida editorial EC.  Pues el filme muestra animaciones siguiendo el estilo de estas historietas, que la verdad no estoy seguro de si los dibujos fueron hechos por Wrightson; no obstante sí puedo asegurar que su hermoso afiche fue realizado por este artista y luego se encargó de la adaptación en novela gráfica de sus 5 historias, que sin dudas son todo un manjar para todos los que gustan del buen cómic del género. 
      Era un adolescente cuando gocé por primera vez con la cinta anterior y estaba en aquellos años cuando ya convertido en todo un incondicional de Stephen King, me vi Silver Bullet (1985), basada en una novelita “menor” del llamado Rey del Terror y la única historia que yo sepa haya escrito sobre hombres lobos.  A la fecha aún no leo el libro, que por años estuvo discontinuado en nuestra lengua, hasta que los editores españoles por fin se dignaron a sacar nuevas ediciones. ¡Y de hecho hoy en día uno hasta la puede comprar en versión pirata! (para que vean lo popular que se ha puesto este señor por acá).  Pues por fin adquirí esta obra en el transcurso del año pasado, en edición de bolsillo, aunque por supuesto original (eso sí, aún no lo leo, sorry).  Con el tiempo  me enteré de su génesis y la relación de este título con la labor “wrightsiana”: Una vez a Stephen King le ofrecieron que apoyara con sus escritos un muy singular calendario, dibujado por Wrightson, todo en el tono que a estos dos maestros los unía.  Y entonces King se entusiasmó más de la cuenta y al final realizó la historia que transcurre en un año entero, la cual al final fue ilustrada por el dibujante, que era un gran amigo y colaborador suyo  para entonces. Muchos consideran que lo mejor de esta novela corresponde a sus imágenes, aunque por lo que ya he admitido, todavía no me puedo hacer un juicio al respecto.
La heroica Madre Abigail según Wrightson
 de The Stand
      Estaba en mi último año como estudiante de la enseñanza media (lo que algunos países llaman secundaria) y al otro año me tocaba entrar a la universidad, cuando cumplí la mayoría de edad a los 18.  En las librerías que visitaba para puro “sufrir” viendo tantas joyitas, que bien habría querido conseguir, pero que solo una vez al mes con mi mesada que me gastaba entera podía en parte satisfacer, me encontré con una enorme edición en tapa dura de The Stand (1978-1994), de mi predilecto de siempre: Stephen King.  La enorme epopeya que en versión extendida alcanza lejos las más de mil páginas, fue publicada en español como Apocalipsis y anteriormente fue lanzada en estos lares como La Danza de la Muerte.  Era obvio que les pediría a mis padres tal regalo, que por algo estuve sacándome buenas notas durante todo el primer semestre (bueno, menos en matemáticas, que nunca me gustaron); además la celebración de mi nacimiento cae justo entre medio de finales de este periodo, justo al comenzar las vacaciones de invierno…Cuando abrí el obsequio (que fui a buscar con mi papá a la misma librería en la que me compraron It), me encontré con una enorme sorpresa…¡Estaba llena de preciosas ilustraciones! En esos años todavía  no sabía de su realizador y sin embargo se trataba de mi primera posesión de uno de sus trabajos (por lo tanto cuando por fin se hizo inestimable para mí, el tomo se hizo aún más valioso). A medida que iba avanzando en esa fantasía sobre el fin del mundo, cada dibujo que venía otorgaba a esta experiencia una nueva dimensión estética.  Mucho antes de la miniserie de Mick Garris (que tanto me gusta), fue Wrightson quien ayudó a darle forma a los espantos de este libro, uno de mis favoritos de su autor.
      Y entonces llegamos a mi etapa como universitario.  Estaba en mi segundo año en la enseñanza superior, luego de haberme cambiado de carrera tras estudiar primero Filosofía en 1994, y ahora en la carrera de Castellano (ambas como pedagogía), cuando entré al curso electivo de Ciencia Ficción y Física; si no me equivoco esta fue la primera cátedra “seria” y a nivel universitario, dedicada a este tipo de historias (si bien solo duraba un semestre, como todas las de este estilo, aunque llevaban nota),  impartida por el profesor Juan Espinoza (¿Qué será de él?).  Tuve la dicha de entrar en el debut de este curso y al término de este aprobar con nota máxima, convirtiéndome además en alumno ayudante del profesor.  Entre las grandes dichas que me deparó hacer este curso, estuvo conocer a dos de mis más queridos amigos: primero Miguel Acevedo (el mismo Mfkarlos del blog Le Dicen Poesía) y Roberto Díaz (Sardaukar del blog Disputas Quodlibetales).  Con el primero estuve en ese primer semestre y al segundo lo tuve de “alumno”, dándose la casualidad de que ambos eran compañeros de la carrera de Pedagogía en Historia y Geografía.  Mientras Miguel y yo estábamos cursando ese semestre inaugural, en nuestras conversaciones también compartimos nuestra devoción por los argumentos macabros…
     …Y entonces Miguel me prestó sus revistas Creepy, toda una leyenda dentro de las publicaciones de terror en materia de cómics.  Gracias a sus páginas pude conocer a Richard Corben y, como no, ahora por fin a Berni Wrightson con nombre y apellido (maravillándome además al darme cuenta de que lo ubicaba y solo faltaba que me lo presentaran).  Y entonces una de las historias que se cruzaron en mi camino fue nada menos que Jennifer (1974).  La historia sobre una especie de súcubo (demonio hembra que posee sexualmente a hombres), me sobrecogió más allá de su drama tan intenso… ¡Lo realizado por el caricaturista era soberbio y tan realista aún en su horror más extremo! Nunca olvidaré ese rostro de pesadilla que acompaña a un cuerpo femenino suculento.  Años después el otro maestro del terror, Dario Argento, realizó una soberbia adaptación de esta historieta.


