jueves, 22 de junio de 2017

La ciencia ficción bizarra e híbrida de Jorge Baradit.


       Antes de que el “divo” de la ciencia ficción chilena más mediática que haya existido hasta el momento, Jorge Baradit, se transformara en record de ventas con sus dos tomos de Historia Secreta de Chile, al punto de ser pirateado para ser vendido a un precio más barato en las cunetas de las calles y el comercio informal, este autor que hasta antes de dar en el clavo con estos “libritos” para la masa, solo era conocido por los ñoños en Chile (entre los que se encuentra un servidor) y en sus “humildes” inicios publicó un libro del cual no voy a negar su calidad literaria: Ygdrasil (2005).  No voy a ocupar/gastar tiempo en leer sus ostentaciones de historiador de pacotilla, que se adentra en los chismorreos de nuestra crónica nacional, pues no me interesa adentrarme en el supuesto ocultismo de nuestros próceres y otros datos de escasa veracidad.  Si en vez de lo anterior hubiese creado una ficción sin disfrazarla de verdad, demás que acapararía mi atención;  no obstante a Baradit le encanta hacer uso  del recurso facilista del amarillismo y la sobreexposición de su misma persona, tal como lo ha hecho desde que consiguió cierto renombre (y, bueno, de algo tiene que vivir el hombre, que en Chile nadie se ha hecho millonario como escritor).  Es así que se ha ganado el desprecio de varios verdaderos expertos y profesionales sobre la historia nacional, tal como lo pueden observar en los siguientes enlaces de mis amigos Miguel Acevedo y Roberto Díaz, quienes sin dudas que sabe más de historia que él.  Pues lo mío es el goce estético y no los “cahuines” como decimos en Chile, razón por la cual opto por quedarme con lo mejor de este escritor (según mi humilde opinión) y por eso ahora mismo les traigo a colación esta novela suya.   El resto se lo dejo al “pueblo” (¡Qué elitista sonó! Je).
        Tengo el bello recuerdo de haber asistido a la conferencia que hizo el especialista y escritor de ciencia Miquel Barceló, encargado de la prestigiosa colección de ciencia ficción y fantasía Nova de Ediciones B, cuando vino a Chile en noviembre a la FILSA (Feria Internacional del Libro de Santiago) en 2006 para el lanzamiento internacional de la opera prima de Jorge Baradit.  Pues tal como lo declaró en esa ocasión y lo pone de manifiesto en su presentación al libro en el tomo dedicado a este, encontró bastantes virtudes en tan singular obra y por esa razón se atrevió a incluirla dentro de una colección en las que por lo general solo están los más “grandes” como Orson Scott Card, Brandon Sanderson y Dan Simmons, siendo uno de los pocos narradores de habla hispana en considerarlo para esta colección.  Aquella vez más estaba interesado en conocer a tan prominente español, que al elogiado y de puro tonto no me conseguí un autógrafo suyo.  La plata que tenía no quise gastarla en el título en cuestión y eso que me interesaba, razón por la cual recién el año pasado (y en la misma FILSA) lo encontré muy barato, casi escondido entre otros volúmenes; así que tuvo que pasar más de una década para que por fin lo pudiera disfrutar…
       Y estas son mis impresiones al respecto.
       Con Ygdrasil estamos frente a un tipo de ciencia ficción literaria, que se nutre de varias fuentes y las que quedan expuestas al lector conocedor de todos los recursos ficcionales de los que hace uso Baradit, para crear un subgénero dentro de la también llamada fantasía científica: el ciberchamanismo, como bien acuñó el propio Barceló en su presentación a esta novela y que sería el estilo tan propio (si bien heredero de múltiples fuentes) de este autor.  El horror  cósmico de Lovecraft y su bien llamado Círculo de Cthulhu (sus colegas y amigos que lo ayudaron a definir su particular mitología a través de otros textos, usando los mismos parámetros creados por este), la sexualidad monstruosa y las criaturas larvarias de las historias de Clive Barker, las sofisticadas máquinas del ciberpunk en su formato japonés a través de manga y el anime, además de una buena parte de la imaginería esotérica y mitológica de un montón de pueblos (entre los que destacan los de tipo orientalista y sudamericanos), convergen en esta obra a través de una prosa recargada, que puede ser tanto satisfactoria para muchos, como vomitiva para otros (por ejemplo, una muy querida amiga mía, gran lectora de ciencia ficción y fantasía, Vale, fue incapaz de llegar a las 100 primeras páginas de su novela Synco).  Pues hay que ser sinceros, el Baradit que encontramos en este libro no es para cualquiera, ya que en esta ocasión quizás por un intento de ser más auténtico y sincero con su público (o tal vez menos “populista”, que lo que bien sucede con sus dos entregas de Historia Secreta de Chile), la narración se vuelve bastante barroca y para entenderla hay que ser un receptor culto, que pueda entender buena parte de los conceptos e ideas que mete entre medio del argumento.  Por otro lado, hay mucho de sugestión en la novela, de modo que uno debe imaginar las cosas más dispares, a medida que va avanzando en sus alrededor de 250 páginas.  Sin embargo si se es seguidor y/o interesado de los autores y recursos mencionados, el entretenimiento es algo garantizado y se hace ligera la lectura.

       “Ella.
        Ella clavada a una pared en el centro de un campo arado.
        Ella sabe que bajo la pared hay un elefante enterrado de pie. Ese elefante es el que evita el desplome del mundo. Un ladrido sale de los ojos de ella y la multitud huye despavorida, porque en el ladrido hay cosas que nadie quiere saber. Un pez atraviesa la escena y sabemos que en realidad todo ocurre bajo el mar.
         Ella. De pie frente a un ser muy extraño.
        – ¿Cómo te sientes? –le pregunta él de improviso–. Soy quien te rescató desde el fondo del río. Entré para ver tu estado. Intenta descansar; tu recuperación tardará un par de semanas más.
        Mariana lo miraba con asombro mientras aquello se transformaba sucesivamente en una mujer, una carta de tarot, un campo de margaritas, un caballo árabe, el cielo estrellado de esa mañana en Tlatelolco, una voluta de humo de su primer cigarro de marihuana.
        –Todo está muy raro desde que aparecieron los selknam –se dijo, mirándose a los ojos.
        Un escarabajo entró por su nariz resonando como un viejo reloj de cuerda y muchas hormigas cubriendo la córnea del cielo.”

