jueves, 15 de agosto de 2013

El Insoportable Peso de la (In)Mortalidad.


    Ya en la Antigüedad existían personajes de gran poder, inmortales que en muchos casos pese a su condición sobrenatural y/o superior a la de los humanos, ostentaban un dejo de tragedia; de este modo, eran descritos como seres con una naturaleza que poseía su propia cuota de congoja y soledad, estando marcados por una vida de violencia y el sentimiento del culpa resultante de unas cuantas decisiones mal hechas.  En este sentido, los griegos fueron los “expertos” a la hora de dotar a sus dioses y héroes de grandes virtudes, pero agregándoles una humanidad tal en la que se podía observar que nadie era inmune a las pasiones, miedos y a todo tipo de achaques que conlleva la existencia; así es cómo se puede hablar de personajes tan arquetípicos como Jason, Prometeo, Orfeo y el mismísimo Edipo, para quienes la desgracia llegó sin vacilaciones (debemos recordar que el “pobre” Prometeo estuvo larguísimo tiempo encadenado a un padecimiento que se aprovechaba de su inmortalidad, hasta que el heroico Hércules se apiadó de él y lo liberó de sus cadenas).  En otra parte del mundo, los nórdicos contaban la historia de Sigfrid, mientras que en la Biblia nos podemos encontrar con Sansón, siendo ambos los mortales más poderosos de sus propias teologías, hasta que fueron traicionados por el amor de una mujer.  Luego en los relatos medievales que le sucedieron, podemos hallar el célebre Ciclo Artúrico, en el cual ni el propio Merlín se salvó del sufrimiento…Y así con el paso de los siglos el arte recogió la semilla de todas estos maravillosos y nobles personajes, usándolos como fuentes de inspiración para crear héroes más cercanos a la actualidad, pero que a la larga eran herederos de toda una tradición aventurera y fatalista; pese a todo nunca dejaban  de brillar sus dotes humanas, al mostrarnos cómo se enfrentaban a la adversidad con dignidad.  Así pasó el tiempo y con la llegada de los cómics en 1938, con la primera revista de Superman, apareció toda una camada de personajes que retomarían todas estas ideas, renovándolas…
     Desde su primera aparición en los ya “lejanos” años setenta a través de las páginas de El Increíble Hulk, el mutante canadiense de esqueleto reforzado por adamantium (el metal terrestre más poderoso en el universo Marvel) y garras retractiles, Wolverine, por aquel entonces conocido como Arma-X, acaparó de inmediato la atención del publico; fue sí como este bajito, peludo, musculoso y varonil personaje de pasado misterioso que solo con los años fue develándose en innumerables historias, debido a su gran carisma, fue incorporado dentro del equipo de los X-Men y luego ya a finales de los 80, consiguió su propia revista.  No pasaron muchos años para que Logan, el nombre con el que también se le conoce, se convirtiera en el X-Men más popular, sobrepasando incluso a los “clásicos” de los primeros años del grupo de mutantes, como a su mismísimo fundador Charles Xavier y sus chicos buenos Cíclope, Jean Gray y Bestia.
     Cuando se realizó la primera película para el cine de los X-Men, el mayor deseo y expectación de los seguidores de estos singulares superhéroes, radicaba en ver en carne y hueso al mismísimo Wolverine; además estaba la interrogante de quién haría de tan querido personaje.  Fue así como desde los primeros minutos de esta exitosa y elogiada película de Bryan Singer en el 2000, se mostró a un en aquel entonces desconocido Hugh Jackman, encarnando con solvencia al aguerrido mutante canadiense (a su vez al personaje se le convirtió en parte esencial de la trama de la película, lo que también sucedió con las dos siguientes cintas, hasta que en el año 2009 logró su propio largometraje con X-Men Origens: Wolverine).[1] 
     Este año, tan solo a finales de julio, se estrenó el segundo filme dedicado a Wolverine, el cual fue hecho como continuación directa de la tercera película de la saga mutante, puesto que en The Wolverine (conocida en Latinoamérica como Wolverine: Inmortal) se hacen constantes referencias directas a los eventos acaecidos durante X-Men: The Last Stand (mientras que la primera película dedicada en exclusiva al superhéroe, fue una precuela, mostrando hechos bastante anteriores a la primera cinta).  Supuestamente inspirada/basada en una popular novela gráfica escrita por Chris Claremont y dibujada por Frank Miller en 1982,  la película comienza magistralmente mostrando a Logan/Wolverine en Japón, donde es partícipe de un importante (y lamentable) hecho histórico; décadas después y viviendo en el anonimato y la miseria, tras los eventos mostrados en la ya mencionada tercera película, Wolverine se ve obligado a regresar al país del Sol Naciente y todo debido a que un amigo de su pasado está por morir y desea despedirse de él, no sin antes pagarle una antigua deuda de honor.  De vuelta a Asia, Wolverine, quien hasta el momento había perdido toda razón de vivir, redescubre su espíritu de guerrero (o soldado), al verse involucrado en un complot que implica a la familia de su amigo, con la yacuza (mafia japonesa), ninjas, otros mutantes y corrupción política entre medio.  Durante su estancia en este país, a su vez llega a conocer por primera vez en su larga vida el dolor físico por el que pasa el común de la gente, recupera la confianza en la amistad, como también la fe en el amor, si bien descubre que la traición y el egoísmo siempre estarán presentes en lo más oscuro del alma humana.  Por último, Logan logra irse del lugar consiguiendo pese a todo (o gracias a todo lo vivido durante su visita) la paz y la serenidad que un alma atormentada como la suya necesitaba.