Trailer de Jennifer (con escenas calcadas a las viñetas hechas por Berni).

      Berni y yo ya teníamos nuestro pasado juntos, cuando me pasó algo que con vergüenza debo confesarles.  No recuerdo bien cuál fue la razón, pero durante unas vacaciones de verano en mi época de universitario, tuve en mis manos la cantidad de $20.000 (¿O era la mitad?), lo que para alguien que no trabajaba en ese tiempo y solo vivía de lo que sus papá le daban, era harto.  Pues ni tonto, ni perezoso (o más bien todo un consumista-coleccionista impulsivo), no dudé en visitar los lugares adecuados para o bien comprarme algunos libros, o bien algunos cómics.  Fue así que me encontré con una enorme edición de Frankenstein, ilustrada en 1983 por nada menos que ya saben quién y más encima con prólogo de todo un colaborador suyo, Stephen King.  Y entonces me gasté toda la plata en dicho tomo, aunque errado pensando que se trataba de una versión en cómic de la novela de Mary Shelley.  Cuando me puse a hojearlo, ya en casa, me llevé tremenda decepción al darme cuenta de que estaba equivocado y se trataba del libro en sí, aunque, claro, con los dibujos hechos por Wrightson.  Cuando se es joven la ignorancia y la estupidez pueden ser mayores que a una edad más avanzada y terminé por vender dicho volumen a mi amigo Roberto (quien lejos sí supo darse cuenta de la maravilla que tenía en mis manos).  Hoy en día aún me flagelo por tamaña brutalidad, puesto que puedo afirmar que ese trabajo de Berni es soberbio, está entre sus mejores trabajos y dicha edición hoy es casi inencontrable en nuestra lengua, como también evaluada en mucho más plata.
Esta hermosa ilustración para
Frankenstein representa sin dudas
la soledad de la Criatura.
      Llegó la época en la cual podía comprarme cuanto cómics y libros quisiera (o al menos los que más anhelara), una vez que comencé a trabajar.  De este modo uno de los sitios ideales para conseguir novelas gráficas y revistas, al menos hasta que su dueño se puso casi tan “carero” como la competencia, es (o fue, ya que ahora apenas voy) la Librería Antiyal.  Esta tienda la conozco desde mi paupérrima vida como universitario, la que visitaba de vez en cuando al sobrarme algo de dinero.  Durante muchos años fue toda una mina de verdaderas perlas a muy bajo precio y harto dinero gasté en sus dependencias.  En tal sitio me compré dos obras de Wrightson que aprecio mucho: Una de ella un lindo compilatorio de historias cortas suyas llamado Mutante (1993), que se mueven entre el terror y la ciencia ficción.  Incluso uno de los breves cómics que vienen incluidos en esta antología, lo usé en más de una ocasión para mis clases en el colegio, en mi afán de hacer más atractiva mi labor a los alumnos.
      En otra ocasión en la misma Antiyal, me pude conseguir de igual manera a un precio muy barato la novela gráfica autoconclusiva El Extraño (1989) e inserta dentro del entonces joven universo DC postcrisis, donde incluso aparece la Liga de la Justicia.  Esta nostálgica y emotiva historia fue escrita por Jim Starlin, otro de los grandes y con quien ya el año antes ambos habían realizado uno de los títulos más renombrados de Batman: El Culto.  En otro de mis lugares favoritos, el popular Persa Bío-Bío (un inmenso mercado que abarca cuadras y cuadras en Santiago y donde se puede encontrar en la práctica de todo a precios increíblemente bajos), encontré este cómic en tapa dura.  En su trama Wrightson y Starlin, nos muestran a un Señor de la Noche enfrentado a una secta pseudocristiana y cuyo pastor consigue drogarlo, al punto de que el vigilante apenas puede saber qué es verdad y qué no.  En esta obra destaca bastante la figura de Jason Tood, el malogrado segundo Robin y quien acá se muestra más heroico que nunca.  Recuerdo haberme leído ese cómic en un viaje a Fantasilandia, el más moderno centro de juegos mecánicos de Latinoamérica, según reza la publicidad y que justo está en Chilito.

                                                                       
     
       Hace  más de 10 años atrás mi amigo Marcelo López viajó a España y no dejé de aprovechar la ocasión de pedirle que me trajera la edición en tapa dura de La Torre Oscura V: Lobos del Calla (2003), que no hace mucho había salido en la lengua de Cervantes.  Yo sabía de antemano que venía con ilustraciones a todo color de Berni Wrightson, así que tenía razones de sobra para desear este libro.  Marcelito volvió a su patria y por supuesto cumplió con mi encargo, que devoré como poseso.  Aparte de la historia de esa novela, que bien considero el tomo que más me gusta de esa saga, nunca dejaré de sentir una especial devoción por sus hermosas imágenes (pues luego de mi impase con Frankenstein, cualquier libro ilustrado por Berni si lo llego a tener, es algo para adorar).
      Sé que lo filmes Los Cazafantasmas (la original de 1984), El Reinado del Fuego (2002) y Montado en la Bala (2004, basada más encima en una novela corta de Stephen King) poseen diseños suyos.  Para la primera creó varios espectros, aunque según me ha contado Miguel, al final los muy desgraciados solo usaron su “bibliotecaria fantasmal”.  Para la segunda realizó el hermoso dragón gigantesco que sale al final de la cinta y en cambio con la película de Mick Garris tuvo más suerte, pues en la práctica está llena de sus horrores.  No obstante es con La Niebla (2007), sin dudas  una de las mejores adaptaciones para el cine de la narrativa de Stephen King, que creó algunos de los monstruos más pavorosos en sus contribuciones para el séptimo arte; y cabe mencionar que su director, apoyado por los muchachos de KNB, consiguieron darle vida de una manera impresionante a sus pesadillas.  De seguro ha hecho mucho más, no obstante es lo único que puedo mencionar…
      Como ven, Berni Wrightson ha marcado buena parte de mi vida.  Solo puedo lamentar que todavía no he podido adquirir, ni leer, su etapa de La Cosa del Pantano y que espero poder conseguirlo antes de que la parca misma me llame a mí.