Una edición limitada que me gustaría
tener, pero ignoro de qué tan especial es.
       La trama de esta obra en pocas palabras es la siguiente: Mariana es una mercenaria muy cotizada por las misiones a las que está dispuesta a ofrecer sus servicios, las que incluyen sus especialidades como hacker, asesina y espía.  De nacionalidad chilena, es contratada por una facción del gobierno mexicano para conseguir los secretos (bastante espantosos, por cierto) de una especie de cofradía, que desea conseguir el dominio del planeta a un nivel cósmico, pues incluye la manipulación de manera metafísica de todo lo posible.  En su camino se encuentra con inesperados aliados, quienes la ayudan a enfrentarse a cada uno de los horrores que hay en su camino. 
         Ambientada en un incierto futuro que no queda claro que tan lejano o cercano está respecto a nuestro presente, nos muestra un mundo en el que la humanidad ha conseguido superar las barreras de la manipulación de la física a través de la ciencia (con la creación de biomáquinas bastante pesadillescas), pero que además es capaz de hacer uso de los conocimientos de tipo espiritual y/o mágico, creando una tecnología mestiza con estos dos tipos de saberes.  Sin embargo como todos los personajes que pululan en estas páginas, pertenecen a una alta jerarquía o son simple carne de cañón de sus superiores, estos increíbles adelantos son presentados como algo a lo que solo pueden acceder los diversos poderes fácticos, mientras que el hombre “común y corriente” (que no hay de estos en la novela) supuestamente no tiene acceso a ellos. 
            Con respecto a lo expuesto en el párrafo anterior, queda de manifiesto que la sociedad en la que transcurre esta historia, se encuentra en un perpetuo juego de quién controla a quién y llevando a los extremos más inauditos el tema de la manipulación maquiavélica, todo lo que está a disposición para conseguir el anhelo de ser quien gane el premio mayor.  Militares, políticos y líderes religiosos no salen bien parados en esta obra, sin salvarse ninguno a la hora de ejemplificar lo peor del ser humano; de igual manera esta naturaleza mezquina, se encuentra en algunas entidades que se encuentran más allá de nuestro propio entendimiento y naturaleza mortal.  Cabe destacar que Baradit recoge la idea de la religión mezclada con la política como algo nefasto, donde tal como ha quedado demostrado a lo largo de la historia de la humanidad, buena parte de los sujetos que hacen uso de esta mezcla para sus fines, solo acceden a ello para conseguir sus propios deseos egoístas, sin importarles la manera de cómo usan la fe de quienes confían en ellos.
          Teniendo en cuenta lo ya afirmado, resalta el hecho de que el mundo en el que se desarrolla el argumento es un sitio en el cual no existe el amor, la compasión, la belleza, la amistad y todo aquello que para la gente de corazón noble es necesario para ser felices.  Esto se entiende si se toma en cuenta el tipo de personajes retorcidos que protagonizan la novela, siendo que solo entre Mariana y uno de sus compañeros, es posible hallar algo de las virtudes que se tiende a encontrar entre quienes podemos considerar como héroes o al menos individuos a los que uno pueda llegar a admirar o sentir algún tipo de identificación.  Y sin embargo pese a todo, buena parte de estos entes de ficción están tan bien delineados, que        fácilmente uno puede llegar a encontrarlos interesantes. 

Jorge Baradit (el barbón a la izquierda) haciéndole publicidad a su novela afuera de la FILSA.

              Tampoco se puede dejar de lado el detalle, de que considerando las poderosas fuerzas a las que se enfrentan los personajes son tan inconmensurables, estamos frente a una cosmogonía de características cuasi lovecrafnianas y que tras haber leído este título de manera integral, se puede encontrar la vieja idea de que el conocimiento humano es algo insignificante en cuanto a la vastedad del mismo universo; de tal modo las mezquinas luchas de poder que hay en este pequeño mundo, no son nada al compararlas con lo que en realidad hay más allá de nuestra pobre comprensión (y dominio) de la realidad.
             Un detalle que puede ser interesante en la manera de cómo está articulada esta novela, viene a ser los arcaizantes títulos a manera de resumen que anteceden a cada uno de sus capítulos.  La inclusión de este recurso estilístico va de la mano con la narrativa ornamentada que es tan del gusto de su autor.

            “De cómo el selconamo se ha apercibido de los padecimientos de la mujer Mariana y de los hechos de Pedro el ermitaño según testigos de gran veracidad.”

             Cabe destacar además que el hecho de que Mariana sea chilena y trabaje para los mexicanos, habiendo además toda una proliferación de elementos indigenistas en la narración, resalta las mismas características de una ciencia ficción latinoamericana que al parecer pretende representar Baradit (por mucho que haya negado en más de una ocasión que escribe este tipo de obras) y que para nada intenta imitar la manera de cómo autores de otras culturas (en especial anglosajones) hacen ciencia ficción; de este modo estamos hablando de una fantasía científica original y que muy bien podría dar paso a toda una nueva forma de contar historias.
             Por último, los personajes que destacan en esta recomendable novela son:

·         Mariana: La protagonista absoluta de esta obra es una mujer dura, quien ha tenido que hacerse a sí misma tras haber nacido en una de las peores circunstancias que uno podría imaginar.  Acostumbrada a usar un lenguaje grosero, es lo más cercano que aquí podemos encontrar de alguien con cierta nobleza de corazón, pese a que es una persona solitaria y de muy malas pulgas.  Su nombre de connotaciones religiosas (por la Virgen María) se entiende mejor una vez que llegamos al impactante clímax de esta historia. 

       “»–Un 11 de junio, mi padre me desencadenó para lavarme la espalda y fumigar el colchón. Algo estalló en mi interior y me abalancé sobre él entre alaridos inhumanos. Él no había notado que yo había crecido bastante, casi a la par que mi odio. Me aferré a su rostro y hundí los pulgares en sus ojos. Empezó a gritar, buscando la puerta, pero yo la había cerrado. Con el atril del suero le di un golpe seco en los testículos. Le quité el cuchillo que se ceñía en el cinturón y le abrí el estómago. Le corté las orejas, la nariz, los dedos, e introduje todo por la herida del abdomen, incluida la bolsa de suero y algunos trozos de madera. Le abrí la tráquea, le corté el pene y se lo metí por la garganta. Luego me bañé con su sangre, devoré con recogimiento sus testículos y lloré hasta perderme.
                   »Tres días dormí acurrucada junto a su cadáver. La sangre había cuajado, el olor era insoportable, pero yo seguía abrazada a él. No recuerdo muy bien, pero creo que fue uno de mis clientes habituales quien me sacó de ahí. Me vistió, me alimentó y me cuidó con mucha compasión; huí después de matarlo y esparcir sus restos por toda la calle.
       »Luego rodé de pueblo en pueblo hasta llegar a Ciudad de México. Conseguí un espacio en el subterráneo y me hice un nombre al matar pública y salvajemente al Jarocho. El pobre solo quería agarrarme una teta, y terminó con sus manos dentro del estómago. Entre el público había un hampón colombiano que se impresionó con mi acto y comenzó a protegerme a cambio de pequeños favores. A los dieciséis años me volví adicta al maíz, y desde entonces todo se vuelve difuso. Día y noche nos consumíamos en una tormenta de fuego, y en la niebla de mi inconciencia mataba a uno o dos enemigos del colombiano. Me volví adicta al odio y a la carne masculina.”