Ilustración del recomendable animé sobre Wolverine.
    La película dirigida con maestría por James Mangold (quien posee a su haber una más que respetable carrera fílmica, contando con cintas de enorme peso artístico y comercial como lo son su potente thriller Identidad, su drama carcelario Girl, Interrupted, el cual le valió un Oscar a Angelina Jolie, y el remake del western 10 to Yuma; por todo lo anterior, Mangold ha demostrado ser lo suficientemente versátil al desenvolverse con soltura en numerosos géneros, incluyendo la comedia romántica, aparte de los ya mencionados casos), logra adaptar bastante bien varios hitos importantes en la ficticia cronología de Wolverine, destacando así su tormentoso amorío con Mariko, su estancia en Japón y enemistad con el Samurai de Plata; no obstante todo ello es representado acá de una forma propia para el cine y no siendo 100% tal como se mostró en las historietas originales (a su vez toda esta trama del viaje a Japón de Wolverine y su romance con Mariko, fue antes espectacularmente adaptado por los mismos nipones en una serie animé de 12 episodios, producida por Mad House en colaboración con Marvel en el año 2010).  Así es como la cinta de Mangold se permite desde el comienzo mostrar con respeto la cultura japonesa, poniendo énfasis en su código de honor y costumbres, siendo que además contó en su mayoría con actores nativos de gran trayectoria y bastantes diálogos en su idioma, aparte de estar hecha en gran parte en las islas japonesas; en este sentido lo único que se lamenta del filme, es que el guión no respetara la idea de un Wolverine conocedor perito de la tradición e historia japonesas, hablando con soltura su lengua, si no que acá se muestra como todo un gaijin  (“extranjero” en japonés, si bien para este hermoso pueblo la expresión también posee una connotación negativa).
     Puede resultar interesante saber que en The Wolverine abundan las escenas de acción y persecución, habiendo dos de larga duración bastante admirables (la del funeral y la del tren bala respectivamente).  Considerando además que el largometraje transcurre en un país famoso por sus hermosos paisajes, en los momentos respectivos su belleza es resaltada de tal forma que hace recordar el arte contemplativo de esta nación (de seguro hecho de adrede por el director, quien además empleó una fotografía adecuada para provocar el efecto que permitiera apreciar en su esplendor los parajes naturales).  La cinta posee también humor, aunque harto dosificado, si se le compara con las películas de la saga que le precedieron.  Al tratarse de un filme basado en cómics Marvel, siendo estos mucho más violentos y realistas que los de DC (aunque no al nivel de los de Dark Horse, claro), se había criticado con anterioridad la falta de sangre en las batallas cuerpo a cuerpo que acostumbra tener Wolverine…Pues bien, en esta ocasión la hemoglobina abunda y en especial la proveniente del propio Logan, quien acá debe sufrir en carne como nunca antes a consecuencia de sus múltiples batallas.  Por último, otro aspecto técnico a tener en consideración de la película, resulta ser su música, a cargo de Marco Beltrami, compositor irregular quien no logra dar con los acordes heroicos y épicos para un personaje de la talla de Wolverine, si bien en momentos veló por hacer algo que emulara los ritmos propios de Japón (en este sentido, cabe recordar que por lo general las películas de los X-Men no han tenido muy buenas bandas sonoras que digamos, destacando en todo caso la bella partitura de Harry Gregson-Williams para el primer filme centrado en Logan, donde sí se pudo alcanzar la atmósfera heroica que correspondía).
     Teniendo en cuenta la trama de este filme, aquí se aborda desde un punto de vista diferente la naturaleza superheroica de Wolverine: si su primera película nos contó su génesis y largo proceso de convertirse en un individuo admirable, pasando por un montón de penurias, ésta última muestra cómo el carismático personaje debe enfrentar su propia existencia de hombre extraordinario, luchando tanto contra sus demonios internos, como contra enemigos reales; en este sentido, The Wolverine es una cinta que trata acerca del viaje continuo que realizamos hacia la búsqueda de la felicidad y de la redención.  Por todo esto una vez más Logan se muestra como uno de los grandes personajes de la historieta, quien debe aprender a asumir su papel en el mundo, sobreponiéndose ante cualquier tribulación y aún así no perdiendo nunca su calidad como sujeto.
    Para terminar un consejo: ¡No se vayan de la sala de cine apenas termine la cinta! Esto, puesto que poco después de iniciar los créditos viene un importantísimo y algo extenso epílogo que viene a ser la antesala del próximo filme de mutantes, que estrena el mismísimo Bryan Singer para el año que viene (basado en la ya mítica saga escrita por Chris Claremont y dibujada por John Bryrne Días del Pasado Futuro y donde los X-Men deben enfrentarse en un futuro distópico a la amenaza de los Centinelas y sus campos de concentración mutante).




[1] Y no se puede olvidar además que la interpretación hecha por el guapo y talentoso actor australiano, lo convirtió de la noche a la mañana en uno de los actores más cotizados en la industria del cine, además de ponerlo en la lista entre los más sexys (y deseados) hombres de la industria cinematográfica (no en vano vez que actúa, en especial en las distintas cintas de los X-Men, explotan su enorme atractivo mostrándolo si no con muy poca ropa, a torso desnudo en numerosas ocasiones).

¡Cuando sea grande quiero ser como Wolverine/Hugh Jackman!

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