Video que muestra, que da gusto, varios de los monstruos
diseñados por Berni para La Niebla.

domingo, 19 de marzo de 2017

¡Pura mala suerte para los fanáticos de Josh Whedon!


     Pese al talento del guionista y director Josh Whedon, creador de la ya mítica serie Buffy la Cazavampiros, el resto de los programas salidos de su imaginación, de los que  no se puede negar la calidad de sus historias y aspectos artísticos, no han tenido tanta suerte.  Es así que ninguna de sus otras creaciones ha conseguido acabar su periodo en pantalla, tal como su creador lo tenía presupuestado originalmente; tan solo esto fue posible en el caso del mismo show que le dio la fama y que luego de 150 episodios repartidos en 7 temporadas, cerró de manera magnífica, escribiendo y dirigiendo él mismo su final.  Angel, el spin-off de la serie acerca de la “Cazadora” iba en lo mejor y ya había superado el centenar de capítulos, cuando se la cancelaron y nos dejaron a sus seguidores con la interrogante acerca del destino de sus queridos protagonistas.  Peor suerte tuvo su western espacial y futurista Firefly que no consiguió más de una temporada, siendo que sus 3 últimos episodios no se emitieron de inmediato en USA  y si no fuera gracias al apoyo de sus incondicionales, habría sido imposible efectuar la película para el cine que ayudó a acabar el ciclo de manera memorable.  En cuanto a Agentes de S.H.I.E.L.D., aún exhibiéndose, en realidad corresponde a un producto cocreado por él (debido a que fue el responsable de la cinta que permitió su nacimiento: Los Vengadores), pero que en su desarrollo poco feliz (o más bien simplón) a medida que el tiempo ha transcurrido, se nota que no posee la mano de este.   Y es cuando llegamos a Dollhouse
     Emitida entre 2009 y 2010, Dollhouse contó con 2 temporadas de 13 capítulos cada una. En el papel principal llamó a la bella Elisa Dushku, con quien trabajó en Buffy y Angel, quien hizo en estos otros dos dramas el rol de Faith, la otra Cazadora que pasó de antiheroína, a villana y por último a heroína, como uno de los personajes más queridos en el universo compartido de ambas producciones.  Cabe mencionar que el papel de la Dushku le calzó a medida para lucirse, quien ya era famosa en el medio cuando hizo este por entonces nuevo título (no hace mucho había protagonizado también lo llorada Tru Calling, la que por igual fue interrumpida en su segundo año).  No obstante pese a la simpatía de esta y todo lo que le tocó hacer en esta otra obra, que le exigía más que nunca un despliegue escénico que muchas veces variaba demasiado de una semana a otra, bien quedó disminuida ante el mayor talento de sus compañeros de actuación, como ya se explicará.
     No solo con la mencionada colaboradora de sus anteriores creaciones, contó Whedon en esta ocasión, si no que en total tuvo a otros 4 ya conocidos en Dollhouse (lo que evidencia sin dudas su lealtad con los histriones, puesto que no fue la primera vez en que hizo tal cosa y luego algo parecido pasó con algunas incorporaciones en Agentes de S.H.I.E.L.D.).  De este modo entre los secundarios, nos volvemos a encontrar con Amy Acker (Winifred Burkle / Illyria en Angel y quien sin duda ha dado su mejor trabajo como la ex mercenaria genio de la computación Samantha Groves "Root" en Person of Interest), Summer Glau (River Tam en Firefly), Alexis Denisof (Wesley Wyndam-Pryce en Buffy y Angel) y el guapo como también todo un camaleón de la actuación Alan Tudyck (Hoban "Wash" Washburne en Firefly).  Tan solo estos cuatro, en especial el último, lejos superan en su actuación a la actriz principal.
     