·         Günther: Joven soldado alemán, apenas un muchacho apenas por entrar a la vida adulta, quien fue muerto en el campo de batalla durante la Segunda Guerra Mundial.  Pese a su condición, en espíritu trabaja para los hombres que han contratado a Mariana, siendo su trabajo entrar en contacto con ella para poseer su cuerpo y aprovechar con esto sus conocimientos técnicos.  El diálogo entre este y la mercenaria llega a convertir la relación entre ambos en la única señal de amor presente en el libro; sin embargo no estamos hablando de un romance, sino que el ingenuo espíritu despierta en la dura mujer un inesperado lado maternal, quien incluso llega a llamarlo cariñosamente Guty.
·         Reche: Una de las dos criaturas bizarras protagonistas de este libro, a la que en la narración se le llama Selknam (en atención a una extinta tribu del sur de Chile, famosa por los bellos y raros diseños de los dioses masculinos de su mitología), de modo que el lector conocedor de esta cultura bien puede hacerse más o menos una idea del aspecto de este ser.  Reche es lejos el aliado más poderoso que tiene la protagonista, siendo capaz de desplazarse en el tiempo a gusto para intervenir en la vida de la gente.  Se supone que su deber es proteger el orden del universo, labor que este cumple de manera despiadada, sin un ápice de sentimientos.  Mariana recela de él y siente rechazo hacia una entidad tan inescrutable y rara como esta.

        “La mujer no pudo evitar sonreír. El selknam estaba ahí enfrente, pero de alguna   manera estaba también hablándole unos minutos hacia adelante en el futuro. Y también a sus espaldas, aunque su voz... parecía provenir desde la mano izquierda de Mariana.
        La mujer sacudió la cabeza y alzó la voz:
        –Y qué tengo que ver yo con todo esto.
        Pero el selknam no se encontraba hacia donde ella hablaba. De pronto vio que siempre había estado sentado en posición de loto, suspendido a veinte centímetros del suelo, y a veinte metros de distancia. No tenía boca, y junto a él se vio a ella misma durmiendo abrazada a otras dos Marianas, una de color rojo y otra de color negro. Se tomó la cabeza y cerró los ojos, pero seguía viendo la escena.”

Los selknam de la vida real.

·         Imbunche: Sin dudas el mejor personaje de toda esta obra, quien además corresponde al gran villano de la historia, quien está inspirado en un famoso monstruo de la mitología chilota (también del sur de Chile).  También conocido bajo la grafía de invunche, el ser mitológico corresponde a un hombre al cual los brujos raptaron de niño o bebé y retorcieron su cuerpo por completo para que les sirviera (debe saberse que el guionista Alan Moore usó a esta criatura en su famosa saga American Gotic, durante su etapa para los cómics de la Cosa del Pantano de DC y que luego apareció una variante suya en la serie de TV Constantine).  Pues siguiendo la idea de un sujeto monstruoso y desfigurado (acá no solo en su imagen esperpéntica, sino que también en su personalidad sádica a los niveles más extremos), se trata de un villano memorable y que anda buscando el mismo fin valioso que los patrones de la mercenaria.

Representación clásica del imbunche chilote.

       Esta obra forma parte de una trilogía compuesta además por una novela corta llamada Trinidad (2007), que es una precuela a Ygdrasil y que también tiene de protagonista a Mariana.  A este relato le sigue Lluscuma (2012), novela basada en un famoso supuesto caso de rapto extraterrestre nacional y que dentro del orden cronológico de esta trilogía también antecede a lo descrito en este post.

domingo, 18 de junio de 2017

Despidiendo al Cruzado Enmascarado.


       Nunca fuí un seguidor de la psicodélica serie de imagen real de televisión de los sesenta que se hizo de Batman, en la que un panzón Adam West interpretaba en una muy caricaturesca versión a mi superhéroe favorito…Y sin embargo, pese a ello, le tengo respeto a sus actores y en especial al impacto cultural que este programa ha conseguido aún a más de medio siglo de su estreno (de hecho, les contaré un secretito mío: uso como tema de alarma para despertarme su famoso tema característico, que tanto me gusta).
        Hace poco más de una semana, exactamente el 9 de junio, falleció a la avanzada edad de 88 años el artista detrás de este Batman más alegre, que aquel al que los más puristas del cómic estamos acostumbrados.  Con él se fue otro importante episodio del siglo XX y por todo lo que significó su labor a la hora de posesionar al Señor de la Noche dentro de la cultura popular (yo mismo conocí a este justiciero gracia a la popularidad de este show), no puedo dejar de sentir con pesar su partida y por esa razón ahora le rindo este tributo con todo mi aprecio.
         Los chillones colores, la llamativa caracterización de sus personajes (entre héroes y villanos), sus surrealistas diálogos y situaciones, fueron el sello propio de este programa que duró tres temporadas, a través de 120 episodios, una película para el cine y que tuvo hasta una serie animada con la participación de sus actores originales en las voces en inglés.  Con posterioridad en 1979 West y su compañero Burt Ward, quien interpretaba a Dick Grayson/Robin, volvieron a enfundarse sus ajustados trajes para la bizarra producción televisiva de solo dos episodios llamada como La Leyenda de los Superhéroes; una obra menor, que de seguro muchos no saben de su existencia y que mostró a una llamativa Liga de la Justicia que incluía a varios de sus más destacados miembros como Shazam, Flash, Linterna Verde, la Cazadora, Hombre Halcón y muchos más.


La maravillosa intro de la serie.

         No es mi ánimo hacer un repaso por la carrera de este fallecido actor, ni hacer un análisis del título en el que más brilló, que para eso les recomiendo mucho la hermosa entrada que mi amigo Miguel Acevedo en su blog Le dicen Poesía publicó y que pueden leer haciendo click en este enlace. Sin embargo sí les contaré de cómo personalmente este artista estuvo ligado a mi propia existencia.
          Pues volviendo a mi infancia más temprana, en la que la citada serie estuvo muy presente, puedo recordar a mi papá viéndola de manera atenta, pese a que bien decía que eran “puras fantasías”.  Y sin embargo aun así se divertía mucho con esta y con El Hombre Increíble (aquella sobre Hulk que yo tanto detestaba), además de la setentera del Hombre Araña, que a mí era la única de este tipo que me atraía (bueno, además de una que había de Shazam).  No puedo dejar de mencionar que quien si tenía mi atención en esta producción sesentera, era su más famosa Gatúbela, la encarnada por la bellísima Julie Newmar, que creo fue la responsable de que a tan temprana edad enganchara con esta antiheroína.
          Fue durante mi adolescencia que Tim Burton estrenó la cinta que le dio la consagración (si bien aún faltaba un resto para que llegaran sus verdaderas obras maestras): Batman (1989).  No la pude ver en el cine, pues en aquel tiempo los adultos alrededor mío apenas me llevaban a este tipo de eventos y me tuve que conformar con verla en VHS como un año después de su estreno.  Una vez leyendo la prensa de aquellos años me enteré de que West estaba molesto, porque no lo llamaron a él para volver a interpretar al Caballero Oscuro y para ser sinceros lo encontré tan idiota de su parte… ¿Un Batman ya decrépito me dije? Si bien mis impresiones se sostenían en la falta de verosimilitud, que sería tenerlo enfundado el famoso ya bastante mayorcito, aparte de que iría contra la intención del director de mostrar de manera seria a un Batman en la plenitud de su vida, en mi ignorancia de entonces no sabía de la existencia de esa preciosa novela gráfica que es El Regreso del Caballero de la Noche de Frank Miller (donde aparece nuestro superhéroe predilecto para nada como un jovencito).  Es así que tras leer esta obra, solo ahora puedo afirmar que si se hubiese realizado un filme de imagen real al respecto, mientras aún Adam West estaba disponible,  habría hecho algo digno.  Lo mismo habría sido genial disfrutarlo como el viejo Bruce Wayne de Batman del Futuro ¿No?
          Ya era un adulto, estudiando en la universidad para recibirme de profesor de Castellano, cuando vi varios episodios de la que es considerada como la mejor versión para la pantalla chica del Murciélago: Batman: La Serie Animada (1992-1998), que tuvo 4 temporadas y un total de 85 episodios, más 3 películas.  Pero fue ya tiempo después que por fin pude gozarla completa y emocionarme bastante con ella, al poder comprármela de manera integral en unas preciosas ediciones en DVD (con agregados incluidos).  Fue entonces que aprecié un nostálgico episodio de su primera temporada: Cuidado con el Fantasma Gris.  En esta historia Batman/Bruce Wayne, se encuentra con un superhéroe de fantasía de su infancia…y resulta que la voz a este personaje (de verdaderas connotaciones pulps, como todo un homenaje a los cómics de la Edad de Oro, de los que proviene el mismo vigilante de Ciudad Gótica) en su versión en inglés tiene la voz de West.  Pues debe saberse que aparte de haberlo elegido para este papel, que no puede ser otra cosa que un guiño cariñoso a este mismo actor, ello responde a que tras quedar encasillado el histrión por su rol como Batman, consiguió hacer una destacada carrera como actor de doblaje en varias animaciones, incluyendo las ya nombradas y en la recordada Los Superamigos de Hanna-Barbera (que yo sí seguía ávido de sus historias y que ahora encuentro demasiado ingenuas para mi gusto). 


Adam West en Batman: La Serie Animada.

          Por supuesto que tuvo intervenciones en otros cartoons, pero salvo su cómica intervención en un episodio de Los Simpsons, no he visto más de él al respecto y donde se interpretó a sí mismo (como en Bob Esponja y Padre de Familia, si bien en otros papeles).  Fue mientras que investigaba (o más bien googleaba) para este escrito, que me enteré que también contribuyó poniéndole la voz a nada menos que Thoman Wayne, el padre de Bruce, en un capítulo de otra de mis series animadas favoritas: Batman el Valiente… ¡Qué honor! ¿Verdad?
          El año pasado no más tuve dos importantes acercamientos a este actor.  Primero, disfruté mucho de su participación en el emotivo episodio Nº 200 de The Big-Bang Theory y donde una vez más hizo de él mismo, esta vez como invitado sorpresa al cumpleaños (también sorpresa) de Sheldon.  No lo voy a negar, lloré durante ese memorable momento, pues… ¿A qué ñoño no le gustaría conocer a Batman? (o mínimo a uno de los actores que lo han interpretado, bueno, salvo a Val Kilmer).  Dicho programa que tanto me gusta, pese a que algunos amigos míos han renegado de este, por considerar que ha perdido fuerza luego de tantas temporadas, lo he visto solo o con amigos, pero nunca con mi sobrinito Amilcar, quien aún está demasiado pequeño para ello; no obstante sí compartí con él y con mucho entusiasmo El Regreso de los Caballeros Cruzados, una película animada inserta dentro del estilo del show que le dio la fama a West.  Recuerdo que mi regalón me dijo “Batman se ve como viejo”, pues su estética era por completo distinta a lo que hasta ese momento había contemplado junto a mí.  Y sin embargo estuvo a mi lado hasta que terminó, riéndose casi en las mismas escenas que yo, si bien en su inocencia no comprendía los diálogos autoparódicos que hacían mofa de las ridiculeces de la serie y entre ello de la supuesta relación gay entre maestro y discípulo de la que la acusaron en su momento.  Esta producción bellamente realizada y que recomiendo mucho, tuvo a Adam West por última vez “haciendo” del personaje que lo consagró; asimismo en ella Burt Ward volvió a prestar su voz para “el Chico Maravilla”, además de que la Newmar (también octogenaria) regresó en su papel de Gatúbela.


Trailer en inglés del filme que es el último legado de West
 y en inglés para que aprecien su voz.

      El amor hacia este actor es tan grande en su país (por no mencionar en el resto del mundo), que en la ciudad de Los Ángeles se le despidió de una manera, que de seguro quedará marcada para la historia: activando la Batiseñal una noche sobre uno de sus edificios, acto rendido por la policía de tal lugar, ante la mirada atenta de un gran público.  Solo los grandes consiguen que se desvié (aunque sea por un breve momento) la rutina de siempre y sin dudas que Adam West era uno de estos mismos colosos.


Noticia con el bello momento dedicado a la memoria de Adam West.

viernes, 16 de junio de 2017

La Mujer Maravilla triunfante.