Elisa Dushku como dominatrix...
¡La fantasía de much@s!
La historia trata acerca de una agencia con intereses comerciales y políticos propios, que posee un servicio muy exclusivo y que solo algunos pocos (los más adinerados y con mejores contactos entre los poderosos) pueden acceder: contar con los llamados “Muñecos (a)s”, que son personas programadas para que calcen perfectamente con sus deseos, durante el tiempo en el que dura el contrato con Dollhouse (Casa de Muñecas en español).  Esta gente “hecha a medida”  corresponde a individuos que durante 5 años trabajan para la empresa prestando sus cuerpos, de modo que sus personalidades y recuerdes se guarden en disco duros externos y en cambio se puedan instalar en sus redes neurales las personalidades requeridas por los clientes o lo que en su momento necesita la misma Dollhouse; a ello se le suman también las más inesperadas habilidades que entre un trabajo y otro varían bastante, entre hablar distintos idiomas, ser expertos en un área especializada de algún sofisticado conocimiento, lo que en suma los convierte entre un capítulo y otro en una persona por completo nueva.  Cuando no están laburando, permanecen en un estado parecido a la infancia, dóciles y sin instintos sexuales y supuestamente sin recuerdos de tareas realizadas.  Quienes toman estos compromisos con la agencia, son por lo general personas que desean escapar de sus problemas, olvidándose durante el periodo mencionado de ellos, para luego de cumplido el plazo de sus servicios, cobrar una suma millonaria que les permita vivir el resto de sus días holgadamente; eso sí, siempre son sujetos jóvenes de entre los veinte y treinta años, siempre hermosos.
     La premisa de esta serie de ciencia ficción ambientada en el presente y que luego nos depara un tremendo sobresalto, al mostrarnos nada menos que un futuro postapocalíptico cercano y en el que la misma Dollhouse es la responsable, da para abordar varios temas de interés: entre estos el más importante, viene a ser el que concierne a la definición que le damos a la personalidad y por ende a lo que llamamos ser humano ¿Somos acaso la suma de nuestras experiencias o las elecciones que hacemos en nuestro paso por la vida? En este sentido, los argumentos que aparte de ser muy entretenidos y estar llenos de emociones entre las que se encuentran los misterios de rigor, la aventura, el humor y también varios momentos de mucha intensidad dramática y belleza, ahondan en la naturaleza de nuestra humanidad.  No obstante la idea más bien metafísica y/o religiosa, sobre nuestra identidad como individuos en particular y especie en general, no es el tono de este programa; aunque se podría decir que tal como está representando en la trama central de Dollhouse, es más bien el principio de la conciencia como característica intrínseca de nuestra humanidad, la que aquí se defiende, en vez de la noción del espíritu o el alma.  Y en todo esto, vienen a ser nada menos que nuestras decisiones las que nos definen, algo que queda demostrado en los personajes que aquí aparecen, tanto los que son “Muñecos (a)s”, como el resto que los rodea y que también trabaja para la firma.
      Ante el concepto de contratar de una manera tan increíble, a gente para que haga del objeto del deseo más íntimo de uno, hay por supuesto un fuerte elemento de fantasía sexual.  No obstante los guiones van más allá de este recurso, que podría ser un facilismo morboso y debido a esto en ocasiones los personajes son solicitados como amigos, profesionales y hasta como madres (que no todo se trata de sexo en esta vida, ejem).  Y es en este enorme abanico de posibilidades, que los artistas detrás de todo esto, demuestran de una manera muy divertida su capacidad para transformarse en alguien distinto cada vez.  Al respecto, las sorpresas son grandes, pues queda en evidencia el talento que poseen actores y actrices, quienes impactan a su público con un trabajo de estas características.  Por esto mismo, Elisa Dushku (y debo confesar que desde mi etapa de universitario es una de las dueñas de mi corazón) queda algo opacada por sus colegas, quienes en realidad “se roban la película”; no obstante la actriz hace lo mejor de sí y logra darle a la protagonista un gran carisma, a través de una identidad propia y que se convierte en uno de los mejores puntos de la serie.
      Desde el primer capítulo notamos que hay un gran arco argumental, que se va desarrollando de manera paulatina en el programa, el cual luego debido a la eminencia de su cancelación fue apurado y al menos fue cerrado en su conjunto de manera óptima hacia su desenlace.  Entre medio hay varios capítulos autoconclusivos, que por un lado exhiben lo que le toca pasar a Echo (la muñeca a cargo de la Dushku) y por otro a los demás personajes, que muchas veces poseen por su cuenta sus propias aventuras; en este último caso, dichos arcos narrativos o bien tienen que ver con la trama principal o bien sirven para definirlos mejor como entes autónomos y con sus propias motivaciones.
      Josh Whedon dirigió y escribió varios episodios de la primera temporada, sentando las bases para la rica mitología de la serie.  No obstante en su segunda temporada solo se encargó del primer capítulo, dejando como siempre la responsabilidad a otros escritores y directores el resto del programa.  Sus sucesores hicieron una estupenda labor, en especial en lo que tiene que ver con el cierre de los destinos de sus personajes y las repercusiones de la increíble tecnología de Dollhouse en el mundo; no obstante ante la ausencia de Whedon y la reducción de los mínimos 5 años que se suponía iba a durar todo, uno se pregunta cómo habría sido todo, si este no se hubiese desentendido del proyecto.

Luego de leer el listado de más abajo, adivinen quién es quién.