       Para quienes llevamos años amando (y no en secreto) a Wondy, como cariñosamente llamamos a la más importante superheroína de los cómics (y no solo de DC), que hicieran una película suya de imagen real era un sueño que por largo tiempo albergamos en nuestro corazón y eso que por largo tiempo se vio esta posibilidad como algo difícil de concretar.  Luego de la ya clásica serie de televisión de los setenta (1971-1975) con la espectacular Linda Carter (¡Mijita rica!), solo pudimos darnos en el gusto con sus varias versiones para los cartoons, siendo sin dudas su interpretación en la ya clásica Liga de la Justicia de Paul Dini y Bruce Timm, su mejor adaptación para los medios audiovisuales hasta el momento.  Con posterioridad se le dedicó un filme animado directo para la venta en 2009, para nada de carácter infantil y bastante admirable, por cierto  Luego gracias a otras animaciones de este estilo hechas por DC, se le rindió el espacio suficiente como para que destacara, pero nunca más como la protagonista principal (a diferencia de Batman y Superman, quienes sí han conseguido varios títulos en este estilo).  A su vez, el intento de crear un nuevo programa de imagen real en 2011, que lamentablemente quedó con un piloto que no pasó más allá de un primer montaje sin los efectos especiales, nos dejó con un amargo sabor de boca, al hacernos creer que no había confianza en darle este espacio a una superheroína en los tiempos actuales (aún podíamos recordar el bodrio que significó Birds of Prey, sobre los personajes femeninos de la Batifamilia, la Cazadora y Batichica/Oráculo y aún faltaba un resto para que la TV gringa se atreviera a hacer algo como Jessica Jones).  Y todo siguió así hasta el año pasado…
        Cuando se estaba produciendo Batman versus Superman (2016) se adelantó que saldría nada menos que Wonder Woman como coprotagonista y esto se concretó una vez que dicho filme fue estrenado.  Muchos podrían afirmar sin vacilaciones que la amazona se “robó la película” y es que pese a que su participación estuvo bajo la sombra de sus dos principales compañeros (que además daban el nombre a la cinta), una vez que Diana apareció con su precioso traje (sin dudas que muy bueno el diseño tipo armadura, que emulaba a su típico atuendo de los cómics), muchos de sus fanáticos nos convencimos de que por fin nuestro anhelo se había cumplido.  No importaba que físicamente Gal Gadot, la actriz a cargo del personaje, no calzara por completo con las ideas preconcebidas de una Wondy de carne y hueso: la Gadot había logrado seducirnos y ya éramos de ella.


          Ante el éxito de la participación de la Princesa Guerrera, en el igualmente esperado enfrentamiento cinematográfico entre el Caballero Oscuro y el Hombre de Acero, mientras además se preparaba el campo para la concreción de una película sobre la Liga de la Justicia (hoy en día a meses de debutar en las salas de todo el mundo), se dio el visto bueno para que la superheroína tuviese su filme en solitario.  Es así que este 2017, hace unas semanas no más, se estrenó Wonder Woman y con ello un gran éxito de público y crítica ha conseguido.
            A la hora de evaluar la realización de este largometraje, debe saberse que no es el primero que tiene a un personaje femenino de este tipo como protagonista principal, sino que es la segunda vez en que esto sucede, aunque en términos prácticos sí es la primera superheroína que obtiene su propia película hollywoodense.  Pues en 2005 se hizo un filme centrado en Elektra, aprovechando el éxito de Daredevil (2003), que en todo caso es más bien una antiheroína y  cuyos  resultados fueron un rotundo fracaso.  Sin embargo, como ya se dijo más arriba, el caso del filme que hoy nos reúne es por completo distinto y a ello se debe la preocupación de sus realizadores, quienes optaron por hacer una obra que en todos sus elementos fuese apreciada como un trabajo notable.
           La elección de una mujer en el cargo de directora, la respetada Patty Jenkins (quien demostró su valía con el drama basado en una asesina serial de la vida real, titulado Monster en 2003 y luego se curtió trabajando para la televisión en series como Arrested Developmen y Entourage) sin dudas que le otorga a esta cinta una dimensión que la diferencia de otras del género y que tiene que ver con su misma sensibilidad femenina, a la hora de tomar a un personaje ficticio tan importante como esta.  No estamos frente a un largometraje “feminista” de superhéroes (lo que sería una tontera, en todo caso) y no obstante sí es posible identificar en su metraje lo mejor de las connotaciones épicas de Wondy, sin caer en estereotipos sexistas; asimismo, el matriarcado de la isla de Themyscira (el hogar de las amazonas), no cae en la fantasiosa utopía lésbica, que en otras manos podría haberse representado.  De este modo, el mundo de las mujeres que aquí hayamos se hace verosímil, pese a sus aires míticos y además cuando llegamos a encontrarnos con el mundo de los hombres, se evita caer en satanismos gratuitos, sin mostrarnos el patriarcado como una sociedad corrupta per se y en contraposición con la idílica comunidad de las guerreras. 
No podía resistirme a sacarme una foto
con Wonder Woman en la Comic Con.
            No obstante en destacado desempeño de la Jenkins sería imposible en esta ocasión si no hubiese estado acompañada por una sólida historia, que en todo caso fue realizado gracias a la intervención de 4 artistas (uno de ellos el mismo Zack Snyder, quien comenzó esta serie del universo extendido de DC para el cine con Man of Steel).  Debe saberse que si bien en los créditos finales se agradece a gran parte de los guionistas que trabajaron en el cómic de esta superheroína (como George Pérez, Greg Rucka, Brian Azzarello, J.Michael Straczynski, Gail Simone, Phil Jiménez y William Messner-Loebs), esta versión pareciera tomarse de los elementos propios de la Mujer Maravilla en al menos tres de sus etapas: la más clásica y que corresponde a la de sus primeras historietas, escritas por su creador William Moulton Marston (en lo que concierne a su romance con el capitán Steve Trevor, que se inicia en pleno conflicto bélico mundial); el de su relanzamiento postcrisis perpetrado por George Pérez (gracias a la inclusión de su primer gran villano) y el de los Nuevos 52 gracias al trabajo de Azarello (por medio del verdadero origen secreto de la princesa Diana).
            Si bien el personaje femenino más destacado en esta adaptación viene a ser Wonder Woman, una fémina que engloba la perfección del ser humano en muchos sentidos, en este producto mediático está caracterizada como alguien que pese a todo no puede ser más creíble: pues su verdadero poder no radica en su supuesta inmortalidad, sino que en el valor de su propio coraje, que la hace ir más allá de sus propios límites y que le ototga una dignidad que la eleva por sobre otros aspectos suyos (como sus habilidades extraordinarias, que un ser humano no posee).
            Un detalle no menor para todo el que se jacte de sus conocimientos sobre el cine de superhéroes, viene a ser que al estar ambientada esta película en la primera mitad del siglo pasado y tratarse de los orígenes de esta justiciera, viene a ser la respuesta audiovisual de DC a lo realizado por Marvel con Capitán América: el Primer Vengador (2011).  La propuesta es la misma (pues desde los años cuarenta del siglo XX, que las dos grandes compañías se copian las ideas entre sí, a veces de manera descarada y otras como extraños homenajes y hasta parodias), si bien esta vez DC quiso parecer más original, al trasladar la trama a los años de la Primera Guerra Mundial y no de la Segunda, a diferencia del filme sobre el Capi (debe recordarse en todo caso, que las viñetas primarias de la amazona transcurren en medio de este segundo conflicto armado).  En todo caso, el resultado de este “osado experimento” les salió bien y en materia de recreación de este periodo histórico, en especial una vez exhibida la guerra en el frente de batalla.
         El segundo personaje más relevante dentro de esta historia, viene a ser nada menos que el capitán (y espía en esta versión) estadounidense Steve Trevor e interpretado por un ya famoso Chris Pine (el mismo joven capitán Kirk del reboot cinematográfico de Star Trek).  Tal como en los cómics más clásicos sobre la amazona, este sujeto toma el rol de ser el primer contacto de esta con el mundo patriarcal, ayudándole a adentrarse en una sociedad tan distinta a su hogar, pero a la vez tan parecida a la suya.  Por otro lado, se recoge en esta película el famoso romance entre ambos, que en todo caso aquí es abordado de una manera que se aleja de los convencionalismos más facilistas, para reflejar algo que no deja de conmover por la manera en que se desarrolla la relación entre ambos.  Este Steve Trevor contrasta en su enorme experiencia de hombre de mundo, a la particular inocencia de Diana y ello provoca varias situaciones interesantes, entre las que se encuentran algunas escenas cómicas de corte erótico y que aquí son llevadas a cabo con una inteligente sutileza, que pueden ser vistas sin que los más pequeños se escandalicen de ello (o  se den cuenta de su verdadero sentido).  Pero también esta oposición entre ambos personajes, representa un coraje mucho más humano, en un sujeto que como sucede en la realidad no es perfecto (a diferencia de su compañera) y que pese a sus propias debilidades, es capaz de superarse para lograr enormes cuotas de heroísmo.
          Acompañando a la pareja, se encuentra un trio de sujetos variopintos, extravagantes y entrañables.  Se trata de tres expertos en distintas áreas, un francotirador, un maestro del disfraz y un contrabandista.  Lo más interesante de estos tres individuos, es que corresponden a la idea actual de presentar un reparto multirracial y cultural, tan en boga en las ficciones de hoy en día y que sin embargo en su conformación, resultan verosímiles dentro del periodo histórico en el que transcurre todo.  Pues el primero es un turco, el segundo un escocés y el tercero un nativo norteamericano.  Cada uno representa una cosmovisión diferente, de la nueva sociedad en la que se ve inmersa la protagonista y quien aprende con ello, a darse cuenta de que la diversidad también forma parte de nuestro mundo, algo que no deja de ser valioso (pues en cierto sentido, en Themyscira casi no hay grandes diferencias entre sus habitantes).  Siendo el más espiritual y sabio de este trío el tercero de ellos, por razones de cercanía con el espectro místico, es el único (incluyendo a Trevor) en reconocer de inmediato la verdadera naturaleza de la princesa (hasta que los  hechos dejan claro, con quién en realidad están lidiando y qué fuerzas están involucradas en la guerra).
         Pese a sus más de 2 horas de duración, la película se disfruta de principio a fin, estando llena de emociones; entre ello lo sublime no deja de estar presente y ello corre tanto por parte de Diana, como de sus nuevos camaradas.  El espectáculo se completa con la majestuosa banda sonora a cargo de Rupert Gregson-Williams, quien hizo un trabajo musical que lejos supera a la de las dos cintas predecesoras de esta (Batman versus Superman y El Escuadrón Suicida).


Trailer Nº 1.

domingo, 11 de junio de 2017

Antes de Watchmen. Sexta parte: Dr. Manhattan.


6.1. El Dibujante.

      Adam Hughes (Estados Unidos, 1967) es un dibujante con un estilo preciosista y minucioso, que se podría catalogar como perfeccionista y que bien nos puede recordar al de J. G. Jones, de quien ya me referí en mi post sobre El Comediante (sin embargo las mujeres de Hughes, lejos resultan ser mucho más despampanantes y hermosas que las de su colega).   Pese a tan connotadas virtudes, que lo han hecho estar entre los artistas más respetados y solicitados de su rubro (o más bien quizás debido a ello), desde  finales del siglo pasado se ha dedicado más al trabajo de portadista, que de caricaturista; es así que podemos encontrar sus bellísimas ilustraciones para las series regulares de las dos féminas más importantes de DC: Wonder Woman y Catwoman, en las que estuvo 5 y 4 años respectivamente, creando verdaderas imágenes hoy consideradas entre la iconografía más importante de estas dos.
Autoretrato de Adam Hughes.
       Marcado desde su infancia por el arte de Jack Kirby y de John Byrne, como muchos de sus colegas se sintió a temprana edad impulsado a hacer sus propios dibujos, gracias a tantos cómics que leía y coleccionaba (su condición de ser hijo único hizo, según sus propias declaraciones, que se sintiera acompañado por sus historias y personajes). 
        Fue a finales de los ochenta, cuando casi por casualidad al comienzo de su carrera profesional, fue contratado por DC para realizar el apartado gráfico de todo un clásico de los cómics superheroicos: Liga de la Justicia Internacional, lejos una de las mejores etapas de este importante equipo, que gracias a los divertidísimos guiones de Keith Giffen y J. M. DeMatteis, se ha convertido en una de las favoritas de muchos (incluyéndome).
        El resto de su labor a cargo de los lápices de “interiores” como se le llama, ha sido al alero mayormente para DC, si bien haciendo páginas sueltas o historias cortas (one-shots o miniseries).  Dark Horse, Image, Wildstorm y, por supuesto, Marvel han contado con unos pocos aportes suyos, aunque significativos, entre otros estudios.  En el sello Vertigo de DC también posee unos cuantos trabajos destacados.
         También ha incursionado como escritor de guiones, afirmando que tiene facilidad para crear los diálogos de sus historietas, encontrándose en este apartado un recordado guión que realizó para el crossover de Superman y Gen13 (una recordada serie de los noventa del sello Wildtstorm, creado por Jim Lee, primero al alero de Image Comics y que luego pasó a ser editado por DC, hasta incorporarse a su multiverso gracias al reseteo que significaron los Nuevos 52).
         La miniserie de Antes de Watchmen: Dr. Manhattan, escrita nada menos que por Michael Straczynski, vino a ser su regreso magistral como dibujante de una obra completa, aunque como dice el dicho “Una golondrina no hace verano”; pues luego de esta labor que ya posee más de 5 años, apenas se le ha vuelto a ver realizando labores de este tipo.  No obstante nos quedan sus numerosas portadas, que le han concedido premios tan relevantes como el Eisner en 2003.

¡Yo quiero tener esta colección completa! (y la de su serie hermana: Liga de la Justicia de Europa).