      Los protagonistas son:
Echo: El rol de Elisa Dushku es la más solicitada de todas las muñecas, quien llegó a Dollhouse como Caroline Farrell, una universitaria de fuertes intereses ideológicos, que se tropieza con las maquinaciones de Dollhouse y al querer descubrirla frente a la comunidad se ve envuelta en sus redes.  Como Echo, quizás debido tanto a su gran inteligencia como su fuerte personalidad, al poco tiempo después de firmar su contrato desarrolla una evolución, que la hace convertirse en una amalgama de todas las personalidades que han grabado en ella; de este modo, al saber como Caroline que la institución es mucho más de lo que aparenta y que sus propósitos son bastante siniestros en realidad, comienza a ayudar a que la verdad poco a poco vaya sabiéndose, influyendo con sus intervenciones en los que la rodean.
Sierra: Mi personaje favorito, además de que la exótica actriz de rasgos orientales que la interpreta (Dichen Lachman), de igual manera terminó por conquistarme, al regalarnos ambas algunos de los momentos más notables de todo el show.  Su pasado antes de convertirse de entrar a la compañía, viene a ser el más triste de todos.  En contra de lo previsto, en su calidad de “muñeca” llega a entablar un muy emotivo romance con uno de sus compañeros y el que luego a ambos termina por redimirlos, después de tantas penurias. A la Lachman la pudimos ver con posterioridad haciendo de villana en la segunda temporada de Agentes de S.H.I.E.L.D.
Victor: El muñeco pareja de Sierra, es un apuesto hombre que tan solo en el episodio 3 se descubre su identidad como tal, ya que antes estuvo en una misión programado por la propia Dollhouse, para sus fines particulares.  Interpretado por Enver Gjokaj, luego coprotagonista de Agente Carter, se vuelve uno de los amigos más cercanos de Echo/Caroline.  Su pasado, tal como el de Sierra, solo es revelado en la segunda temporada.
Adelle DeWitt: De nacionalidad británica, es quien está a cargo de la filial de Dollhouse gringa en la que transcurre la mayor parte de la historia (hay otra sede en Washington D.C.).  Fría en apariencia y desinteresada en mantener relaciones interpersonales, que no sean del tipo profesional, en realidad es una mujer que alberga su grado de dulzura, quien se preocupa por sus empleados y entre los que se encuentran los mismos muñecos.  Eficiente como ella sola, cuando se trata de dejar claro quién manda, se vuelve alguien de temer.
Paul Ballard: El masculino agente del FBI y luego empleado de Dollhouse, llegó a verse dentro de los vericuetos de esta empresa, cuando se obsesionó con averiguar acerca del paradero de Caroline Farrell.  De personalidad heroica y apasionada, su papel dentro de una temporada y otra varía bastante, aunque siempre dejando claro la nobleza de su corazón. Tahmoh Penikett, el actor que lo encarna, trabajó antes en un emotivo episodio junto a Elisa Dushku en Tru Calling.
Topher Brink: Genio de la tecnología, que con sus diseños e ideas revolucionó por completo los métodos de Dollhouse, es el predilecto de la DeWitt, quien siente por él un afecto mayor que por el resto y que los dignifica bastante (nada romántico, ni sexual en todo caso).  De gustos “ñoños”, supuestamente solo se interesa en él mismo y ve a lo(a)s “muñeco(a)s” como objetos; no obstante tal como pasa con el resto de los personajes, esconde a alguien sensible y gentil, quien en su reclusión subterránea en Dollhouse se siento solitario y por eso mismo ha llegado a sentir afecto por la gente con la que trabaja.
Boyd Langton: Hombre maduro de origen afroamericano, que llega a trabajar a Dollhouse en el episodio piloto, siendo primero el agente encargado de cuidar de Echo y luego el nuevo jefe de seguridad de Dollhouse.  En un principio desprecia  a Echo y a los que son como ella, hasta que se encariña con la “muñeca” y la protege más allá de lo previsto.  Hacia el final de la serie, se revela un gran secreto acerca de sus verdaderas intenciones.
     Los secundarios y recurrentes que hacen de esta serie algo más atractivo aún son:
Alpha: Uno de los primeros muñecos de Dollhouse, debido a varios elementos inesperados se convirtió en un psicópata y asesino serial, quien causó estragos de importancia en la institución y que luego en más de una ocasión vuelve a asolar a su gente.  Echo es más encima la principal fuente de sus obsesiones, ya que tiene un pasado con ella.  Es el personaje interpretado por Alan Tudyk.  
Dra. Claire Saunders: El rol de Amy Acker, es la única víctima que dejó viva Alpha, aunque con serias cicatrices físicas y psicológicas a cambio de su vida.  En Dollhouse debe velar por la salud de lo(a)s muñeco(a)s.  En su pasado también hay grandes sorpresas, lo mismo que en su futuro.
Mellie: La dulce vecina de Ballard, que tiene intereses románticos por este, cuando aún estaba investigando a Dollhouse, también nos depara un gran secreto acerca de su rol dentro de todo esto. 
Bennett Halverson: Es la programadora jefe de la subsidiaria en Washington D.C. de Dollhouse, quien conoció a Echo cuando era Caroline y alberga por ella sentimientos de venganza.  Cuando conoce a Topher, se sienten atraídos entre sí.  Aparece recién en la segunda temporada y es el papel que tuvo acá Summer Glau.
Senador Daniel Perrin: Introducido también en el transcurso de la segunda temporada, es un político que desea revelar al mundo las triquiñuelas de Dollhouse; no obstante en su camino se encuentra con terribles revelaciones, en la más increíble línea  de las teorías de la confabulación.  Está encarnado por Alexis Denisof.


Preciosos créditos de apertura de la primera temporada.

martes, 14 de marzo de 2017

Una maravilla del cómic latinoamericano: “El Eternauta”.


       Como amante de la ciencia ficción y las historietas, por años tuve una deuda pendiente con una novela gráfica argentina que varias veces me recomendaron: El Eternauta de Héctor Germán Oesterheld en el guión y  Francisco Solano López en el dibujo… ¡Si hasta amigos míos no-ñoños y que menos le dedican el tiempo a este tipo de arte, lo tuvieron entre sus manos antes que yo! ¡Qué vergüenza! Así que casi a finales del año pasado apenas tuve la oportunidad, lo adquirí en una preciosa edición que respeta el formato en el que salió originalmente en la revista trasandina especializada Hora Cero, con una página horizontal en vez de vertical (tal cual las llamadas “tiras cómicas” de los periódicos).   Esta obra fue publicada originalmente entre 1957 y 1959, una época que ya parece algo lejana y sin embargo ya avanzado el nuevo milenio, su historia sigue estando tan vigente como cuando sus protagonistas se hicieron conocidos en sus viñetas.
       Se trata de una obra de ciencia ficción pura, aunque de esas que van mucho más allá del mero entretenimiento, puesto que tal cual otros grandes títulos del género, corresponde a una extrapolación de nuestra realidad y además de un trabajo crítico que no deja de llevarnos a la reflexión tras su lectura.  Cabe notar, además, que su trama transcurre en la Argentina del presente en el cual fue escrita, retratando sin dudas la sociedad de aquellos años, pese a sus elementos de fantasía científica; de este modo el lector que le dedica su tiempo, ya sea argentino o no, sin dudas que puede conocer mejor la época y su gente de aquel entonces, en especial si se lee en su lengua original, que usa varios de los términos propios de aquellos años.
         Puede que sea a propósito o solo venga a ser una feliz casualidad, propia de los grandes temas de este tipo de narraciones, pero quien sabe de los grandes clásicos de la ciencia ficción, bien puede identificar a El Eternauta como una versión latinoamericana de La Guerra de los Mundos de H.G. Wells.  De este modo, en el trabajo de Oesterheld y Solano López nos encontramos con una terrible invasión alienígena al mundo entero, si bien llegamos a conocer todo esto debido a los sobrevivientes bonaerenses, quienes tal como en la novela mencionada, como pueden se resisten a la violencia de los conquistadores alienígenas.  De igual manera que en el texto de finales del siglo XIX, los personajes humanos corresponden a individuos comunes y corrientes, que se enfrentan a lo fortuito, sacando a la luz con sus acciones lo más luminoso y pesadillesco de nuestra humanidad; de este modo cuando se escenifican verdaderos actos de heroísmo, no son los de sujetos extraordinarios, ni que pertenezcan a una elite de guerreros, si no que sirven para exponer a lo que podemos llegar cualquiera de nosotros, si tenemos la motivación como para superar las debilidades que nos agobian.
La recomendable edición que poseo.
       El desastre comienza en medio de la tranquilidad hogareña, cuando el personaje principal (quien luego será nada menos que el llamado Eternauta) se encuentra bajo la dicha de su familia (esposa e hija) y la presencia de sus mejores amigos, con quienes comparte varios gustos en común.  Entonces comienza a caer una horrible nevazón tóxica, que al solo contacto con ella mata a todo ser viviente.  A partir de este punto la trama no puede ser más angustiante y claustrofóbica, la que sus autores manejan a través de un guión rico en diálogos y descripciones de gran esteticismo, como de un dibujo marcado por la expresividad del rostro de sus personajes, muy estilizado, lo que en su conjunto lleva al receptor a sentirse emocionalmente comprometido con esta historieta.  La intrusión de todo esto, en las imágenes que retratan la paz de la vida sencilla, no deja de ponernos claros el horror de todo acto de violencia y la correspondiente pérdida de la seguridad frente a todo tipo de infortunios.
       Mucha tragedia y drama en general encontramos en este cómic, donde hay hasta un espacio para el amor y la ternura; sin olvidar además sus momentos más sublimes, que no dejan de encantarnos ante tanta belleza plasmada en estas páginas.
       La guerra no está presente en esta obra como una dignificación de la confrontación armada entre oponentes, debido a diversos intereses (por lo general egoístas), si no que como la defensa de todo un pueblo por el derecho a su autonomía y a ser dueños de sus tierras frente al invasor.  En cierto sentido, aquí hayamos el poder visionario de la ciencia ficción, al adelantarnos el conflicto del país hermano (Argentina),  con los imperialistas británicos, al adueñarse de las islas Malvinas en el transcurso de 1982 (cabe mencionar que cuando el propio Well escribió su libro, lo hizo a manera de dura recriminación a la política avasallante de su nación de origen).  Con respecto al papel que acá cumple el enemigo, poco a poco nos vamos dando cuenta a través de los protagonistas, que quienes creemos son los culpables de todo, en realidad o son solo carne de cañón o bien puramente son manipulados por los verdaderos responsables de la disputa.  En este sentido, podría aventurarme a afirmar que el argumento viene a ser un llamado al pacifismo, debido a cómo nos damos cuenta de que nada es lo que parece y de que no son los soldados extraterrestres los dignos de ser odiados, sino que el mal se haya detrás de quienes se esconden en las sombras y controlando los hilos de todo. Por ende, hay belleza y bondad incluso en quienes tildamos de rivales y al final no importa que tantas buenas razones hayan para luchar, la guerra nunca llega a ser satisfactoria.
        El comienzo, algunas partes del medio y el final de todo esto, no dejan de ser impactantes, puesto que la historia es contada por nada menos que el Eternauta al propio Oesterheld; ello en un juego metaliterario que rompe con los límites de la ficción y la realidad, lo que evidencia la capacidad del escritor para otorgarle una mayor dimensión estética a su obra. 
       Por otro lado, es en el rostro de este Eternauta, que se contrapone al de su versión más joven, que la pluma de Solano López se muestra en toda su magnitud, cuando podemos identificar en las arrugas del héroe las marcas que deja el dolor frente a las tribulaciones.
        Debe saberse que Héctor Oesterheld, fue una de las tantas víctimas de la última dictadura argentina, siendo detenido en 1977 y ejecutado al año siguiente.  El triste final de este creador, viene a demostrar las lecturas políticas de El Eternauta, que no puede ser más contestatario respecto a cómo desnuda los abusos de los poderes fácticos y representados en los ominosos Ellos (que como bien sucede en el mundo real, no son los que van al frente, pero sí mandan engañados o bajo su control a quienes están bajo su mando).
        Antes de la triste muerte del guionista, este realizó una nueva versión de su más grande labor y esta vez con el dibujo de otro maestro, el urugayo Alberto Breccia, con la cual acentuó el discurso ideológico de la novela gráfica.  Ello fue en 1969.  Estando en la clandestinidad, cuando era considerado un enemigo al régimen del irónicamente llamado Proceso de Reorganización Nacional de su país, Osterheld realizó el libreto para El Eternauta II, que no alcanzó a verlo terminado en su totalidad.  Con posterioridad otros autores han continuado esta historia, en lo que se ha convertido en toda una saga en el transcurso del tiempo.
        Como testimonio del amor hacia la libertad y el derecho a manifestarse en contra de la opresión, durante los tiempos de la dictadura que provocó la muerte del autor y de tantos otros inocentes, sus seguidores a manera de protesta y como homenaje, tendían a dibujar en las murallas imágenes de esta historieta…Un ejemplo más de que un buen cómic, sin dudas puede ser una obra digna de respeto y un llamado a la conciencia.   
Viñetas de esta historieta para apreciar la belleza de su texto y dibujo.