6.2.  El Cómic.

          En solo 4 números Straczynski y Hughes profundizan en la mente de un personaje tan complejo (e “inhumano”) como el Dr. Manhattan.  Debe saberse al respecto, que el escritor en esta ocasión saca a relucir su faceta más seria o críptica, ya que su guión se aleja de la aventura y el humor, que hicieron de su participación en la miniserie sobre Búho Nocturno algo mucho más fácil de leer y divertido.  Me atrevo incluso a decir que de todos los especiales que comprenden estas precuelas, de la obra maestra de Moore y Gibbons, la presente fue la que menos me satisfizo (que mala no es, solo que me parece demasiado lenta y/o “contemplativa”).
          Dentro de lo dicho en el párrafo anterior, la primera portada realizada por Hughes promete algo que lamentablemente no se cumple en esta historieta: la participación como coprotagonista de Espectro de Seda, la segunda pareja conocida de este superhombre/dios.  Pues siguiendo los lineamientos del cómic original, el escritor optó por utilizar el estilo en tono de memorias por parte del Dr. Manhattan, quien comienza a hacer un repaso a su vida, esta vez desde su infancia.  Las remembranzas van saltando desde un periodo a otro, desde eventos ya mostrados en Watchmen, hasta acabar de manera sorpresiva (y única vez en esta serie de novelas gráficas) tiempo después de lo narrado en el título de los ochenta.  En este sentido más que ser una verdadera precuela, esta novela gráfica transcurre en paralelo a los hechos del título primigenio, ya que parte todo desde un momento clave del mismo Watchmen.
          Un ser tan poderoso y hasta omnipotente como este superhéroe (que no perfecto, sino que todo un dubitativo existencialista), se plantea varias cosas a lo largo de las páginas que comprenden esta historieta, ya sea su propia razón de ser, como sus acciones y las de sus mismos compañeros.  Debido justamente a su condición de criatura única, que sin dudas está por sobre el resto de quienes los rodean (pues en la práctica es un inmortal y ha dejado de ser un humano), a través de su persona nos encontramos con el tema de la soledad de los poderosos o de los sujetos que por una u otra razón se encuentran apartados del resto de la sociedad.  A diferencia de individuos como el Comediante y Ozymandias, quien en el primer caso, con su psicopatía carece en gran parte de la capacidad de mantener relaciones interpersonales sólidas y en el segundo caso, por sus aires de mesianismo se cree superior, el Dr. Manhattan ha llegado por accidente a estar apartado de los demás. 
          Tal como lo muestran los artistas detrás de la obra, esta deidad en la Tierra apenas es capaz de comprenderse así mismo, razón por la cual está en plena búsqueda de su papel en los acontecimientos y por ello mientras no sepa la respuesta, tampoco será capaz de convivir en plenitud con otros seres pensantes.  Dentro de todo esto, la miniserie resulta ser una interesante manera de adentrarse en la mente de alguien, que ya no piensa como nosotros y por eso mismo tal como queda demostrado en sus viñetas, el espacio-tiempo, las dimensiones en sí, funcionan de una manera por completo distinto en su circunstancia.
           Resulta atractivo que con todo el potencial que posee alguien como este ser, el cómic se adentra en algunos recursos narrativos caros a la ciencia ficción y en especial este arte gráfico: las realidades alternativas y la modificación de la supuesta línea temporal original, para originar una nueva y debido a una intervención en el curso normal de los hechos.  Ello, puesto que acá el Dr. Manhattan en un momento llega a intervenir en todo esto, en lo que podemos ver el deseo de conseguir la felicidad y/o la plenitud, que incluso él mismo pretende lograr; no obstante luego en un acto de heroísmo, renuncia a lo anterior cuando se ha dado cuenta de que lo hecho, causa efectos apocalípticos para todo el mundo.
           El detalle de la herencia judía del Dr. Manhattan, quien, como nos demuestra esta historieta, sufrió como buena parte de su pueblo los abusos del régimen nazi, viene a ser un detalle digno en el que detenerse: pues considerando lo que significó la Segunda Guerra Mundial, en la que se llevó a cabo por parte de los gringos los genocidios de Hiroshima y Nagasaki en Japón, por medio de sendas bombas atómicas, viene a ser un judío (emigrante en tierras estadounidenses más encima) quien se convierte en el avatar de todo este inmenso poderío nuclear.  ¿Un antiguo oprimido que se vuelve alguien extraordinario y a tal nivel en este tipo de historietas? Ese ya es un leiv motiv en los cómics superheroicos, como bien pasa con la figura de Spider-Man (quien pasaba bullying en el colegio antes de convertirse en nuestro Amistoso Vecino) y Luke Cage (el cual pasó por los típicos abusos racistas, por ser afroamericano, previamente a volverse Power Man), entre otros.
           Pese a la decepción que uno se puede llevar respecto a la ausencia de Espectro de Seda, al menos como secundaria en sus acontecimientos, sí participan otros de los emblemáticos Watchmen.  Es así que destaca el ya mencionado Ozymandias, quien tan relevante resulta en el clímax del cómic que originó todo esto (y en especial en su relación con el propio Dr. Manhattan) y que los autores de esta miniserie rescatan para profundizar en ello. 
Una de las preciosas viñetas de Hughes para este cómic,
 que sin dudas llegan a ser varias de ellas surrealistas.

miércoles, 7 de junio de 2017

Volver a leer a Pedro Lemebel.