domingo, 12 de marzo de 2017

Mi pésame por Bill Paxton.

Bill Paxton en 2014, un hombre ya maduro sin perder su glamour.
      El 27 de febrero del presente año me encontraba a un día de terminar mis vacaciones de verano (de dos meses completos de duración), cuando murió otro de esos artistas con los que uno se ha criado a lo largo de su vida como cinéfilo: Bill Paxton.  Como no veo televisión (menos noticias que son para puro llenarse de malas vibras), ni escucho radio y menos leo el diario, me vine a enterar de su deceso gracias a los “guasaps” que me mandaron dos amigos, Cecilia Navia y Miguel Acevedo (el mismo que siempre me avisa de este tipo de acontecimientos, el muy Cuervo de la Tormenta)…¡Y pensar que tan solo a principios de enero, durante mi estadía en la playa, me había vuelto a ver de nuevo por fin, ahora como adulto, Near Dark (1987) donde Paxton aparece! Solo tenía 61 años cuando le llegó la muerte, y bastante bien que se veía cuando intervino hace pocos años atrás haciendo de villano en la primera temporada de Agentes de S.H.I.E.L.D. en el 2014; todavía bastante regio a esa edad, parecía imposible que nos dejara tan pronto.
       El comienzo del nuevo año escolar y otros compromisos, me mantuvieron alejado de este homenaje mío a quien tantas satisfacciones nos dio y tan solo ahora puedo permitirme escribirle unas líneas.
       No me voy a referir a su filmografía completa, que es bastante extensa y que por supuesto no la conozco al revés y al derecho; pues hizo bastantes filmes para la pantalla grande, como con su incursión en la televisión, que conozco aún menos.  En todo caso alguien como él era obvio que iba a acaparar mi atención a tan temprana edad, ya que bien se podría decir que tuvo preferencia por los filmes de género (ciencia ficción, terror y fantasía), participando en varios títulos de renombre, como también en otros que si bien eran de temática más “realista”, no dejaban de ser de mi gusto (como Titanic por ejemplo).
       De presencia masculina y un cuerpo de 1.80 metros que lo hacía verse imponente, además de un rostro agraciado (aunque no en el sentido de “carilindo” como un Tom Cruise o un Brad Pitt), Bill Paxton poseía una presencia que sin dudas la habría querido para mí.  Pero mucho más allá de su varonil presencia, estaba su talento histriónico que le permitió realizar distintos papeles, sorteando con soltura las varias temáticas que abordó entre los papeles más dramáticos y los que le requirieron que sacara a flote su lado más cómico; como héroe, galán, villano y héroe de acción, siempre se desempeñó con soltura.  Ante su facilidad para realizar todo tipo de roles con verosimilitud, fue nominado a varios premios, algunos de los que ganó.
        La verdad es que me es imposible traer a la memoria tantos títulos suyos, que muy bien sé que estuvo en filmes famosos y que en su momento vi con muchas ganas, pero que luego nunca me los repetí o si lo hice fue hace demasiado tiempo atrás, como para que me haya quedado fija en la mente su participación: Comando (1985), Depredador 2 (1990), Boxing Helena (1993), Tombstone (1993), Mentiras Verdaderas (1994), Apollo 13 (1995), Tornado (1996) y Al Filo del Mañana (2014).  Como ya dije, su carrera fue bastante prodigiosa y no sé tanto de ella como quisiera, no obstante hay unos cuantos de sus trabajos que para mí son muy queridos y a los que me referiré a continuación.
        No tenía ni siquiera mi primera década de vida, cuando supe de Alien (1979), el seminal filme de Ridley Scott que ha dado para una soberbia saga cinematográfica, la cual está pronto a estrenar una nueva entrega (¡Por fin!) de la mano de su mismo director original.  Cuando por fin pude ver esta cinta en la tele, un domingo en la noche como se acostumbraba a hacer en los ochenta, con estos estrenos bastante atrasados y además cortados un montón,  quedé eufórico. Tiempo después (ignoro cuánto habrá pasado), le tocó a Aliens (1986) ser exhibida en la pantalla chica chilena…Y uno de sus llamativos personajes fue justamente encarnado por Paxton, quien acá hizo de un militar y/o mercenario de pocas luces aunque valiente y simpático, que se enfrentaba a estos monstruos espaciales.  Como fanático de esta serie de cintas, me la he repetido un montón de veces, más todavía cuando su realizador James Carmeron lanzó su “Corte del Director”, que incluye media hora de metraje no visto hasta entonces.  Convertido ya en un “veterano en este mundo”, reconocer al Bill Paxton como ese guerrero musculoso y lleno de adrenalina (quien incluso resulta ser alguien heroico), siempre me fue satisfactorio una vez que me encariñé con el actor.
      A veces uno, en especial de niño, de adolescente o en su juventud, hace amigos que cree que estarán contigo por el resto de tus días; no obstante esto no es así y solo se trata de compañeros de viaje con los cuales por solo un tiempo, recorrimos parte de este camino que es la vida misma.   Entre estos en mi existencia se encuentran los hermanos Jonathan y Cristofer Torres (ignoro si con esa misma grafía se escriben en realidad sus nombres), con quienes por años compartí mis gustos más ñoños y fueron los único amigos de este tipo que tuve.  Pues con ellos me vi en VHS en su casa Near Dark (conocida por estos lares como Los Viajeros de la Noche), que era todo un rito entre nosotros, vernos todas las joyitas del género que llegaban a nuestras manos.  El filme dirigido por Kathryn Bigelow, quien por entonces era esposa del mismísimo James Cameron, es nada menos que una historia de vampiros que solo ahora en que me la volví a ver ya como adulto, pude apreciar a cabalidad su genialidad; en ella Paxton hizo del miembro de una pandilla de no muertos que andan deambulando por las carreteras, transportándose en automóviles con lo que viene a ser una road movie sobrenatural y de culto.  Severen, el chupasangre a cargo de este artista, viene a ser quizás el que más actúa como una criatura instintiva y por ende salvaje, de toda su comunidad… ¡Y sinceramente Bill estuvo magnífico en su confrontación final con el protagonista de esta obra!
       Otro rol suyo del que sí me acuerdo, fue el que desempeñó en la taquillera Titanic (1997), una vez más trabajando a las órdenes de su amigo James Cameron, quien cuando podía lo llamaba para actuar en sus cintas.  En esta ocasión lo vimos rubio y más atractivo que nunca, haciendo del capitán del barco que se topa con las ruinas del famoso siniestrado y a quien le toca abrir y cerrar este filme durante sus escenas ambientadas en el presente.  Es así que a lo largo de su carrera, tuvo varios papeles como secundario, tal como aquí sucede; no obstante ello no impidió que demostrara su capacidad para convertirse entre un título y otro, en alguien por completo diferente.
      Volviendo atrás en el tiempo, una vez que ya lo identifiqué entre tanto colega suyo y me prendí de su imagen, pude apreciarlo en el breve papel suyo como punk callejero en la igualmente célebre The Terminator (1984), en su primera colaboración junto al ya mencionado Cameron.  Al ser entonces este largometraje uno de mis predilectos y por ello repetido hasta la saciedad desde que era un muchacho, contemplarlo bajo esa imagen rebelde y juvenil, me parece cómica y curiosa a la vez.
       No obstante la caracterización suya que más notable encuentro y donde sin dudas se ganó mis respetos y corazón, resulta ser en un Plan Simple (1998) del realizador Sam Raimi, en una de las pocas películas de este último, en las que se alejó de su sello relacionado con la fantasía y el terror.  En esta maravillosa cinta dramática, en la cual una familia se encuentra millones de dólares en una avioneta caída, se convierte en todo un prisionero de sus bajas pasiones, al ser controlado por su inescrupulosa mujer, quien lo convence para quedarse con la fortuna; la tragedia en la que desemboca todo esto, recuerda en parte la historia clásica de Shakespeare Macbeth, debido a cómo la ambición de un hombre al ser controlado por su aún más avarienta y manipuladora señora, lo lleva a perder la dignidad que antes poseía.  Verlo tan grandote y viril con este protagónico, aunque convertido en un monigote por su preciosa, bajita  y supuestamente delicada mujer (nada menos que Bridget Fonda), no deja de impresionar.
         Hace casi un par de años atrás me lo reencontré por sorpresa en la decepcionante serie Agentes de S.H.I.E.L.D, hacia el final de su primera temporada y lo que bien ayudó a levantar en los capítulos que duró su aparición, el alicaído desarrollo de este show.  El engaño al que nos sometió como el supuesto honorable mentor de uno de los protagonistas, viene a ser toda una confirmación de su talento dramático.   No obstante en lo que se refiere a su paso por la televisión, toda una deuda viene a ser para mí disfrutar de uno de sus mejores intervenciones, como el patriarca de un matrimonio mormón polígamo, en Big Love, donde Paxton tiene nada menos que tres esposas; su desempeño en esta producción de HBO que duró nada menos que cinco años, le valió más que un elogio.
         Por ahora solo nos queda esperar al estreno de la versión en imagen real de La Bella y la Bestia, en lo que viene a ser su legado póstumo al prestar su voz como narrador, aunque ello bien solo podrá ser apreciado al verla en su audio original en inglés.  


Bill Paxton en tres de sus papeles al alero de la ciencia ficción.
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