      Desde la fatídica fecha en que lo despedimos de este mundo, en enero de 2015, que no leía a Pedro Lemebel.  Fue así que a manera de homenaje personal a este valioso artista nacional, sui generis y ave raris dentro de nuestra letras, repasé su colección de crónicas La Esquina es mi Corazón.  Y ahora en el presente por fin me he reencontrado con él, tras dedicarle el tiempo a otra de sus obras del mismo estilo (en su mayoría), en este caso Adiós mariquita linda (2004) y, tras terminarlo hace un par de semanas, ahora recién puedo compartir mis impresiones al respecto.
       Esta recopilación de sus textos híbridos entre las memorias, la narración periodística y el lenguaje más lírico y también visceral (o coprolálico), resulta ser bastante particular al comparársele con el resto de sus libros.  Pues por un lado incluye un (más o menos) extenso texto narrativo, a manera de intento suyo de novela (autobiográfica en todo caso, como buena parte de su prosa), también incluye una cuantas cartas de su autoría a diferentes destinatarios y hasta agrega unas algunas fotos (unas más artísticas que otras) de diferentes periodos de su vida.
        El lector que ya conoce su estilo, leivs motivs, temáticas y obsesiones, que convierten a la literatura de Pedro en la voz representativa de todos esos personajes de la vida real y que al menos en Chile hasta antes de él, apenas habían tenido oportunidad de hallar un sitio en nuestras letras, no deja de encontrarse con sus travestis, jóvenes prostitutos y marginados de bajo estrato social.  Lemebel se identifica con todos estos seres reales, pues los conoció en profundidad, compartió con ellos y en lo que concierne a sus propias experiencias, pasó por varias de sus mismas vivencias.
         Por lo tanto tras haberle leído con antelación y elegir mi continuar en la profundización de su pluma (que en materia de homosexualidad este concepto- pluma – pareciera un juego de palabras), no tenía razones para impresionar con el estilo “sin pelos en la lengua” de este escritor.  Y sin embargo tal repaso por tal volumen, me hizo recordar algo que ya me había sucedido con el texto anterior: que por mucho que lo admire y me guste su escritura, tanto “Lemebel” me cansa, pues estamos hablando de alguien con quien difícilmente comparto muchos intereses ¿Será acaso que su parecido con el proselitismo por su  estilo de vida, hasta cierto punto distinto al mío, me provoca anticuerpos? No hay que olvidar de que estamos hablando de una existencia muchas veces al borde del frenesí, algo que no es difícil considerarlo como autodestructivo.  Su gusto por los muchachos jóvenes callejeros, por el alcohol y la marihuana en exceso (que muchas veces consumía como antesala a otros placeres), además de su defensa de la misma marginalidad, bien choca con mi propia manera de ser.  No soy un santo y poseo mis propios vicios e historias propias, que me reservo como mucha gente, empero aún así veo a alguien como Pedro y me encuentro con una persona que en puntos claves me distancia de él…Y sin embargo escojo dejar de lado estas diferencias y valorar en él su valentía y convicciones, que hay que tener cojones para tantas cosas que hizo.
          Siendo un connotado maestro de la lengua (¿otro juego de palabras?) castellana, puede llamar la atención que el autor haya optado por titular este libro sin hacer uso de la coma (,) antes del vocativo (o sea, haber escrito “correctamente” Adiós, mariquita linda).  No obstante todo esto se puede entender como otro intento suyo transgresor, de hacer uso de la lengua más vernácula del castellano de Chile, el de los grafitis, de la juventud y aquel de los con escasa o nula educación, que pululan en estas páginas.  No obstante también debe saberse que Lemebel, le dedicó esta selección de sus trabajos a un/a queridísim@ amig@ suya, a quien le hizo una sentida despedida aquí incluida y un/a más de esas víctimas del VIH, en tiempos en los que tanta gente maravillosa moría por este triste flagelo.  Sin embargo, también el nombre elegido para esta obra corresponde a la de un viejo bolero de los años cuarenta, que para los gustos románticos, romanticones o kitsch de Pedro, calzaba justo (y ahora sí que estoy refiriéndome sin dudas a un juego de palabras) en su nombre con la identidad homosexual de este.
            En general los textos que comprenden este volumen no pasan de las 5 páginas, en los que abundan las descripciones homoeróticas y el garabateo, pero también un profundo lirismo que convive con todo esto, pues la lengua como idioma no deja de perder su belleza en el lenguaje coloquial y callejero que rescata Lemebel.  Como en la vida real, de la que se nutren estas letras, hay momentos para la propaganda política (Pedro era un destacado comunista), la crítica social, la sexualidad (que la verdad abarca bastante de este tomo), el humor y la sublimidad.  No todo el mundo podría llegar a apreciar la calidad estética de todo esto y más, que hasta para algunos de los que se consideran más tolerantes, puede resultar demasiado para sus preferencias (como me reconoció  un querido colega también comunista); yo mismo debo “dosificar” mis lecturas suyas, para no terminar por agobiarme de ese mundo que me parece tan lejos y a la vez tan cerca al mío. 
            Por esta vez no me referiré a crónica por crónica o texto por texto, si no que he decidido comentar de manera somera esta obra en general, para no caer en lo mismo de siempre y hacer más ágil la escritura y la lectura de esta entrada.  El libro está dividido según ciertos parámetros, que atienden a varios aspectos en la vida de Pedro Lemebel:

·         Pájaros que besan: Compuesto por 5 crónicas basadas en las aventuras amorosas de un ya maduro Lemebel, con distintos jóvenes, para los cuales hay un diferente capítulo y donde resalta como nunca la dimensión más sexual del artista.  Frente a la clara atracción homoerótica más animal, igual podemos hallar acá un lado más emotivo y hasta de romance maldito, condenado en su fugacidad y por la cualidad dispar de los amantes.
·         Matancero errar: Por medio de este apartado asistimos a 6 viajes de Lemebel, ya convertido en un escritor consagrado a través de nuestro país, destinos por medio de los cuales el cronista retrata tanto la belleza de esta tierra y la de su gente, así como expone las huellas aún sin borrar de lo peor de nuestro pasado inmediato como pueblo (la dictadura de Pinochet en el impactante texto Volando en el ala derecha).
·         Todo azul tiene un color: Su homenaje a Cuba, que comenzó la verdad en el último de los escritos agregados al apartado anterior, a través de una visita suya a esta isla.  Lemebel no escatima en elogios para referirse a tal lugar y a su gente, donde fue invitado a participar de un importante evento cultural, en el cual se sintió a gusto.  Sin embargo todo el carácter elegiaco de las 3 primeras crónicas, que forman parte de esta “tetralogía”, se contradice con lo que nos cuenta en El fugado de La Habana; en dicho texto nos cuenta sobre un amor imposible suyo, con un infectado de VIH y que nos revela la horrible existencia de sidarios en tal nación, donde mantienen obligados a sus pacientes a mantenerse lejos del resto de la comunidad…En otras palabras, el supuesto Paraíso que defiende tanto el autor no es tan Paraíso que digamos, si el derecho a la libertad está condicionado de esta manera.
·         A flor de boca: Siendo más exacto en el plano literario, los 3 textos que forman parte de esta sección son más bien ensayos que crónicas y a través de las cuales descubrimos al Lemebel más culto y poético.  En ellos aprovecha de sacar a colación nuestra identidad como latinoamericanos de habla hispana, mestizos y con una fuerte herencia indígena.  Los textos que aquí se agregan no dejan de ser además una demostración de su pensamiento político, que intentó abogar por la defensa de los derechos de los pueblos originarios de esta zona del mundo.
·         Chalaco amor (sinopsis de novela): Tal como dice su subtítulo a manera de explicación, se trata del escrito más “literario” que periodístico, de los que uno puede encontrar en este libro y en buena parte de la bibliografía de Lemebel.  No obstante tampoco se aleja de sus acostumbrados tintes autobiográficos, puesto que corresponde a la narración acerca de sus aventuras (amorosas) en Perú, durante su juventud a principios de los años ochenta.  El biotipo de hombre por el cual se sentía atraído Lemebel, queda más claro que nunca en este episodio novelístico suyo de sus años mozos.
·         Bésame otra vez, forastero: 4 cartas reales fechadas en distintos años de los noventa, breves, aunque cargadas de gran sensibilidad y nostalgia por parte de Pedro a otros 4 de sus jóvenes amantes y a los que no quepa duda de que llegó a amar.
·         Adiós, mariquita linda (resumidero): En la última parte de esta colección el escritor agrega la “dichosa” coma del vocativo, al que me referí más arriba y lo que deja constancia de su propósito tanto rupturista lingüísticamente hablando, como de homenaje a esas canciones que tanto le gustaban.  Acá hayamos 10 textos centrados en la homosexualidad citadina actual, de esta zona del mundo, en varias de sus facetas, desde lo más anecdótico y gracioso (Noche payasa y Un poquito de pintura para Bosé) a la misma crudeza de lo más marginal al respecto (Noche coyote y Ojeras de trasnochado mirar), entre otros interesantes aspectos a la luz de la mirada clínica del autor.  
Hermoso homenaje póstumo a Lemebel y basado en su propia iconografía personal.
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